El líder de los investigadores expondrá las evidencias contra el ex ministro, su antiguo asesor y el empresario señalado como presunto ‘conseguidor’ de la red

Después de los casos de nepotismo, las curiosas novias/queridas, los ex directivos del PSOE que desconocen cómo se administra el dinero del partido y demás espectáculo, la nebulosa de fuegos artificiales se disipará hoy en el juicio del caso Mascarillas, en el Tribunal Supremo, cuando testifique el teniente coronel Antonio Balas, y todo se aclare para los acusados: el ex ministro José Luis Ábalos, su hombre de confianza Koldo García, y el empresario Víctor de Aldama.
Como se sabe, Balas, un hombre directo y firme, similar al estilo habitual de un guardia civil, ha liderado desde la Unidad Central Operativa de la Benemérita, la renombrada UCO, las investigaciones más sensibles y potencialmente explosivas que afectan al actual Ejecutivo. Su labor ha sido tan precisa que quedó inmortalizada, de una manera tan memorable que podría añadirse a sus propias condecoraciones, en la célebre frase de la fontanera Leire Díez, dirigida al empresario fugado Alejandro Hamlyn, otro implicado: «Dame a Balas».
Porque Balas, cuyo apellido es completamente auténtico, ha coordinado, por ejemplo, los cinco informes de la UCO que sostienen finalmente el caso Mascarillas, que representa solo uno de los casos iniciales dentro del conjunto de presunta corrupción vinculado a los dos últimos colaboradores cercanos de Pedro Sánchez: Ábalos y Cerdán.
Aldama figura en los informes como el «nexo corruptor» y «organizador» de la red, y ha reconocido su culpabilidad por cohecho, organización criminal y uso de información privilegiada. Ha admitido, presionado por los documentos de la UCO, que «gracias a sus vínculos con Ábalos y Koldo» facturó «en comisiones hasta 6.676.046 euros», y «planeaba abonar a ambos dos millones y 500.000 euros, respectivamente». Los agentes de Balas también documentaron que Aldama pagaba a Koldo García, ex portero de un prostíbulo y ex concejal del PSOE en Navarra, una mensualidad de 10.000 euros para mantenerlo favorecido y obtener contraprestaciones dentro de la Administración -y al guardia civil Rubén Villalba 2.000 euros para asegurar el operativo-.

Desde 2019, Aldama abonó a Koldo para obtener «favores», y «los pagos continuaron incluso después de que Ábalos y su asesor dejaran el Ministerio». Así, «Koldo terminó asumiendo cómo propios los intereses de Aldama en distintos negocios». La tarifa fija de 10.000 euros mensuales «no estaba ligada a actuaciones específicas», sino que comprendía «acceso directo al ministro, lo que aseguraba la capacidad de gestión» de Aldama dentro de Transportes —tradicionalmente el Ministerio con mayor presupuesto—, y también «la garantía de su influencia para obtener ganancias personales».
Por ejemplo, en la venta de mascarillas a Canarias —donde la red vendió equipos por valor de 10 millones de euros en contra del criterio técnico— Aldama «solicitó a Koldo asistencia en todos los detalles derivados de la compra urgente de material sanitario, con pagos realizados por Soluciones de Gestión», la empresa para la que intermediaba, propiedad de Juan Carlos Cueto —otro conocido en la Audiencia Nacional, investigado en el caso Defex—.
Koldo era, como ya se sabe, el hombre multifunción dentro del Gobierno de Pedro Sánchez, la herramienta perfecta para introducirse en los ministerios. Lo que Aldama alcanzaba en el sector empresarial, acercándose a Javier Hidalgo, ex CEO de Globalia, o a Cueto, con larga trayectoria en contratos con la Administración, y a Claudio Rivas, propietario de Villafuel y presunto autor intelectual del caso Hidrocarburos, Koldo lo conseguía en los altos cargos del PSOE.
No dudó en comunicarse con Ángel Víctor Torres, hoy ministro y entonces presidente de Canarias, para pedirle que Aldama recibiera uno de los contratos de la Administración isleña, bajo amenaza de que el conseguidor se «pegara un tiro»: «Por dios, si lo logras me dejo violar por ti». Torres respondió: «Te resolveré este asunto sí o sí». La UCO documentó asimismo con precisión otro episodio clave del caso Mascarillas: la reunión entre los tres acusados, Torres y otro socio de Aldama en el restaurante madrileño Jai Alai el 15 de julio de 2020. Un encuentro en el que se encontraba también Ábalos, quien residía cerca y era considerado por Torres como una posible puerta para acceder al Gobierno central.
Tras resolver el problema, Koldo le escribió a Torres ofreciéndose para lo que le «saliera de los cojones», una muestra más de las habituales expresiones coloquiales del personaje.
En realidad, como se ha informado, Koldo, junto a su hermano Joseba y su ex esposa, Patricia Uriz —con quien el acusado ha intentado en los últimos años retomar la relación—, actuaron durante mucho tiempo como intermediarios de Ábalos, e incluso como testaferros del ex ministro, llegando a cubrir la pensión de algunos de sus hijos, mientras que al mismo tiempo el conseguidor se protegía grabando prácticamente todas sus acciones. Estos registros se han convertido en una mina para la UCO.

Ábalos supo más adelante que Koldo grababa y almacenaba todo. Aldama reconoció que nunca sospechó que se realizara esto. Uno de los discos duros incautados por la Guardia Civil en la residencia de García, que los agentes tuvieron que descifrar con gran esfuerzo, resultó ser una fuente que superaba ampliamente el caso de las mascarillas durante la pandemia, denominado en la UCO como operación Delorme: allí se encontraron indicios de manipulación en decenas de contratos públicos y de la implicación de Santos Cerdán. Koldo afirmó que sabía que lo vigilaban desde hacía meses, y durante ese período se grabó con altos cargos del PSOE para demostrar la cantidad de «personas» a las que había «ayudado», como él solía expresarse —y Ábalos le respondía, en un diálogo de corte claramente tarantiniano: «No somos Papá Noel»—.
Ábalos era el punto de convergencia, el mar donde desembocaban todos los ríos, pues ostentaba el mayor poder del grupo, y hasta su abrupta salida del Gobierno y del liderazgo del PSOE en julio de 2021, fue la mano derecha de Pedro Sánchez.
«Koldo era Ábalos», han declarado en múltiples ocasiones fuentes ante la Guardia Civil. La prueba definitiva jamás se ha encontrado en manos del ex ministro, pero sí todo lo demás. Esto es lo que Balas expondrá minuciosamente hoy ante el Supremo.

