Главные выводы миссии Artemis II для перспектив освоения Луны людьми

Tierra y Luna

Fuente de la imagen, Getty Images

    • Autor, Pallab Ghosh
    • Título del autor, BBC News, Corresponsal de Ciencia
  • 37 minutos
  • Tiempo de lectura: 7 min

La misión Artemis II de la NASA ha superado todas las pruebas clave tras su lanzamiento el 1 de abril, mostrando un desempeño del cohete, la nave y la tripulación superior a las expectativas de los ingenieros.

Durante los seis primeros días de la misión, se confirmó que la cápsula Orión opera correctamente con tripulación a bordo por primera vez, un aspecto que ningún simulador previo podría haber replicado.

No obstante, su logro más destacado probablemente radica en las acciones de la tripulación de Artemis, las cuales han generado un nuevo aire de esperanza y optimismo en un mundo que parece necesitar inspiración con urgencia.

Sin embargo, permanece el interrogante principal: ¿será realmente factible el alunizaje previsto para 2028, tal como lo propugnan la NASA y el presidente Trump?

Lo que Artemis II ha revelado hasta el momento

Pocos días tras la llegada del sistema de lanzamiento espacial (SLS) de la NASA a la plataforma en el Centro Espacial Kennedy, ya se había extraído la lección más significativa sobre Artemis II.

Luego de dos intentos de lanzamiento cancelados en febrero y marzo por problemas técnicos diferentes, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, comentó: "Lanzar un cohete tan complejo e importante como el SLS cada tres años no es la fórmula para el éxito".

La misión anterior no tripulada, Artemis I, despegó en noviembre de 2022.

La agencia enfatizó que era necesario dejar de tratar cada cohete "como una pieza única de arte" y comenzar a efectuar lanzamientos con la cadencia de un programa consolidado.

Despegue de Orión

Fuente de la imagen, NASA

Esta afirmación apuntaba a que era necesario romper con el ciclo de aprender las mismas lecciones cada tres años.

Esto es fundamental porque replantea todo lo sucedido posteriormente. Y, con esa meta en mente, ¿qué ha demostrado la misión en los seis días desde que Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen iniciaron el vuelo el 1 de abril?

En definitiva, resultados que superan las expectativas incluso de los más optimistas.

Un cohete que cumplió con su función

De acuerdo con todos los parámetros relevantes para los ingenieros, el SLS operó como se anticipaba. Cada etapa del ascenso fue, en el lenguaje formal del centro de control, "nominal": desde la máxima presión dinámica, el apagado del motor principal hasta la separación de los propulsores.

Dos de las tres correcciones de rumbo planificadas durante su trayecto lunar fueron canceladas, ya que la ruta se mostró tan precisa que no resultaban necesarias. Simeon Barber, científico espacial de la Open University del Reino Unido, destacó: "Hay que reconocer su mérito, lo hicieron bien desde el primer intento".

De izquierda a derecha: Jeremy Hansen, Christina Koch, Reid Wiseman y Victor Glover

Fuente de la imagen, NASA

Al día siguiente del lanzamiento, se produjo un hito crucial. Orión activó su motor principal durante cinco minutos y cincuenta y cinco segundos —conocido como la inyección translunar—, situando la nave en una órbita lunar casi perfecta sin necesidad de maniobras mayores posteriores.

Lori Glaze, directora del programa Artemis, calificó ese potente encendido como "impecable".

Presencia humana a bordo de la nave

El propósito oficial de esta misión era introducir humanos en Orión y analizar qué sucede no solo con la nave, sino también con la interacción entre tripulación y máquina.

Lo experimentado coincidió exactamente con lo esperado y era algo que ningún simulador podría haber replicado.

Se reportaron inconvenientes con el baño y un problema en el dispensador de agua llevó a que la tripulación almacenase el agua en bolsas como medida preventiva. En una rueda de prensa inicial se mencionó una leve pérdida en redundancia en un sistema de helio, que fue resuelta sin mayores repercusiones.

La Luna eclipsando al Sol

Fuente de la imagen, NASA

Como precisó Barber: "Esto consiste en integrar a los humanos en el proceso, esas personas que pulsan botones, respiran dióxido de carbono, requieren aire acondicionado y necesitan usar el baño. Todo giró en torno a cómo opera el sistema con ellos a bordo".

Los ingenieros que monitorean el sistema de eliminación de CO2 en Orión mediante pruebas sucesivas, o que evalúan la conducta de la nave con propulsores intencionalmente desactivados, están confirmando que este vehículo es lo suficientemente seguro para transportar humanos hasta la superficie lunar.

La conclusión general de Barber fue clara: "Orión ha funcionado bastante bien en general; especialmente su sistema de propulsión, que es lo realmente crucial".

¿Ciencia relevante o exageración por parte de la NASA?

La NASA destacó los resultados científicos de la misión. La tripulación realizó amplias observaciones durante su sobrevuelo: documentaron en tiempo real alrededor de 35 formaciones geológicas, variaciones cromáticas que podrían revelar la composición mineral y un eclipse solar desde espacio profundo que, según el piloto Victor Glover, "resultaba casi irreal".

Una imagen sobresalió especialmente: la cuenca Orientale, un cráter de 965 kilómetros cerca de la cara oculta de la Luna, observado completamente por primera vez por ojos humanos.

No obstante, la ciencia no ocupa el lugar principal. El profesor Chris Lintott, de Oxford y copresentador del programa televisivo The Sky at Night, fue categórico: "El valor artístico de las imágenes enviadas por Artemis y su tripulación es importante, pero su valor científico es limitado".

La sonda india Chandrayaan-3 aterrizó en la región del Polo Sur en 2023. Por su parte, la sonda china Chang’e-6 recuperó muestras del lado oculto lunar en 2024. Estos robots han cartografiado el terreno con un nivel de detalle extraordinario.

La Tierra vista desde Orión

Fuente de la imagen, NASA

Pero el instante más conmovedor no provino de ningún instrumento científico, sino de la tripulación. Mientras los astronautas superaban la distancia máxima establecida por la misión Apolo 13 en 1970, el especialista en la misión Jeremy Hansen se comunicó con el Centro de Control en Houston.

Señaló un cráter localizado en el límite entre el lado visible y el oculto de la Luna: un punto brillante al noroeste del cráter Glushko.

"Hemos perdido a un ser querido", expresó con voz entrecortada. "Se llamaba Carroll, esposa de Reid, madre de Katie y Ellie. Queremos nombrar ese cráter como Carroll". Tras sus palabras, hubo 45 segundos de silencio. El comandante Reid Wiseman rompió en lágrimas. La tripulación se abrazó. En la Tierra, sus hijas observaban desde Houston.

Este momento tiene significado que trasciende el sentimentalismo.

Los programas espaciales que no logran evocar emociones humanas genuinas y espontáneas no perduran en el tiempo. La razón por la cual el programa Apolo permanece en la memoria colectiva no es solo por su ingeniería, sino por lo que simbolizó sobre el alcance y la valentía de la humanidad.

Artemis II en ese instante transmitió un mensaje similar.

El desafío principal aún está pendiente

La misión sigue en curso. Orión retornará a la Tierra y está planificado que americe en el océano Pacífico, cerca de San Diego, EE.UU., el 11 de abril.

El desafío restante es la reentrada atmosférica, el momento que generó tanta inquietud tras Artemis I, tras un daño inesperado en el escudo térmico que obligó a investigar y retrasar esta misión más de un año. La cápsula Orión ingresará a la atmósfera a aproximadamente 40.000 km/h.

Esta es la prueba que ningún simulador puede reproducir, y su resultado marcará el legado de esta misión más que cualquier imagen de la cara oculta lunar.

Escudo térmico de Orión

Fuente de la imagen, NASA

Si la reentrada se desarrolla sin incidentes, el panorama dejado por Artemis II será verdaderamente alentador. El cohete cumplió su función. La nave espacial respondió positivamente. La tripulación manejó los sistemas con competencia y precisión. Y la NASA finalmente ha planteado un plan factible para aprovechar este impulso en lugar de esperar tres años y reiniciar.

Un alunizaje para 2028 continúa siendo un objetivo ambicioso. Barber estima que hacen falta entre tres y cuatro años, y esta opinión resulta difícil de cuestionar.

No obstante, el buen desarrollo de esta misión —del despegue al sobrevuelo lunar— ha mejorado las probabilidades. La pregunta ya no es si Orión puede volar, sino si los módulos de aterrizaje y la voluntad política lograrán mantener el ritmo.

La nave espacial, al menos, ha cumplido con su parte del compromiso.

Artemis II es un relato de motivación y ciencia. Los eventos recientes evocaron la época del programa Apolo. En un momento en que el mundo carece de optimismo, similar a la década de 1960 con guerras en todo el planeta y disturbios civiles en Estados Unidos, este fue un instante donde, por una noche, se recuperó la sensación de unidad. La imagen de la Tierra fue un recordatorio.

Esto no marca el final de la historia, ni mucho menos; es apenas un vuelo de prueba para un alunizaje eventual, no solo uno, sino muchos que vendrán.

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