Rodeada por árboles milenarios en el valle de Iguña, esta edificación del siglo X se presenta como un testimonio silencioso del arte mozárabe en Cantabria
- El monumento poco valorado que se debe visitar en Cantabria este invierno: la fortaleza medieval conocida como la ‘leona de Castilla’
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Declarada Bien de Interés Cultural en 1931, la ermita de San Román de Moroso, uno de los ejemplos más destacados del arte mozárabe en Cantabria, se encuentra oculta entre la densa vegetación de los montes de Bostronizo, en Arenas de Iguña. Su emplazamiento, rodeado de robles centenarios y junto a un arroyo silencioso, la convierte en uno de los templos medievales más aislados de España.
A primera vista, podría parecer una ruina abandonada por el paso del tiempo. Sin embargo, esto dista mucho de la realidad. La ermita de San Román de Moroso ha perdurado por más de mil años como un testigo de la espiritualidad y la arquitectura de la repoblación. Su historia, tan fascinante como el entorno donde se ubica, ha estado vinculada a personajes como la reina doña Urraca y al monasterio de Santo Domingo de Silos, al cual fue donada en 1119.
Una iglesia mozárabe del siglo X en plena naturaleza
La construcción es modesta en tamaño —doce metros de largo por seis de ancho— pero relevante por su importancia histórica. Probablemente levantada en el siglo X, consta de una nave rectangular única cubierta por una estructura de madera y un ábside cuadrangular orientado al este. El acceso se realiza mediante una puerta en el muro norte, compuesta por un arco de herradura sin columnas, cuyo diseño responde posiblemente a la topografía irregular del lugar.
La ornamentación exterior se concentra en los modillones del alero, esculpidos con motivos florales, geométricos y esvásticas, que representan figuras profanas cristianizadas por los visigodos y adoptadas posteriormente por los mozárabes. En el ábside, una pequeña ventana en forma de cerradura aparece enmarcada por una cruz patada, aportando un elemento simbólico al conjunto. La espadaña que corona el hastial corresponde a una época posterior.
Testimonio arqueológico del pasado altomedieval
Al norte de la ermita se excavó una necrópolis altomedieval donde se encontraron tumbas de lajas, sarcófagos y fragmentos de cerámica litúrgica, incluyendo una jarra de bronce visigótica que se conserva en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Dentro del templo se exhiben objetos recuperados durante estas excavaciones, como un fuste de columna y un capitel decorado con palmetas y arcos de herradura invertidos, que permiten reconstruir parte de la historia espiritual y artística del lugar.
Aunque frecuentemente se compara con Santa María de Lebeña, San Román de Moroso sobresale por su singularidad. Mientras la iglesia lebaniega presenta una estructura compleja, esta ermita cántabra es más austera, aunque no menos relevante. Su carácter aislado, su vinculación con el arte de repoblación oriental y su cuidada sillería la convierten en una pieza clave para comprender el arte mozárabe en la cornisa cantábrica.
Cómo llegar hasta este rincón único de Cantabria
Para alcanzar este lugar, es necesario salir desde Torrelavega por la Autovía de la Meseta y tomar la salida hacia Arenas de Iguña. Desde allí, el trayecto continúa por Raicedo y después hacia Bostronizo, siguiendo una pista forestal hasta encontrar una señal que indica la presencia de este monumento mozárabe. Durante el verano, la ermita está abierta al público; el resto del año es preciso contactar con el Ayuntamiento de Arenas de Iguña.
A pesar de su apariencia modesta y su ubicación aislada, la ermita de San Román de Moroso representa uno de los ejemplos más importantes del patrimonio altomedieval del norte de España. Su conservación, en medio de un entorno prácticamente intacto, permite al visitante no solo apreciar un vestigio único del arte mozárabe, sino también sumergirse en un paisaje natural y espiritual que se ha mantenido casi sin cambios durante más de mil años.
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Declarada Bien de Interés Cultural en 1931, la ermita de San Román de Moroso, uno de los ejemplos más destacados del arte mozárabe en Cantabria, se encuentra oculta entre la densa vegetación de los montes de Bostronizo, en Arenas de Iguña. Su emplazamiento, rodeado de robles centenarios y junto a un arroyo silencioso, la convierte en uno de los templos medievales más aislados de España.

