Esta fortaleza se ha transformado en una de las visitas más recomendadas para quienes desean comprender la riqueza medieval que aún perdura en el corazón de España
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España figura entre los países europeos con mayor patrimonio cultural, y su historia se descubre en parte gracias a las fortalezas que permanecen en pie. Desde los torreones que se elevan en los valles pirenaicos hasta las enormes murallas que vigilan mesetas y llanuras, los castillos españoles permiten recorrer ocho siglos de conquistas, alianzas, coronas y resistencias. Muchos de ellos se conservan en un estado notable, y dentro de este grupo destaca una fortaleza del siglo XII que se ha convertido en destino obligatorio para quienes aprecian el patrimonio y la historia medieval.
Se trata del castillo de la Atalaya, conocido también como castillo de Villena, una obra defensiva construida sobre una estribación del monte de San Cristóbal. Desde su cima domina la localidad alicantina de Villena y un histórico territorio fronterizo que, durante siglos, definió los límites entre los reinos de Castilla y Aragón. Su perfil, visible desde varios kilómetros alrededor, refleja la relevancia estratégica de esta colina, que durante generaciones fue un punto clave de control militar y administrativo.
Su construcción data de finales del siglo XII, cuando el Imperio Almohade levantó una fortaleza sólida destinada a proteger a la población musulmana de la región. De esa etapa inicial permanecen elementos tan singulares como la muralla interior y los dos primeros pisos de la torre del homenaje. Estas plantas se distinguen por sus impresionantes bóvedas, una característica excepcional en la arquitectura militar española, presente únicamente en esta fortaleza y en el castillo de Biar.
A partir del siglo XIII, la historia del castillo de la Atalaya tomó un rumbo especialmente activo. En 1240 fue conquistado por Jaime I, y luego tras el tratado de Almizra, el territorio pasó a manos del Señorío de Villena. En ese periodo destaca la figura de Don Juan Manuel, uno de los escritores más relevantes de la literatura medieval española y autor de El Conde Lucanor, quien ejerció como Príncipe de Villena en el siglo XIV. Su segunda esposa, la infanta Doña Constanza de Aragón, habitó el castillo durante un tiempo, lo que motivó las primeras reformas orientadas a mejorar la habitabilidad de la fortaleza.
En el siglo XV, los Pacheco, Marqueses de Villena, tomaron el control del castillo y realizaron nuevas ampliaciones. Añadieron dos pisos más a la torre del homenaje y erigieron la segunda muralla exterior, otorgando al conjunto una presencia imponente que todavía sorprende a los visitantes. En 1476, los Reyes Católicos protagonizaron un asedio particularmente duro contra los Pacheco. De ese evento permanecen proyectiles que aún pueden observarse en el patio de armas, testigos mudos de uno de los episodios más tensos de la época.
El castillo, declarado Bien de Interés Cultural, fue también reconocido en 1931 como Monumento histórico-artístico integrante del Tesoro Artístico Nacional. Desde hace décadas se posiciona entre los espacios patrimoniales más visitados de Alicante y constituye un destino ideal para una escapada cultural. Su estado de conservación es excelente, permitiendo recorrer distintos niveles, patios y murallas que conservan íntegro su carácter medieval.
Los visitantes deben considerar sus horarios: abre por las mañanas de martes a domingo y en festivos, de 10:00 a 14:00, con entrada libre y visitas guiadas previa reserva a las 10:30, 11:30 y 12:30. Por las tardes, se puede visitar de martes a sábado de 16:00 a 18:00, también con opción de tour guiado a las 16:30. Permanece cerrado los lunes, las tardes de domingos y festivos, así como en días señalados como el 24 y 31 de diciembre o el 5 de enero, entre otras fechas festivas.
Caminar por sus murallas y asomarse a las terrazas superiores convierte la visita en un viaje directo a la Edad Media. El castillo de la Atalaya no solo está entre los mejor conservados del siglo XII, sino que representa un ejemplo destacado de cómo el patrimonio sigue dando vida a la historia y ofrece a quienes lo visitan experiencias que perduran mucho después de volver a casa.
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