Información del artículo
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- Autor, Francisco José Esteban Ruiz y Oscar H. Ocaña Terraza
- Título del autor, The Conversation*
- 24 abril 2026
- Tiempo de lectura: 5 min
Existen aspectos de nuestra biología que consideramos inevitables, como que al perder un brazo o una pierna, no vuelven a regenerarse.
No obstante, esta regla no se aplica en todo el reino animal. Algunos gusanos son capaces de reconstruir su cuerpo completamente, peces regeneran sus aletas e incluso órganos como el corazón, y anfibios como las salamandras pueden hacer crecer patas enteras tras una amputación.
Por el contrario, los mamíferos apenas conseguimos cerrar heridas, que a menudo terminan formando cicatrices. Aunque existe una capacidad regenerativa limitada en las extremidades de mamíferos, incluyendo a los humanos, esta se restringe casi exclusivamente a la punta de los dedos y solamente en circunstancias específicas.
Sin embargo, esta aparente restricción podría no ser tan definitiva. Dos investigaciones recientes publicadas en Science, junto con un análisis integrador, sugieren que los mamíferos podrían conservar una capacidad regenerativa latente que se encuentra bloqueada por las condiciones de su entorno.
El tejido determina: cicatriz o regeneración
Durante largo tiempo se ha creído que la regeneración de estructuras complejas dependía esencialmente de los genes. Según esta perspectiva, los mamíferos habríamos perdido con la evolución los programas genéticos necesarios para reconstruir tejidos completos.
No obstante, los hallazgos recientes requieren reconsiderar esta visión. La regeneración no sería únicamente una característica genética, sino un resultado de la interacción entre las células y el entorno donde se encuentran. En otras palabras, el contexto del tejido puede condicionar si una herida cicatriza o inicia un proceso regenerativo.
Uno de los estudios se enfoca en la regeneración de la punta del dedo en ratones. Los científicos observaron que los tejidos que cicatrizan son rígidos y dominados por colágeno, mientras que aquellos capaces de regenerar presentan una matriz extracelular más suelta y con mayor cantidad de moléculas como el ácido hialurónico.
Estas diferencias en la biomecánica son relevantes, puesto que influyen directamente en el comportamiento celular y en la activación de los programas genéticos de reparación. De hecho, al modificar experimentalmente el entorno tisular para aumentar el ácido hialurónico, los investigadores notaron una disminución en la fibrosis y un aumento en la regeneración, incluso en zonas donde habitualmente no ocurre.
Esto sugiere una idea central: en ciertos modelos experimentales, la formación de cicatrices podría no ser un desenlace inevitable, sino una consecuencia del entorno reparador.

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El oxígeno como regulador biológico
El segundo análisis enfoca la regeneración desde otra óptica, pero alcanza conclusiones complementarias. Considerando que los renacuajos habitan en entornos con menos oxígeno que los mamíferos terrestres, se investigó el papel de este factor en el proceso regenerativo.
Al comparar el desarrollo de extremidades en ambas especies, detectaron que los niveles de oxígeno funcionan como un interruptor biológico. Bajo condiciones de baja concentración de oxígeno (hipoxia), se activa el factor HIF1A, que promueve la proliferación y migración celular, facilitando la expresión de genes implicados en la regeneración.

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En contraste, en condiciones normales de oxígeno, propias de mamíferos, estos procesos permanecen inhibidos. Además, el oxígeno también modifica la estructura del ADN mediante mecanismos epigenéticos, que regulan si los genes regenerativos se activan o permanecen silenciados.
En este contexto experimental, basado en extremidades embrionarias cultivadas in vitro, los autores demuestran la posibilidad de activar respuestas tempranas relacionadas con la regeneración en tejidos de mamíferos, aunque no una regeneración completa.
Ambos estudios apuntan hacia la misma conclusión: los mamíferos podrían no carecer totalmente de los programas regenerativos, sino que estos permanecen inactivos debido a las condiciones biológicas comunes, las cuales favorecen la cicatrización en lugar de la regeneración.
Un nuevo paradigma en biología
El cambio conceptual sugerido por estos resultados es notable. La regeneración no sería una capacidad ausente en los mamíferos, sino un estado dinámico condicionado por factores como la rigidez del tejido, la composición de la matriz extracelular, los niveles de oxígeno y la regulación epigenética.
Aun así, es necesario mantener prudencia. Estos estudios no lograron la regeneración completa de extremidades en mamíferos, enfocándose en modelos experimentales —como la regeneración de la punta del dedo o tejidos cultivados— y analizando particularmente las fases iniciales del proceso.
Implicaciones médicas

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A pesar de estas limitaciones, las implicaciones resultan significativas. Si el entorno tisular puede ser modificado de manera controlada, se abrirían nuevas posibilidades en medicina regenerativa, como mejorar la cicatrización minimizando la fibrosis, estimular la regeneración ósea o tratar enfermedades relacionadas con defectos en la reparación tisular, por ejemplo en la diabetes.
En conclusión, la dificultad no radica en que los mamíferos no puedan regenerar, sino en no haber hallado aún las condiciones que lo permitan. Como recordaba el médico y escritor Lewis Thomas, «somos profundamente ignorantes sobre la naturaleza». Quizá estemos comenzando a comprender que algunas de nuestras limitaciones biológicas aparentes no son tan definitivas como se creía.
*Francisco José Esteban Ruiz es profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén. Oscar H. Ocaña Terraza es profesor contratado Doctor en el Departamento de Biología Experimental de la Universidad de Jaén, España.
*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí para leer la versión original.

