Un campanario restaurado, vitrales cedidos por Charles de Gaulle y una arquitectura inspirada en las iglesias vascas distinguen a este Monumento Histórico-Artístico ubicado en el único territorio francés de ultramar en América del Norte
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Un Monumento Histórico-Artístico, junto con un campanario restaurado tras un incendio y unas particulares vidrieras donadas por Charles de Gaulle, convierten este templo en una de las joyas patrimoniales más destacadas del único territorio francés de ultramar en América del Norte, un aislado archipiélago con profunda influencia vasca localizado frente a las costas canadienses.
Se trata de la Excatedral de San Pedro, situada en Saint-Pierre y Miquelón, a unos 25 kilómetros al sur de la isla canadiense de Terranova. Este pequeño archipiélago, reconocido por su estrecho vínculo histórico con el País Vasco y por haber sido escenario en la serie Peaky Blinders, conserva en este edificio uno de sus emblemas arquitectónicos más relevantes. Su diseño evoca a las iglesias vascas y sintetiza siglos de historia marcados por la pesca, la herencia francesa y las reconstrucciones motivadas por diversas tragedias.
Un templo restaurado tras un incendio
La historia del edificio está profundamente conectada con la evolución del archipiélago. La construcción original de la iglesia de San Pedro data de 1816, aunque aproximadamente treinta años después sufrió daños importantes a causa de la explosión de un polvorín. En 1852 se edificó un nuevo templo parroquial que no pudo resistir al tiempo, ya que fue destruido por un incendio en 1902. La estructura actual fue levantada entre 1905 y 1907 y, con el paso de los años, se ha consolidado como una de las construcciones más emblemáticas de estas islas francesas cercanas a Terranova.
Uno de sus detalles más distintivos es el pórtico coronado por un campanario, restaurado en 1975 empleando piedra arenisca proveniente de Alsacia y riolita extraída en la propia isla. A esto se suman las vidrieras donadas por el general Charles de Gaulle, un elemento que añade valor histórico y artístico al templo, convirtiéndolo en uno de los lugares con mayor afluencia turística para quienes visitan el archipiélago atraídos por su patrimonio y su identidad cultural particular. Este reconocimiento se reforzó el 18 de febrero de 2020, cuando la antigua catedral fue declarada Monumento Histórico de Francia, una distinción que resalta su importancia arquitectónica y patrimonial en el territorio.
Un emblema del legado francés y vasco
Aunque durante muchas décadas fue la sede del Vicariato Apostólico de las Islas San Pedro y Miquelón, el templo perdió formalmente su rango de catedral en 2018, después de que el papa Francisco incorporara este territorio a la diócesis francesa de La Rochelle y Saintes. Lejos de disminuir su protagonismo, esta transformación confirmó su relevancia como uno de los monumentos principales del archipiélago, un lugar donde la herencia vasca permanece visible en los apellidos, las festividades populares, la pelota vasca y el recuerdo de los pescadores que desde el siglo XVI han encontrado en estas aguas algunos de los mayores caladeros de bacalao del Atlántico Norte.
Este territorio remoto alcanzó reconocimiento internacional al ser escenario del primer episodio de la sexta y última temporada de Peaky Blinders, cuando Tommy Shelby viaja hasta allí para cerrar un negocio tras la culminación de la Ley Seca. Además, mantiene una profunda huella vasca, aún perceptible en su bandera no oficial, donde la ikurriña comparte protagonismo con los símbolos de Bretaña y Normandía, en homenaje a la procedencia de muchos de sus primeros colonos.
Un Monumento Histórico-Artístico, un campanario restaurado tras un incendio y unas particulares vidrieras donadas por Charles de Gaulle convierten este templo en una de las joyas patrimoniales más destacadas del único territorio francés de ultramar en América del Norte, un aislado archipiélago con profunda influencia vasca localizado frente a las costas canadienses.

