
Fuente de la imagen, Ana Norman Bermúdez
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- Autor, Ana Norman Bermudez
- Título del autor, BBC Future
- 23 minutos
- Tiempo de lectura: 10 min
Utilizando largos palos de plástico, un pequeño grupo de expertos intenta persuadir a una koala hembra para que descienda del eucalipto en el que se encuentra cómodamente posada.
Al principio, la koala parece indiferente. Sin embargo, luego todo ocurre con rapidez. Desciende por el tronco, salta al césped y emite un gruñido profundo antes de girar, mostrando las garras en señal defensiva.
Mediante movimientos cuidadosamente practicados, los especialistas la levantan con suavidad y la colocan dentro de una jaula. Una vez sedada, la recuestan sobre una toalla para realizar un examen médico rutinario.
«Creo que está afectada por clamidia», comenta Karen Burke Da Silva, bióloga conservacionista de la Universidad Flinders, en el sur de Australia.
La clamidia se ha convertido en una epidemia severa entre los koalas, alcanzando hasta el 88 % de infección en ciertas poblaciones de Australia continental. Esta enfermedad, causada por la bacteria Chlamydia pecorum, puede originar ceguera, infertilidad, neumonía y, a diferencia de la clamidia en humanos, que rara vez resulta fatal, suele ocasionar la muerte.
El avance de la clamidia se ha extendido por todo el continente. Sin embargo, en una isla próxima, esta enfermedad no ha sido detectada.
Se considera que Isla Canguro alberga la mayor población mundial de koalas libres de clamidia, representando una especie de salvaguarda para la supervivencia de la especie. No obstante, estos koalas enfrentan otro problema: más de un siglo de aislamiento les ha producido una endogamia profunda y una fragilidad genética considerable.
Esta situación ha impulsado a Burke Da Silva y a su colega Julian Beaman a llevar a cabo estudios en los koalas de esta región.
Su objetivo es incrementar primero la diversidad genética de los koalas de Isla Canguro y luego reintroducirlos en otras áreas australianas con baja incidencia de clamidia, para contribuir a afrontar la complicada situación que enfrenta actualmente la especie.
Peligro de extinción
Los koalas, nativos del este y sureste australiano, están catalogados como especie vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).
Aunque su número total, estimado oficialmente entre 398,000 y 569,000 individuos, sigue siendo significativo, han experimentado un descenso constante durante décadas, y en la actualidad sobreviven principalmente en poblaciones pequeñas y fragmentadas.
Esta fragmentación ha limitado su capacidad para adaptarse a los impactos del cambio climático, la destrucción de su hábitat y las enfermedades.
«En cada uno de esos fragmentos se produce endogamia y fluctuaciones demográficas aleatorias que elevan el riesgo de extinción», explica Beaman. «Si no actuamos con precaución, enfrentaremos una desaparición prolongada y dolorosa».

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Isla Canguro, ubicada a solo 13 kilómetros de la costa sur de Australia, es la tercera isla más grande del país y posee un papel vital en la conservación de la biodiversidad.
La población de koalas en esta isla desciende completamente de un reducido grupo de aproximadamente 20 ejemplares trasladados desde el continente en los años veinte del siglo XX, en un contexto en el que conservacionistas temían que el comercio de pieles llevara a la especie al borde de la extinción.
Para 2019, la población había crecido hasta cerca de 50,000 individuos, un número tan elevado que muchas veces se les consideraba una plaga.
«La percepción pública es negativa», comenta Beaman mientras recorríamos un bosque nativo de eucaliptos en la isla. «Pero, objetivamente, fue una introducción muy exitosa».
Aunque la clamidia avanza sin control en las poblaciones continentales, la condición aislada de la isla ha protegido a sus koalas de esta infección.
Aunque la clamidia podría haber existido en Australia antes de la llegada de los europeos a finales del siglo XVIII, investigaciones indican que la introducción de ganado occidental facilitó el surgimiento de nuevas cepas en los koalas.
Esto, junto con la destrucción del hábitat y el deterioro de la diversidad genética, ha impulsado una epidemia que pone en riesgo la supervivencia de esta especie.
Aunque la clamidia se puede tratar con antibióticos, el protocolo es complejo: implica la captura de los koalas, pone en riesgo su capacidad para digerir hojas de eucalipto y no ofrece inmunidad frente a futuros contagios.
Una vacuna que fue aprobada en 2025 ha mostrado resultados alentadores, disminuyendo en un 65 % la mortalidad en poblaciones salvajes, pero la vacunación a gran escala de estas poblaciones sigue siendo un desafío considerable.
Investigadores como Speight consideran que proteger a los koalas de Isla Canguro y emplearlos para repoblar el continente, en combinación con la vacuna, podría finalmente asegurar la supervivencia de la especie.
Las secuelas del "verano negro"
Sin embargo, el vivir en Isla Canguro no ha resguardado a los koalas de otras amenazas.
Los incendios forestales del llamado «verano negro» (entre 2019 y 2020) en Australia devastaron la isla y eliminaron cerca del 80 % de su población de koalas, reduciéndola a aproximadamente 10,000 ejemplares.

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El Parque Nacional Flinders Chase, un área protegida de 32,800 hectáreas, fue una de las zonas más gravemente afectadas.
Tras los incendios, Burke Da Silva y Beaman comenzaron a monitorear a los koalas restantes en Isla Canguro. Con el bosque del parque reducido a cenizas, los sobrevivientes se desplazaron hacia plantaciones cercanas de eucaliptos en busca de alimento, recuerda Burke Da Silva.
En 2021, Kiland, una compañía forestal dueña de más de 18,000 hectáreas, inició la tala de eucaliptos para transformar esos terrenos en zonas agrícolas.
«De repente, empezaron a talar las plantaciones donde residían los koalas que estábamos siguiendo», comenta Burke Da Silva. Muchos murieron a causa de heridas o inanición. «Fue devastador».
En 2024, con el respaldo del filántropo ambiental Alan Noble, quien aportó recursos en memoria de su esposa fallecida, Beaman y Burke Da Silva adquirieron un terreno de 530 hectáreas colindante con el Parque Nacional Flinders Chase para prevenir que la empresa forestal talara esas tierras. Con Noble, cofundaron The Koala Sanctuary, asegurando así el hábitat de cerca de 1,000 koalas, lo que representa el 10 % de la población remanente en la isla.
Un portavoz de Kiland informó a la BBC que sus contratistas actúan bajo un plan aprobado por el estado de Australia del Sur para minimizar el impacto sobre los koalas, y que continúan apoyando las labores de conservación de The Koala Sanctuary.
Cuello de botella genético
En el laboratorio de biología de la Universidad Flinders, en Adelaida, la bióloga molecular Katie Gates extrae de un congelador una pequeña caja blanca y la abre. De los tubos que contiene se desprende vapor.
«Estas muestras provienen de tejidos de koalas de Isla Canguro», explica. El equipo científico ha secuenciado el ADN de estos fragmentos —pequeñas porciones de piel tomadas de las orejas de los animales— para evaluar la variabilidad genética dentro de la población.
Los hallazgos corroboran una hipótesis previa: la diversidad genética en los koalas de Isla Canguro es extremadamente limitada. «Hemos identificado machos con un solo testículo o incluso sin ninguno», declara Beaman, «y hemos registrado deformidades en la columna vertebral».
Esto torna a los koalas de la isla altamente susceptibles a un proceso denominado «vórtice de extinción», según los genetistas. En poblaciones pequeñas y aisladas, la pérdida genética se acelera, y la endogamia hace aflorar mutaciones dañinas.
«Los datos disponibles indican que esta población está fuertemente endogamada», señala Carolyn Hogg, presidenta del Grupo de Genómica de Vida Silvestre de Australasia en la Universidad de Sídney.
Por ello, sostiene que la intervención mediante rescate genético es crucial para salvar a los koalas de Isla Canguro.

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El rescate genético consiste en incorporar individuos no relacionados y genéticamente sanos para disminuir la endogamia, y se está recomendando con mayor frecuencia como estrategia para conservar especies.
No obstante, históricamente este método se ha empleado en poblaciones muy reducidas y cercanas a la extinción. Aunque en Australia la reubicación de koalas es habitual, tradicionalmente responde a la gestión demográfica y la pérdida del hábitat, más que a necesidades genéticas.
Burke Da Silva y Beaman planean restaurar la salud genética de la población de Isla Canguro con el primer rescate genético masivo de koalas.
Si este proyecto resulta exitoso, representará un avance fundamental para establecer la única gran población de koalas en Australia que sea a la vez genéticamente saludable y libre de clamidia.
Diversificar los genes
El punto de partida será transportar desde el continente koalas machos con alta diversidad genética y sin clamidia, para que se reproduzcan con las hembras locales dentro del santuario.
En lugar de controlar la reproducción en cautiverio, lo que sería inviable a esta escala, el equipo planea restringir zonas del bosque donde los animales puedan relacionarse de forma natural.
Si bien los rescates genéticos mal planeados pueden resultar contraproducentes y afectar la integridad genética de las poblaciones, estudios recientes indican que tales riesgos han sido sobrestimados. Aun así, Beaman y Burke Da Silva están adoptando todas las precauciones.
Para la primera reubicación, prevista en la segunda mitad de 2026, identificaron una colonia silvestre con una diversidad genética especialmente alta.
Para evaluar la compatibilidad genética, emparejaron a machos de dicha colonia con hembras de Isla Canguro en el Cleland Wildlife Park, cercano a Adelaida, y actualmente analizan el ADN de las crías resultantes.
Si la diversidad genética permaneciera insuficiente, se consideraría introducir un segundo grupo de koalas de otra población continental. «Evaluaremos la genética tras la primera fase y, según los modelos, decidiremos si es necesaria una nueva introducción», explica Burke Da Silva.

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Al alcanzar la diversidad genética deseada, el plan es reintroducir a estos koalas sanos y sin clamidia en el continente, especialmente en áreas con baja incidencia de la enfermedad (cualquier exposición a la infección anularía los avances de conservación logrados).
De acuerdo con Burke Da Silva, el estado de Nueva Gales del Sur —donde las poblaciones de koalas están disminuyendo rápidamente— ya ha manifestado interés en emplear estos koalas en futuras reintroducciones.
Una estrategia de conservación a largo plazo
Una brisa fresca recorre los árboles de The Koala Sanctuary mientras Burke Da Silva y Beaman recorren un mosaico de antiguas plantaciones y fragmentos de bosque nativo. En los próximos años, proyectan restaurar estas zonas con vegetación autóctona.
Se detienen debajo de un árbol nativo donde una hembra de koala se alimenta. “Tiene una cría”, comenta Beaman, indicando las pequeñas orejas que asoman desde su espalda.
La restauración de la salud genética de los koalas de Isla Canguro tomará varios años. No obstante, para 2027, Burke Da Silva y Beaman esperan haber comenzado a repoblar tanto el Parque Nacional Flinders Chase como partes del continente con koalas provenientes de la isla, libres de enfermedades y genéticamente resilientes.
A pesar del tamaño excepcional de la población que desean rescatar, Hogg considera que el proyecto es “más que viable con una planificación cuidadosa”.
Proteger la población libre de clamidia de Isla Canguro complementará otros esfuerzos nacionales, como la preservación del hábitat, la plantación de árboles genéticamente diversos para su alimentación, el desarrollo de una vacuna eficaz contra la clamidia y el rescate genético de otras poblaciones con baja diversidad.
En caso de éxito, esta iniciativa podría convertirse en un modelo para gestionar poblaciones silvestres vulnerables genéticamente antes de que alcancen un punto crítico.
Aunque los koalas australianos suman cientos de miles, están “fragmentados, aislados y con vulnerabilidad genética”, apunta Beaman. “Lo que hacemos aquí sirve para ensayar cómo abordar esta situación antes de que sea demasiado tarde”.
Además, Burke Da Silva y Beaman aspiran a que el santuario sea un ejemplo de ética para la convivencia. Colaboran con la comunidad Ngarrindjeri y otros grupos aborígenes, para quienes Isla Canguro tiene un profundo significado cultural, compartiendo el acceso a la tierra para ceremonias tradicionales.
Para Burke Da Silva, esa visión armoniza perfectamente con la labor científica del santuario.
«En definitiva, no solo nos corresponde sanar la naturaleza», afirma. «También debemos redescubrir qué significa que la naturaleza nos sane a nosotros».

