La futbolista del Barça ha redescubierto la alegría de hacer planes en familia en rincones poco frecuentados de Cataluña.
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Existen lugares que no aparecen en las listas de visitas imprescindibles ni en los rankings de destinos populares, pero atesoran una magia tranquila capaz de conquistar incluso a quien ha obtenido tres Balones de Oro.
Cadaqués, situado en la punta oriental del Alt Empordà, ha pasado de ser un encantador pueblo de la Costa Brava a convertirse en el refugio al que regresa Aitana Bonmatí cuando busca desconectar y, al mismo tiempo, el lugar que alimentó la creatividad de Salvador Dalí durante años.
Con algo menos de 3.000 habitantes según los datos más recientes del INE, este municipio de Girona concentra en sus estrechas calles encaladas un valor cultural y simbólico poco común en otras zonas del Mediterráneo.
La centrocampista del Barça, ganadora del Balón de Oro y campeona mundial, ha mostrado en varias ocasiones su preferencia por el turismo local y por destinos que mantienen viva la identidad catalana.
Después de temporadas agotadoras, Cadaqués se ha establecido como uno de sus lugares favoritos: allí ha disfrutado buena parte de sus vacaciones recientes, compartiendo en redes sociales imágenes de calas, paseos por el puerto y encuentros con amigos frente al mar.
Aitana Bonmatí. Europa Press
Durante una de sus estancias, lució incluso una camiseta con el lema «I love Cadaqués», demostrando el estrecho vínculo emocional que la une a este pueblo.
La vista que disfruta Bonmatí es la misma que fascinó a Dalí casi cien años atrás. Aunque Cadaqués no fue su lugar de nacimiento —el pintor nació en Figueres— sí fue el pueblo más cercano a su corazón, según biografías y relatos locales.
Un pueblo con gran historia
La familia del artista solía veranear allí, y el joven Salvador fue fotografiado en la terraza de la casa familiar, situada en la playa de Llané Gran, un entorno que terminó inspirando numerosas de sus primeras obras.
Tras su etapa en Estados Unidos, Dalí se estableció de manera definitiva en Portlligat, una pequeña cala dentro del término municipal de Cadaqués, donde encontró la luz, el mar y la calma necesarias para desarrollar su estilo surrealista.
Esta relación creativa fue más que anecdótica. Cadaqués y su bahía figuran con frecuencia en la iconografía daliniana, al punto de que diversos estudios destacan cómo pinturas como «Muchacha en la ventana» se basan en las vistas del pueblo para generar la atmósfera que caracteriza la obra.
El paisaje irregular del cabo de Creus, los reflejos cambiantes del mar y la manera en que la luz atraviesa las fachadas blancas contribuyeron a construir un imaginario que ahora se promociona ante los visitantes como una parte esencial de la historia local.
Simultáneamente, el municipio ha experimentado un crecimiento demográfico ligado al auge del turismo y los servicios durante la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI, alcanzando alrededor de 2.900 habitantes.
Este tamaño moderado permite que Cadaqués conserve todavía el ritmo de un pueblo, con pescadores, comercios pequeños y una vida cotidiana fuera de temporada que contrasta con la actividad intensa del verano.
Precisamente esa mezcla entre tranquilidad y proyección internacional es lo que atrae a figuras como Bonmatí, quienes encuentran en este lugar un espacio para relajarse sin renunciar al simbolismo que representa.

