Estar listo para confiar en un especialista no basta; es esencial que el paciente esté dispuesto a mitigar los efectos del trastorno de estrés postraumático
Algunas conductas que manifestamos pueden reflejar nuestra personalidad, según indican los psicólogos
Dar el paso de consultar a un psicólogo no siempre resulta sencillo. Ya sea por miedo a hablar sobre un tema doloroso, por vergüenza al exponer los sentimientos o por limitaciones económicas, para muchas personas esto representa un desafío. A ello se suma la incertidumbre frecuente sobre cuándo es el momento adecuado para comenzar a asistir a terapia después de un trauma, cuestión que ha sido abordada por una psicóloga. Sin embargo, en ocasiones, los propios profesionales de salud mental retrasan el inicio debido al posible riesgo de que tratar estos temas pueda desestabilizar al paciente.
En la práctica clínica, existen casos en los que el protocolo de tratamiento queda incompleto, no por obstáculos evidentes, sino porque tanto terapeuta como paciente evitan abordar los temas traumáticos. Esta conducta puede prolongar el bloqueo en el proceso terapéutico, como explica Giulia Suro, doctora en Psicología, en la revista Psychology Today.
La evitación constituye un componente clave de los síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT), puesto que el paciente intenta eludir tanto recuerdos externos como pensamientos y emociones vinculadas al trauma. Aunque es natural protegerse de estas memorias, corresponde al terapeuta demostrar que no es imprescindible evitar estas experiencias para progresar en la recuperación.
Diversas investigaciones indican que insistir en una preparación prolongada antes de iniciar el tratamiento del trauma carece de respaldo en la evidencia científica. Los retrasos motivados por una postura conservadora pueden reforzar los patrones de evasión y dificultar la mejoría de los síntomas, en lugar de favorecer la estabilidad del paciente.
Indicadores de que una persona está preparada para acudir al psicólogo

El inicio de un tratamiento enfocado en el trauma no debería depender exclusivamente de la voluntad explícita del paciente, sino también de la presencia de ciertas habilidades básicas. Entre ellas, destaca la ausencia de un riesgo inmediato para su seguridad, así como la falta de intención activa de autolesionarse o causar daño a otros.
Además, es relevante que el paciente manifieste alguna disposición para aliviar sus síntomas, aunque mantenga una marcada tendencia a la evitación. Otra capacidad imprescindible es poder permanecer presente durante las sesiones, especialmente cuando surge la angustia.
En la valoración clínica se consideran aspectos como la reducción de crisis agudas, un consumo de sustancias controlado y una regulación emocional suficiente para afrontar el malestar sin recurrir al bloqueo o a la intensificación del cuadro. Estas conductas suelen interpretarse como signos de estabilidad.
No obstante, tales conductas también pueden indicar el establecimiento de mecanismos de regulación y evitación que, al consolidarse con el tiempo, contribuyen a la persistencia de los síntomas del trastorno de estrés postraumático.
La disposición, factor fundamental para la efectividad de una terapia

Las terapias científicamente respaldadas para tratar el trauma, como la terapia de procesamiento cognitivo (TPC), la exposición prolongada (EP) y la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR), se reconocen como los tratamientos predominantes para el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Si se aplican correctamente, estas técnicas brindan la posibilidad de una recuperación completa de los síntomas.
La selección del tipo de tratamiento debe hacerse con la información adecuada, de modo que los pacientes puedan tomar decisiones fundamentadas, al igual que sucede con cualquier intervención médica. Un paciente puede iniciar la terapia siempre que no esté en riesgo inmediato y cuente con la estabilidad necesaria para asistir regularmente a las sesiones.
Prepararse para el tratamiento exige cierta capacidad para tolerar la angustia y gestionar emociones intensas, aunque sea por momentos breves. Recursos como mantener la atención en el presente o contar con apoyo externo pueden facilitar este proceso. Si existe consumo de sustancias, este puede manejarse conforme a los objetivos terapéuticos, organizando su uso alrededor de las sesiones para favorecer la participación.
El progreso en la recuperación no depende de la total ausencia de ambivalencia. La disposición inicial para afrontar el proceso es suficiente para comenzar, ya que esperar a eliminar por completo la tendencia a evitar el trauma suele mantener a los individuos en una situación de estancamiento y perpetúa los síntomas característicos del TEPT.

