Moncloa muestra preocupación por el impacto prolongado de un conflicto en Irán sobre la economía, precios y sector turístico

El presidente Pedro Sánchez, el miércoles durante la reunión del Panel de Expertos en IA de Naciones Unidas, en el Congreso de los Diputados. Las claves

El Gobierno español considera poco probable que la guerra entre EE.UU. e Irán concluya pronto y teme que su duración se extienda en Oriente Medio.

Desde Moncloa anticipan severos efectos económicos negativos, particularmente en los precios y el turismo, con un impacto que podría persistir al menos ocho meses.

La escasez y el aumento del coste del combustible ya repercuten en el sector aéreo y podrían influir en la llegada de turistas a España durante el verano.

El Ejecutivo subraya que España se encuentra mejor equipada que otros países por sus energías renovables y las reservas de combustible existentes, aunque estima inevitable una escalada en los precios.

El Gobierno mantiene una postura muy pesimista respecto a la guerra iniciada tras el ataque estadounidense a Irán, conflicto que ya se ha extendido a lo largo de Oriente Medio. Así lo indican fuentes oficiales, citando tanto la prolongación del conflicto como sus profundas consecuencias económicas.

Desde el desencadenamiento de las hostilidades, los datos analizados por el Gobierno de Pedro Sánchez advertían sobre la gravedad del conflicto, ya que mostraban claramente su posible extensión a otros países de la región y descartaban una pronta resolución.

En la actualidad, el conflicto se acerca a los tres meses, con afectar directa o indirectamente a 16 países de la zona; la información recabada por el Gobierno indica que no se prevé un desenlace inmediato y que las negociaciones podrían prolongarse durante meses, con la posibilidad de que la guerra se cronifique, incluso si se mantiene un alto el fuego.

Moncloa toma como referencia las conversaciones previas entre Estados Unidos e Irán desde la administración de Obama, las cuales se extendieron por varios años.

En la situación actual, la intensidad de los bombardeos dificulta dichas negociaciones, que se plantean desde posiciones muy divergentes.

Según fuentes diplomáticas, los líderes iraníes buscan demostrar su capacidad para bloquear la economía mundial a través del estrecho de Ormuz.

Por otra parte, Donald Trump necesita evidenciar a la opinión pública estadounidense los resultados positivos de su decisión de atacar Irán, ya sea mediante la desnuclearización del país o la caída del régimen de los ayatolás.

Ante esto, el Gobierno reconoce que sus previsiones económicas son negativas, con un impacto más grave del que se refleja en la opinión pública y los mercados, y pone especial atención en la campaña turística de este verano.

Representantes del Ejecutivo señalan que se ha superado el punto de no retorno, de modo que, incluso si se alcanzase un acuerdo inmediato, los efectos económicos adversos continuarían durante al menos ocho meses.

Esto se debe entre otros motivos a que la reconstrucción de las infraestructuras energéticas dañadas por la guerra demandará un tiempo prolongado.

Además, será necesario estabilizar un sistema alterado que afecta a todos los sectores vinculados al comercio energético, incluyendo los petroleros y los buques cisterna que transportan gas y permanecen detenidos en Ormuz.

Fuentes oficiales explican que, en cualquier caso, la normalización del estrecho de Ormuz tardará considerablemente en volver a la situación previa al ataque estadounidense.

Por otro lado, el Gobierno enfatiza que España dispone de mejores condiciones que otros países para afrontar esta crisis, gracias a la extensión de las energías renovables, la existencia de depósitos de gas y combustible, y la reserva de queroseno para aviación.

No obstante, consideran inevitable el incremento de precios en los próximos meses y manifiestan inquietud ante una posible subida de tipos por parte del Banco Central Europeo (BCE).

Además, las preocupaciones del Ejecutivo se centran en el turismo, principal sector económico de España, dado que todas las aerolíneas globales están experimentando ya la escasez de combustible y su encarecimiento, factores que repercutirán negativamente en la afluencia de viajeros durante el verano.

Por el momento, el Gobierno considera que las medidas incluidas en los dos decretos aprobados para hacer frente a la crisis están generando un impacto positivo.

El primero de estos decretos redujo el IVA del combustible, mientras que el segundo ofrece ayudas al sector del transporte. Por ejemplo, Moncloa estima que la reducción del IVA ha contribuido a una disminución de aproximadamente 0,8 puntos en la inflación.

Esta incertidumbre ha servido al Gobierno para justificar el aplazamiento en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2026. En realidad, esta demora se arrastra desde 2022, tiempo antes del inicio del conflicto.

De todos modos, esta situación implicaría que no habrá un proyecto de ley presupuestaria para este año, y que se deberá empezar a considerar el presupuesto para 2027, si esto llega a ser posible.

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