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- 22 abril 2026, 15:17 GMTActualizado 2 minutos
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Cada vez que se accede a internet, existe alguien recolectando los datos que se van dejando, ya sea el proveedor de internet, el servidor de la página que se visita o el navegador empleado para ingresar a ella.
Toda esta información sirve a las empresas para comprender mejor el comportamiento de sus usuarios y apoyar en la creación de estrategias y productos más alineados con las demandas del consumidor.
De forma similar, estos datos también se pueden utilizar para identificar personas que podrían representar una amenaza, tal como EE.UU. hizo en 2011 para localizar el búnker de Osama Bin Laden en Pakistán, o para detectar y atacar objetivos militares, función que actualmente ejerce el ejército israelí en Irán.
No basta con reunir la información para que sea provechosa: debido al enorme volumen de datos generados diariamente en la red (estimado en unos 400 millones de terabytes), las organizaciones que los obtienen necesitan emplear software especializado, potenciado por inteligencia artificial, para organizarlos y analizar qué revelan.
Hoy en día, la mayoría de expertos en ciberseguridad coinciden en que ningún software de análisis de datos a nivel mundial logra igualar la complejidad y el alcance de la compañía estadounidense Palantir, especialmente en los ámbitos de seguridad e inteligencia militar.
Michael Steinberger, columnista del New York Times y autor en enero del libro "El filósofo en el Valle: Alex Karp, Palantir y el auge de la vigilancia estatal", menciona que el triunfo de Palantir proviene en buena medida de haber desarrollado su tecnología junto con los servicios de inteligencia de EE.UU.

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"El momento decisivo para Palantir fue la financiación por parte de In-Q-Tel, la rama de inversión en capital de riesgo de la CIA (Agencia Central de Inteligencia)", detalló Steinberger a BBC Mundo.
"Más allá del significativo aporte económico, los ingenieros de Palantir tuvieron la oportunidad de trabajar directamente con los analistas de la CIA, desarrollando el software en colaboración con ellos".
Esto ha facilitado que las soluciones de Palantir tengan una amplia adopción en diversas agencias gubernamentales de EE.UU.
No solo en entidades de inteligencia como la CIA, el FBI (Oficina Federal de Investigaciones) o la NSA (Agencia Nacional de Seguridad), sino también en organismos de salud como los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) y, de manera controvertida, en agencias migratorias como ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU.).
Actualmente, ICE emplea las herramientas de Palantir para tareas de identificación y rastreo de migrantes que buscan detener y deportar.
"La colaboración entre ICE y Palantir inició en un momento de crisis, algo típico en Palantir", explicó Steinberger, "ya que cobran tarifas altas por sus servicios y muchas organizaciones piensan que pueden ahorrar desarrollando software propio".
"Sin embargo, cuando surge una crisis, deciden probar Palantir. Eso ocurrió en ICE en 2014: tras el asesinato de un agente de la DEA en México, el gobierno tuvo que localizar a los responsables y recurrió a Palantir, que en pocos días integró numerosos datos y facilitó la captura del asesino".
Para comprender el papel que Palantir desempeña hoy en la industria militar estadounidense, es útil remontarse a los orígenes de la compañía y al contexto histórico que justificó su creación: los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
De PayPal al gobierno de EE.UU.

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A finales de los años 90, internet vivió una de sus etapas de expansión más rápidas y significativas.
Durante la llamada "burbuja de las .com", miles de emprendedores se arriesgaron a lanzar proyectos en la red.
Numerosas empresas que hoy son enormes conglomerados digitales comenzaron en ese período, entre ellas PayPal, probablemente la plataforma de pagos digitales más reconocida, nacida de la fusión entre Confinity y X.com, iniciativas lideradas respectivamente por el joven inversor Peter Thiel y el actual principal accionista de Tesla y X, Elon Musk.
En los primeros años, cuando la seguridad en las transacciones en línea aún estaba en desarrollo, PayPal se convirtió en la plataforma favorita para estafadores debido al anonimato que ofrecía.
Para contrarrestar esta situación, Max Levchin, socio de Thiel y cofundador de Confinity (posteriormente PayPal), se enfocó en crear un software que, mediante algoritmos, garantizara la seguridad de las transacciones realizadas en la plataforma, desbloqueando así el potencial comercial de las compras online.
Este software, denominado IGOR –en honor al estafador ruso que se convirtió en la primera víctima de la herramienta– fue tan efectivo que redujo el fraude a menos del 0.5%, posicionando a PayPal como líder del comercio electrónico.
Como consecuencia, las autoridades estadounidenses también mostraron interés: el FBI colaboró con el equipo de seguridad de PayPal en investigaciones contra el fraude.
Pero el 11 de septiembre de 2001 cambió radicalmente la situación.

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"Una manera de interpretar los atentados del 11-S es que representaron una falla en la integración de información", afirma Michael Steinberger. "De hecho, el informe oficial de la Comisión del 11-S señalaba exactamente eso".
"Existió una incapacidad para conectar datos, lo que desembocó en la tragedia: la CIA tenía datos, el FBI tenía datos, pero no se comunicaban. La información no circulaba".
Para Peter Thiel, era evidente que IGOR podría contribuir a solucionar esta desorganización de datos en los servicios de inteligencia de EE.UU., por lo que comenzó a buscar contacto con la CIA.
El "CEO filósofo"

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Cuando Thiel buscaba financiación para su proyecto, retomó contacto con Alex Karp. Ambos se habían hecho cercanos en la facultad de derecho de la Universidad de Stanford, pese a mantener posiciones ideológicas opuestas: Thiel, un conservador acérrimo, y Karp, un progresista hijo de una pareja birracial.
Su amistad se fundamentó especialmente en la insatisfacción hacia la educación recibida en una de las mejores universidades y en su gusto por el ajedrez y debates intensos sobre temas profundos.
Tras los atentados de 2001, Thiel reclutó a Karp –doctor en filosofía alemana y alumno del filósofo Jürgen Habermas– para que ayudara a atraer inversionistas, impresionado por su compromiso con el proyecto.
Palantir recibió su nombre en honor a las piedras mágicas de la saga "El Señor de los Anillos", que otorgaban a sus poseedores la capacidad de ver a través de los ojos de sus enemigos. La relación con la obra de Tolkien es tan fuerte que los empleados se autodenominan palantirianos y algunas oficinas están decoradas con runas élficas.
Aun sin experiencia militar, la junta de la empresa eligió a Karp como CEO, por ser quien tenía la visión más clara sobre el rumbo de Palantir.

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Aunque Karp proviene de un entorno progresista en California y estudió filosofía en Alemania, sus ideas han ido "evolucionando" con el tiempo, explicó Steinberger, "acercándose más a la visión de Peter Thiel sobre el mundo".
"Karp menciona cada vez menos la defensa de la democracia liberal y se centra más en proteger a Occidente como entidad cultural, una postura controvertida de Thiel, quien considera incompatible la libertad económica con la democracia".
Además, Karp sostiene que la supremacía militar y tecnológica de EE.UU. representa el "disuasor más importante" en la actualidad: "Las guerras se ganan con tecnología", declaró Karp recientemente en un foro en Washington, al referirse a los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán.
"Si se observan la operación ‘Martillo de medianoche’ (ataque estadounidense a la infraestructura nuclear iraní de 2025), la operación en Venezuela (para capturar a Maduro) o la actual en Irán, se nota a una sociedad dominando completamente, y esa sociedad es la nuestra".
"Discuto con mis amigos intelectuales cuando me preguntan: ‘¿No sería mejor un sistema de reglas en que todos fueran iguales?’ y respondo: ‘Sí, en teoría. Pero en este mundo, o somos nosotros o es China o es Rusia".

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Recientemente, Palantir divulgó en sus redes sociales un resumen de 22 puntos basados en las ideas que Karp expuso en su libro "La república tecnológica", que varios calificaron como el manifiesto de la empresa.
Entre esos puntos se reflejan algunas de las ideas más controvertidas del pensamiento libertario en EE.UU., como afirmar que mientras "algunas culturas han generado avances cruciales, otras permanecen disfuncionales y atrasadas", o que los países occidentales "deben resistir la atracción superficial de un pluralismo vacío".
Según Karp, "la era de la disuasión atómica está concluyendo y una nueva era basada en inteligencia artificial está por comenzar", y "si un marine estadounidense pide un rifle mejor, deberíamos construirlo; lo mismo aplica para el software".
La difusión de este manifiesto generó controversia en redes sociales, con numerosos comentarios manifestando inquietud y rechazo. La legisladora británica Victoria Collins afirmó que el documento parecía fruto de "los delirios de un supervillano".

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"Es fundamental comprender que Palantir ha sido política desde sus inicios: fue creada para asistir al gobierno de Washington en la guerra contra el terrorismo, evolucionando hacia la idea de que ‘estamos ayudando a USA y sus aliados a defender su estilo de vida’", señala Steinberger.
Desde el comienzo, la empresa se comprometió a no vender su tecnología a países como China o Rusia, considerados rivales geopolíticos.
"Actualmente existe competencia, pero en 2007 o 2008 era audaz negar acceso al mercado de mayor crecimiento mundial".
En cambio, Palantir sí ofrece sus servicios a países alineados con EE.UU., como Israel.
"Siempre se han visto como los guardianes de Occidente, una idea central de la compañía desde sus orígenes".
"En el libro se menciona la relación con el Mossad (inteligencia israelí), que comenzó en los 2000 y ha sido cliente desde entonces. Tras el 7 de octubre de 2023, las IDF (Fuerzas armadas de Israel) expresaron la necesidad de contar con su producto".
Otros países usuarios de Palantir incluyen Reino Unido —desde servicios de salud hasta Defensa—, Ucrania, Francia, Canadá, Alemania, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.
¿Estado de vigilancia?

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En más de dos décadas desde su fundación, Palantir se ha consolidado como una herramienta poderosa para EE.UU. y sus aliados.
Palantir fue clave para la operación que acabó con Osama Bin Laden en 2011 y desempeñó un papel esencial en la retirada del personal estadounidense de Afganistán en 2021.
Además, su sistema de integración de datos Maven se emplea actualmente para identificar objetivos militares en Irán y controlar los drones desplegados por EE.UU. en la región.
Palantir también desarrolla el software del "Domo dorado", un proyecto emblemático de la segunda administración Trump: un sistema antimisiles comparable al "Domo de Hierro" de Israel, capaz de proteger al país frente a amenazas diversas, incluso misiles nucleares.
Paralelamente, Palantir presta servicios a corporaciones civiles como Airbus, Panasonic, Merck e incluso al equipo Ferrari de Fórmula 1 para la gestión y análisis de datos.

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Precisamente por la amplitud de aplicación de sus herramientas, Palantir sostiene que los reguladores gubernamentales, y no la empresa, deben definir los límites para el uso de su tecnología.
En una entrevista con BBC, Louis Mosley, director de Palantir en Reino Unido y Europa, afirmó que el software de Palantir siempre requiere la participación humana para tomar decisiones: "Así está diseñado actualmente", aseguró Mosley.
No obstante, numerosos críticos han alertado que la alta velocidad con que estas herramientas analizan y realizan predicciones puede incentivar errores de confirmación por parte de sus usuarios.
"Priorizar la rapidez, la escala y el uso de la fuerza deja poco espacio para verificar adecuadamente los objetivos y evitar daños civiles accidentales", declaró a la BBC la profesora Elke Schwarz, de la Universidad Queen Mary de Londres.

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Sin embargo, para Mosley, "esa es, en realidad, una cuestión para nuestros clientes militares".
Ellos son quienes determinan las normas que definen quién puede decidir qué", agregó.
A pesar de las críticas y preocupaciones que genera su tecnología, Palantir tiene una valoración superior a US$380.000 millones y continúa en crecimiento.
"Esto plantea interrogantes sobre cuánta responsabilidad recae en Palantir respecto al uso que se da a su producto, una cuestión muy vigente, por ejemplo, en relación con ICE", comenta Michael Steinberger.
"¿Es Palantir responsable por abusos cometidos? ¿Está al tanto de ellos? Si se han cometido crímenes de guerra con esa tecnología, ¿le corresponde alguna responsabilidad?", se cuestiona el columnista del New York Times.
"Estas son algunas de las preguntas que afronta ahora la empresa; interrogantes que van al núcleo de la controversia que rodea a Palantir", concluye Steinberger.
Con información del corresponsal de IA de BBC News, Marc Cieslak, y de Matt Murphy, de BBC Verify.

