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Información del artículo
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- Autor, Miriam Frankel
- Título del autor, BBC Future*
- 35 minutos
- Tiempo de lectura: 11 min
Nick James, un ebanista británico de aproximadamente 45 años, comenzó a inquietarse por su salud tras la muerte de su madre por cáncer y el diagnóstico posterior de cáncer intestinal en su hermano y otros familiares.
Eligió someterse a pruebas genéticas que confirmaron la presencia de un gen defectuoso vinculado con el síndrome de Lynch, una condición que eleva significativamente la probabilidad de sufrir ese tipo de cáncer.
No obstante, James recibió apoyo inesperado al ser el primer participante en un ensayo clínico diseñado para evaluar si una dosis diaria de aspirina —un analgésico de venta libre— podría prevenir el desarrollo del cáncer.
Alrededor del 80% de los individuos con síndrome de Lynch desarrollan cáncer intestinal en algún momento de sus vidas.
Sin embargo, los resultados para James son positivos hasta ahora. «Hace diez años que está tomando aspirina bajo nuestra vigilancia y no ha presentado cáncer hasta la fecha», señaló John Burn, profesor de genética clínica en la Universidad de Newcastle y director del estudio.
Aunque parezca sorprendente, desde hace tiempo existen señales que indican que la aspirina podría disminuir la posibilidad de que el cáncer colorrectal se propague o incluso de que aparezca inicialmente.
En el último año, múltiples ensayos y estudios han reforzado estas evidencias. Diversos países han actualizado sus protocolos médicos para incluir la aspirina como medida preventiva principal para personas con alto riesgo, aunque los expertos enfatizan que debe ser siempre bajo supervisión médica.
Hoy empezamos a entender las razones detrás del efecto tan peculiar de la aspirina.
Raíces antiguas

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Los hallazgos recientes aportan una perspectiva novedosa e impactante a la trayectoria de uno de los medicamentos más antiguos y efectivos.
A finales del siglo XIX, arqueólogos descubrieron tablillas de arcilla con 4.400 años de antigüedad en la antigua ciudad mesopotámica de Nippur —ubicada en la actual Irak—, que contenían listados de medicamentos elaborados a partir de compuestos botánicos, animales y minerales.
Entre estas indicaciones, había instrucciones para preparar un remedio basado en el sauce.
Actualmente sabemos que esta planta posee salicina, un compuesto químico que el cuerpo puede convertir en ácido salicílico, una sustancia con propiedades analgésicas.
Esta molécula tiene una estructura muy próxima a la de la aspirina moderna —ácido acetilsalicílico— aunque resulta más agresiva para el estómago.
Diversas culturas antiguas, como la egipcia, griega y romana, también emplearon este remedio.
El estudio científico del compuesto comenzó en 1763, cuando el clérigo inglés Edward Stone comunicó a la Royal Society que la corteza seca y pulverizada del sauce tenía la capacidad de reducir la fiebre.
Un siglo más tarde, los científicos lograron sintetizar el ácido salicílico en ácido acetilsalicílico —un derivado menos dañino—, que fue comercializado con la marca Bayer.

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Un siglo después, los especialistas observaron beneficios inesperados de la aspirina en la prevención de enfermedades cardiovasculares, al reducir la formación de coágulos sanguíneos mediante la disminución de la adhesividad de las plaquetas y la fluidez de la sangre.
Por este motivo, organizaciones como el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido recomiendan dosis bajas diarias para personas con riesgo elevado de infarto o accidente cerebrovascular.
La lucha contra el cáncer

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Para 1972, los posibles beneficios se ampliaron a la prevención del cáncer tras un estudio en el que se inyectaron células tumorales a ratones.
Investigadores norteamericanos observaron que al añadir aspirina al agua de los roedores, se reducía de manera significativa la metástasis, es decir, la propagación del cáncer en comparación con los ratones sin el tratamiento.
Aunque este hallazgo causó interés, “no se supo de forma inmediata cómo se aplicaría a la práctica clínica”, comenta Ruth Langley, profesora de oncología y ensayos clínicos en el University College de Londres.
No estaba claro si el efecto se replicaría en humanos, por lo que el descubrimiento se consideraba más una curiosidad que un tratamiento con potencial real.
Un cambio importante se dio en 2010, cuando Peter Rothwell, profesor de neurología clínica en la Universidad de Oxford, volvió a examinar datos más amplios relacionados con el uso de aspirina para prevenir enfermedades cardiovasculares.
Sus análisis indicaron que la aspirina parecía disminuir tanto la aparición como la propagación del cáncer, lo que renovó el interés sobre su capacidad para combatir esta enfermedad y los mecanismos involucrados.
No obstante, comprobar que la aspirina previene el cáncer en la población general es una tarea compleja.
Idealmente, se reclutaría una muestra representativa: la mitad tomaría aspirina y la otra mitad un placebo, para luego comparar las tasas de cáncer.
Sin embargo, debido a que el cáncer puede tardar décadas en manifestarse, realizar un ensayo así requeriría un tiempo muy extenso y costos elevados.
“Es prácticamente imposible”, explicó Anna Martling, profesora de cirugía en el Instituto Karolinska.
Por ello, la investigación se ha dirigido a grupos específicos, como personas que ya tuvieron cáncer o cuentan con predisposición genética para desarrollarlo.
Evidencia creciente

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En este contexto destaca el estudio de John Burn sobre pacientes afectados por el síndrome de Lynch, un trastorno que incrementa drásticamente el riesgo de cáncer colorrectal y otros cánceres.
En 2020, Burn comunicó los resultados de un ensayo aleatorizado histórico con 861 pacientes con esta condición.
Tras un seguimiento de una década, el equipo constató que quienes consumieron 600 mg de aspirina diaria durante al menos dos años redujeron a la mitad su riesgo de cáncer colorrectal.
Un segundo ensayo, actualmente bajo revisión por pares, muestra resultados preliminares que apuntan a dosis menores de aspirina (75-100 mg) con una eficacia igual o superior.
“Quienes tomaron aspirina por dos años experimentaron un 50% menos de cáncer de colon”, indicó Burn. “Pretendemos continuar el seguimiento para tener datos más sólidos. (Nick James, primer participante del ensayo, fue uno de los beneficiados).
La dosis baja recomendada (75-100 mg) es comparable a la usada habitualmente para prevenir eventos cardiovasculares.
Esto es relevante debido a que la aspirina puede causar efectos adversos, incluyendo indigestión, hemorragias internas, úlceras gástricas e incluso sangrados cerebrales, por lo que una menor dosis se tolera mejor.
Estos hallazgos ya han influido en políticas de salud.
“En el Reino Unido, las directrices fueron actualizadas a raíz de nuestras investigaciones”, señaló Burn.
Desde 2020, se recomienda que personas con síndrome de Lynch comiencen a tomar aspirina alrededor de los 20 años, o a los 35 en casos menos severos.
Considerando estos resultados, surge la pregunta sobre si la aspirina podría beneficiar a otros grupos.
Martling ha investigado si la aspirina reduce el riesgo de metástasis en pacientes ya diagnosticados con cáncer colorrectal.
Su estudio se centró en pacientes con mutaciones frecuentes en tumores de colon o recto.
“El 40% de quienes desarrollan cáncer colorrectal tiene alguna de estas mutaciones”, explicó.
Investigaciones anteriores sugirieron que estos pacientes podrían responder favorablemente al uso de aspirina.

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El ensayo aleatorizado, con duración de tres años, incluyó a 2,980 pacientes: uno de los grupos recibió 160 mg diarios de aspirina, comenzando el tratamiento en los primeros tres meses post cirugía, mientras que el otro recibió un placebo.
Los pacientes que tomaron aspirina presentaron menos de la mitad del riesgo de recaída, evidenciando un efecto clínico notable. “Es un grupo importante de pacientes”, afirmó Martling.
Además, tanto el estudio de Martling como el de Burn registraron pocos efectos secundarios en los participantes bajo aspirina.
El trabajo de Martling, publicado en septiembre de 2025, modificó rápidamente los protocolos médicos en Suecia.
Desde enero de 2026, pacientes con cáncer intestinal en ese país son evaluados para detectar mutaciones y reciben aspirina en caso de resultar positivos.
Aún no está claro si la aspirina puede proteger contra otros tipos de cáncer, pero pronto se podrían conocer resultados.
Actualmente, Langley lidera un gran ensayo aleatorizado con 11,000 participantes que han tenido cáncer colorrectal, de mama, gastroesofágico o próstata en Reino Unido, Irlanda e India.
Analizarán el impacto de una dosis diaria preventiva de aspirina de 100 mg o 300 mg; los resultados se esperan para el próximo año.
“Somos pioneros en explorar el papel de la aspirina en otros tipos de tumores”, comentó.
Su objetivo es replicar los resultados de Martling en cáncer colorrectal y recaudar fondos para investigar mutaciones específicas en otros cánceres.
La replicación es crucial, según ella, pues las autoridades suelen preferir resultados de dos ensayos clínicos antes de emitir recomendaciones.
¿Cómo funciona?

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El mecanismo exacto por el cual la aspirina previene el cáncer ha sido un enigma durante largo tiempo.
“Este medicamento actúa tanto dentro como fuera de la célula”, señaló Martling, lo que sugiere la participación de múltiples procesos.
Su propia investigación apunta a la enzima intracelular COX-2, conocida por ser bloqueada por la aspirina.
Esta enzima facilita la producción de prostaglandinas, compuestos hormonales que activan vías de señalización capaces de inducir un crecimiento celular sin control.
Un estudio reciente de Rahul Roychoudhuri, profesor de inmunología oncológica en la Universidad de Cambridge, indica que podría intervenir otro mecanismo vinculado a un gen que impide que las células T del sistema inmunitario detecten y eliminen células cancerosas metastásicas.
Se descubrió que este gen puede activarse por el tromboxano A2, un factor de coagulación que ayuda a formar coágulos sanguíneos tras una lesión.
Debido a que la aspirina inhibe el tromboxano, podría hacer que las células cancerosas sean más visibles para el sistema inmune. Este hallazgo sorprendió al equipo.
Dado que la investigación de Roychoudhuri se efectuó en ratones, no es posible confirmar todavía si se aplica de igual modo a humanos.
Sin embargo, estudios intrigantes encabezados por Langley muestran que pacientes con cáncer colorrectal o gastroesofágico presentan niveles elevados de tromboxano —incluso hasta seis meses tras un tratamiento exitoso—, sugiriendo que esta sustancia también podría favorecer la metástasis en humanos.
¿Una cura para todo?

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Sigue siendo objeto de debate quiénes deberían tomarse aspirina regularmente y a partir de cuándo.
Algunos expertos piensan que los beneficios combinados en enfermedades cardiovasculares y cáncer justifican una mayor adopción de esta práctica.
Burn, que en el pasado tomó aspirina de forma preventiva, se muestra esperanzado respecto a su impacto en la salud pública.
“Realizamos un amplio estudio que demostró que, si todas las personas de unos 50 años tomaran aspirina a dosis bajas por diez años, la mortalidad nacional por todas las causas se reduciría un 4%”, afirmó Burn.
No obstante, la mayoría de los investigadores recomiendan limitar su uso a grupos específicos.
“Una cosa es administrar aspirina a personas con cáncer, y otra muy diferente ofrecerla a individuos sanos, algo que podría causarles daño”, advirtió Martling.
Esto se debe a los posibles efectos secundarios graves y al hecho de que la aspirina no sea efectiva para todos los individuos ni para todos los tipos de cáncer.
Sin embargo, aquellos con síndrome de Lynch o antecedentes de cáncer intestinal podrían considerar consultar con su médico la conveniencia de un uso regular a dosis bajas.
“Siempre consulte con un profesional de la salud antes de iniciar un tratamiento con aspirina”, aconseja Langley.
A medida que la investigación sobre la aspirina avanza, no se descartan nuevas sorpresas.
¿Se extenderá la historia milenaria de la aspirina otros 4,000 años?
Tal vez las generaciones futuras utilicen variantes de este medicamento de maneras que hoy no podemos ni imaginar.
*Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente en inglés por BBC Future. Para acceder a la versión original, haz clic aquí.
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