Cinco gráficos que explican la presencia de médicos sin especialidad en la sanidad pública y su situación en cada CCAA

Con el inicio esta semana de una nueva huelga médica, emerge otra fractura en el sistema: la normalización de médicos sin MIR cubriendo plazas en la mayoría de comunidades autónomas de España

Foto: Hospital San Juan de Dios de Martorell. (Ayuntamiento de San Lorenzo de Hortóns) EC EXCLUSIVO

A comienzos de este año, tres hospitales de Cataluña fueron objeto de inspección tras denuncias por emplear médicos sin especialidad para cubrir plazas asistenciales. Los centros –San Juan de Dios de Martorell, Comarcal del Alto Penedés y Sant Camil– recibieron señalamientos desde Inspección de Trabajo debido a una práctica que se está generalizando.

La situación en Cataluña no es un caso aislado. En las últimas semanas se han detectado múltiples ejemplos en diversas regiones que apuntan en la misma dirección. En Aragón, los sindicatos han reportado que esta modalidad se ha vuelto frecuente en atención primaria y en urgencias, sobre todo en zonas rurales. Por su parte, en la Comunidad Valenciana se han registrado casos donde médicos sin MIR –sin formación homologada equivalente– emiten informes como si fueran especialistas, lo cual, según ellos, compromete los principios básicos de seguridad asistencial.

La problemática ha sido reconocida por varias administraciones y plasmada en informes sectoriales. Comunidades como Navarra e Islas Baleares también han recurrido a estos profesionales para cubrir vacantes debido a la escasez de especialistas disponibles. En todos los casos, el patrón se repite: plazas sin cubrir, especialmente en atención primaria, urgencias y áreas rurales, que terminan siendo ocupadas por médicos sin la titulación de especialista.

En este contexto nacional, y con la nueva semana de huelga médica comenzando este lunes, El Confidencial se ha puesto en contacto con los principales sindicatos médicos de cada una de las comunidades autónomas –y las dos ciudades autónomas– para comprender la dimensión real del problema. La información obtenida confirma que no se trata de situaciones aisladas, sino de una práctica generalizada en el sistema sanitario público español.

Con las respuestas recopiladas, se verifica la presencia de médicos sin especialidad en la mayoría de territorios. Galicia responde con un “sí contundente”, principalmente en atención primaria; Asturias, Extremadura y Canarias también lo corroboran sin reservas; y en Castilla y León reconocen que sucede. En Navarra, el sindicato calcula que hay más de 30 profesionales en esta situación; en Aragón mencionan alrededor de 150 en primaria; en Baleares, entre 180 y 200; y en Castilla-La Mancha denuncian que existen “más de doscientos”. Solo Cantabria y País Vasco declaran no tener constancia de esta modalidad de contratación.

La explicación común en todos estos casos es semejante. Ante la incapacidad de cubrir ciertas plazas, especialmente en zonas de difícil acceso o en periodos de alta demanda, las administraciones optan por incorporar médicos sin MIR antes que dejar los puestos vacantes.

De medida excepcional a práctica común

Esta situación tiene su origen en la pandemia, según explica a este medio el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Tomás Cobo. El portavoz de los médicos detalla que durante esos meses se aprobó un real decreto que autorizaba de forma excepcional la contratación de médicos sin especialidad para reforzar el sistema sanitario ante la crisis.

“Esto surgió porque durante la pandemia hubo un real decreto que lo permitió por la necesidad de recursos sanitarios”, comenta. Aquella regulación fue temporal, pero su vigencia se ha extendido en el tiempo. “En las zonas de difícil cobertura donde no hay médicos especialistas, se están haciendo este tipo de contrataciones”, añade. El problema, señala, es que “se haya transformado en algo casi habitual”.

La propia OMC ha elevado la preocupación a través de un manifiesto en el que advierte que esta práctica “no es puntual ni aislada” y que se observa una “preocupante normalización” en la contratación de médicos sin especialidad.

Para Cobo, detrás de esta tendencia existen múltiples desafíos, siendo uno de ellos estructural: el sistema sanitario requiere cada vez más recursos.

España es uno de los países más envejecidos de Europa, lo que afecta directamente al sector salud. El aumento en la esperanza de vida ha incrementado la prevalencia de enfermedades crónicas, degenerativas y complejas, elevando así la presión asistencial. “Antes la población no vivía tanto, y ahora esas enfermedades requieren mayor atención”, resume Cobo.

Este fenómeno es significativo. El envejecimiento progresivo de la población está aumentando la demanda sanitaria, tanto en número de consultas como en la complejidad de los casos. Pacientes con múltiples patologías, tratamientos prolongados y seguimiento constante se están convirtiendo en la norma. Esto afecta especialmente a niveles como atención primaria y urgencias, donde se concentra gran parte de la carga asistencial.

A este incremento en la demanda se suma otro problema menos visible pero igualmente decisivo: la escasez de médicos. El Informe de necesidad de médicos especialistas en España 2023-2035 del Ministerio de Sanidad identifica un déficit global de profesionales en el horizonte de planificación, pero señala que la distribución no es uniforme.

La realidad es que no falta el mismo número de médicos en todo el país, sino especialistas en las áreas más tensionadas. Principalmente, esto afecta a las especialidades que forman la base del sistema: la atención primaria, urgencias y ciertos servicios hospitalarios clave.

La especialidad con mayor déficit es Medicina Familiar y Comunitaria. A ella se suman otras como Anestesiología y Reanimación, Geriatría, Psiquiatría y Radiodiagnóstico.

Estos datos no son casuales, dado que están relacionados directamente con el envejecimiento poblacional, el aumento de la cronicidad y la capacidad de respuesta del sistema hospitalario. En la práctica, esto implica que, aunque el problema sea general, se concentra en los puntos críticos del sistema.

Asimismo, el relevo generacional añade presión adicional a un sistema ya agotado. Una porción significativa de los médicos activos se encuentra próxima a la jubilación, sobre todo en especialidades clave y en ámbitos como la atención primaria, donde la edad media del personal es elevada en múltiples regiones. Esto anticipa una salida sostenida de profesionales en los próximos años que no siempre podrá ser contrarrestada con la entrada de nuevos especialistas al mismo ritmo.

Por ende, el desafío no se limita a la escasez actual de médicos en ciertas plazas, sino también a la dificultad para asegurar su reemplazo en mediano plazo. La formación es lenta, pues ser especialista requiere años de grado, acceso al sistema MIR y una residencia prolongada. Cualquier desfase entre jubilaciones e incorporaciones tiene consecuencias duraderas.

No obstante, para el representante médico, el problema no es solo numérico, sino también de condiciones. El inconveniente, explica, radica en que ciertos puestos no resultan atractivos. Sobre todo en zonas rurales o de difícil acceso, donde la combinación de alta carga asistencial, inestabilidad laboral y menor acceso a servicios dificulta la captación de profesionales.

Además, factores como el salario –que destaca como menos competitivo comparado con otros países europeos–, la dependencia de las guardias para completar ingresos y la carencia de tiempo para formación continua son elementos clave. “Lo que falta es un incentivo para que esos puestos sean cubiertos”, concluye al respecto.

Incluso aspectos externos al ámbito sanitario influyen. Menciona el acceso a la vivienda en zonas turísticas o el aumento estacional de población, que complican la planificación. En algunos destinos, la población puede multiplicarse por cuatro o cinco durante temporadas vacacionales, lo que eleva la demanda sanitaria sin que los recursos se incrementen en igual medida.

Los riesgos: una fractura en el sistema

Más allá de las causas por las que médicos sin especialidad atienden pacientes, la preocupación principal radica en el efecto en la calidad asistencial.

La OMC advierte que permitir que médicos sin especialidad desempeñen funciones propias de especialistas “abre una grieta en los cimientos del sistema sanitario”. Entre los riesgos, señala la amenaza para la seguridad del paciente, la erosión del sistema MIR, la alteración de la formación de residentes y la precarización del ejercicio profesional.

Cobo matiza y recuerda que estos profesionales suelen desempeñar su labor bajo supervisión de especialistas, pero reconoce la incertidumbre: “No se conoce con claridad cuáles son las competencias de esos médicos”.

Un problema estructural sin solución inmediata

El consenso entre expertos que resalta Cobo es contundente: la respuesta no es consolidar este modelo, sino fortalecer el sistema. La OMC exige una estrategia estatal coordinada que contemple el aumento de plazas MIR, mejoras laborales, incentivos efectivos para zonas de difícil acceso y planificación rigurosa en mediano y largo plazo.

El debate, en definitiva, trasciende la coyuntura, ya que impacta uno de los pilares del Estado del bienestar y plantea una cuestión compleja: hasta qué punto el sistema sanitario puede continuar sosteniéndose con soluciones temporales que, poco a poco, se están volviendo habituales.

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