Ilia Topuria, de 29 años, relata las dificultades que enfrentó durante su infancia en Georgia: «Mi hermano y yo sufríamos acoso escolar y vivíamos con miedo»

Ilia Topuria, en un acto institucional en Madrid El doble campeón mundial de la UFC se formó en el país de origen de sus padres antes de llegar a España en su adolescencia.

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Ilia Topuria compartió una de las revelaciones más personales de su trayectoria al recordar su infancia en Georgia, etapa en la que, según manifestó, el acoso escolar y el temor eran parte habitual de su vida.

Durante su intervención en el podcast Charlas Adictivas, el campeón hispano-georgiano decidió ir más allá de su imagen pública y abordó sin reservas cómo le impactó crecer en un entorno difícil, tanto dentro como fuera del ámbito escolar.

El luchador rememoró que, siendo niño, se mudó con su familia a Georgia y se enfrentó a una realidad exigente, presente en las calles y en las aulas.

«Vivíamos en Georgia. Estudiábamos en un colegio allí, y cualquiera que conozca la cultura de nuestro país sabe que es estricta», contó, destacando que el ambiente escolar estaba marcado por una «constante confrontación» entre los chicos.

Esta situación, explicó, a menudo desembocaba en peleas, humillaciones y momentos en los que debía defenderse aun sin buscar el conflicto.

«Nos acosaban en la escuela. Se daban enfrentamientos frecuentes con los chicos y a menudo había que defenderse. Siempre fui un niño que evitaba las peleas en la calle, pero en ocasiones es necesario enfrentarlas, y sentía miedo», confesó Topuria en la entrevista, mencionando también a su hermano Aleksandre, que compartió esas experiencias a su lado.

El campeón también reflexionó sobre cómo se asimilan estas experiencias siendo tan joven. «Cuando eres pequeño, no sabes qué está bien o mal, ni cómo protegerte o a quién recurrir», relató, dejando claro que la carencia de apoyo emocional y de referentes intensificaba la sensación de vulnerabilidad.

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Detalló que muchas de estas situaciones ocurrían en momentos cotidianos, como durante el recreo, cuando los chicos mayores podían intimidarle, burlarse o intentar apropiarse de su dinero o pertenencias.

En otro momento de la charla, Topuria resumió el impacto de esos años con una frase clara y directa: «Tenía miedo». Un miedo que no se limitaba al instante de la agresión, sino que se extendía a la anticipación: entrar en clase, cruzarse con algunos compañeros o salir al patio suponía, según explicó, enfrentarse a la posibilidad de humillación.

Esa tensión continua le hizo sentirse «inferior» y condicionó su forma de interactuar con quienes le rodeaban.

Al mismo tiempo, el luchador dejó claro que su carácter no correspondía al de un niño problemático. «Yo siempre fui un niño que evitaba los conflictos en la calle; me inclinaba por el deporte», señaló, marcando la diferencia entre la violencia que debía afrontar en el colegio y la disciplina que descubriría luego en las artes marciales.

Esta distancia entre su vivencia y su verdadera naturaleza refuerza, en su relato, la idea de que el acoso escolar no está relacionado con la personalidad de la víctima, sino con un contexto que permite o favorece estas conductas.

Sus declaraciones conforman así una radiografía de una infancia marcada por la inseguridad, la confusión y el miedo, en la que, como él mismo admite, desconocía «cómo defenderse» ni «a quién acudir» frente a agresiones que superaban el mero juego entre compañeros.

Ya transformado en una de las figuras destacadas de la UFC, Topuria recupera ese periodo no para victimizarse sino para dar voz a una realidad que muchos niños continúan sufriendo en silencio.

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