Guardiola, Azcón y Mañueco anticipan una serie de acuerdos tras desbloquearse la situación en Extremadura

«Es importante permitirles obtener algún mérito. La clave radica en ceder en asuntos compartidos, y con eso el conflicto desaparecerá: las críticas disminuirán y se alcanzarán pactos en todas las comunidades». Las negociaciones entre los barones del PP y Vox en Extremadura, Aragón y Castilla y León avanzan con rapidez, pese a la guerra dialéctica que Bambú mantiene contra Génova. La diferencia entre el ruido mediático y la verdadera intención de pactar es notable, y esta última es completa.
El equipo de Santiago Abascal acusa a Alberto Núñez Feijóo de obstaculizar los acuerdos, mientras que los populares replican comparando al líder de Vox con Sánchez: «Emplea las mismas estrategias: carta a sus bases y establecer un adversario». Sin embargo, lejos de la atención pública, las negociaciones continúan, como quedó patente el viernes en Mérida y el miércoles en Zaragoza.
«Sin apresuramientos», tal como lo ha pedido Vox, pero con la firme intención de cerrar acuerdos en las tres autonomías. «Es la voluntad expresada por los ciudadanos, no hay más», resume un barón popular.
«Vox aguardará» un poco más, aunque no prevén dificultades para «ponerse de acuerdo», aseguran cerca de Alfonso Fernández Mañueco. ¿Por qué se demoran los pactos? «Porque ahora Bambú y Génova están en su pulso particular, pero Extremadura será quien encarrile todo, y habrá acuerdo con Vox en las tres regiones», añaden. En Aragón dan por sellado el acuerdo y perciben «buena voluntad» y especialmente «un buen tono», aunque creen que los detalles finales dependerán de mantener la confidencialidad de los avances.
En Extremadura, la presidenta en funciones, María Guardiola, confía en que la fumata blanca sea inminente tras los progresos recientes: «Estamos enfocados en lograr el convenio definitivo. Esperamos comunicar buenas noticias a los extremeños pronto», indican en su entorno. Este pacto será el detonante para los otros dos. Así lo expresa uno de los tres barones populares implicados: «Esto es como el despegue de aviones. Se forman en fila para despegar. Hasta que Extremadura no despegue, nada se moverá».
Actualmente, el principal punto de conflicto para Vox radica en la participación de la dirección nacional de Génova en las negociaciones. En un giro inesperado, el equipo de Santiago Abascal responsabiliza a Alberto Núñez Feijóo de que exdirigentes de Vox desplazados critiquen la evolución de su partido. Incluso sostienen que Feijóo y Miguel Tellado controlan a figuras alejadas del PP como Javier Ortega Smith, José Ángel Antelo o Juan García-Gallardo, quienes han expresado públicamente su oposición a la bunkerización liderada por Santiago Abascal.
Las relaciones nacionales se han deteriorado rápidamente desde entonces. El secretario general y vicepresidente de Vox, Ignacio Garriga, ha acusado a Núñez Feijóo, Miguel Tellado y Mar Sánchez de recurrir a «prácticas propias de contrabandistas de ría». Esta acusación se hizo en una carta a la militancia durante la Semana Santa—en miércoles santo—donde Garriga además denunció que, a su parecer, desde Génova «han contactado con arribistas y resentidos para activar una maquinaria mediática contra el tercer partido en España».
Una semana después, quien representó a la dirección nacional del PP en Aragón no fue Tellado, sino Marta Varela, jefa de Gabinete de Feijóo, que no figuraba en la carta. «Vox pretende hacer con el PP lo que Sánchez hizo con los jueces». Es decir, «enviar una carta a su militancia y designar un enemigo», lamentan desde el equipo del líder popular.
«Hace seis semanas el problema era la Irene Montero de Extremadura y, tres semanas atrás, se trataba de Mañueco, quien según ellos los insultaba gravemente; ahora culpan a Génova porque buscan un pretexto para que los exmiembros cuestionen las decisiones internas de Abascal», añaden. «Pero la verdad es que ninguno de ellos ha salido de Génova; más bien, han abandonado Vox», critican.
Desde Génova aseguran a este diario que «en lo político, la diferencia no es tan amplia como en lo mediático», por lo que el conflicto es más una representación de Bambú que una realidad tangible. «Esperamos que Vox acceda a las investiduras». «Vox preferiría elevar la tensión verbal y propiciar un choque entre nosotros, pero no se lo vamos a permitir. Nosotros mantenemos la calma y todos sentados en la mesa», añaden.
En las negociaciones de Extremadura y Aragón, Vox ha pedido al Partido Popular no mencionar aún nombres y cerrar primero un convenio programático. Los populares lo aceptan: «No hay prisa ni presión. Solo se discuten las medidas. No se han tratado nombres ni en Extremadura ni en Aragón; quedan cuatro semanas», comentan. En efecto, ambas regiones deben tener presidente simultáneamente, a comienzos de mayo.
No obstante, la tensión nacional persiste. Garriga volvió a culpar el viernes a Génova de obstaculizar los acuerdos. «Hemos mantenido una interlocución clara con los barones del PP en las últimas semanas, pero Génova 13 no mostró la misma disposición e incluso, en ciertos momentos, saboteó las negociaciones con filtraciones», afirmó la mano derecha de Abascal.
La última reunión en Aragón, celebrada el pasado miércoles, se hizo pública a petición del equipo de Abascal. Este gesto evidencia su intención de alcanzar acuerdos y mostrar efectividad. Son conscientes de que bloquear la investidura de María Guardiola en Extremadura les perjudicó en Castilla y León. De un 22,6% en encuestas internas, bajaron al 18,9% en las elecciones.
En dicha reunión en Zaragoza «no se discutieron cargos, sino la búsqueda de un acuerdo programático», explican fuentes cercanas a Azcón. «Vox ha rechazado debatir puestos y quiere cerrar primero el programa de gobierno. Esto demuestra su cambio: intentan justificarse tras haber prometido regresar a los gobiernos», consideran.
En Vox, también existe voluntad de pactar. Garriga asegura que ahora el proceso avanza con mayor rapidez: «Estamos en la mesa de negociación desde el día después de la votación. Aunque con distinta velocidad en estos últimos días, seguimos avanzando. Más allá de las prisas de algunos, valoro el gran trabajo para lograr un acuerdo que, en esencia, busca mejorar la vida de la gente».
«Confío en que pronto se anuncie un acuerdo gubernamental significativo que demuestre que se pueden cambiar aspectos que durante mucho tiempo tanto el PP como el Partido Socialista declaraban inmodificables», declaró el viernes en RNE. «Lo más urgente es consolidar el sector primario, abordar el colapso sanitario y habitacional, solucionar los problemas de seguridad y aliviar la asfixia fiscal que sufren todos los españoles», añadió.
«Se desmontará la percepción de que Vox solo venía a gritar, a provocar y no a gobernar. Verán que Vox ha logrado acuerdos importantes, aunque no plenamente satisfactorios por carecer de mayoría absoluta, pero que representan un paso adelante para revertir políticas que, en nuestra opinión, han sido perjudiciales en estos años», concluyó Ignacio Garriga.

