Las claves
Pedro Sánchez presentará a Yolanda Díaz como la representante española para liderar la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Díaz competirá contra el actual director de la OIT, Gilbert F. Houngbo, quien busca renovar su período y cuenta con respaldo internacional.
La postulación de Díaz se suma a la de Luis Planas para la FAO, lo que obliga a España a apoyar a dos ministros para altos cargos internacionales dentro de la ONU.
El empeoramiento del diálogo social en España y la falta de apoyo empresarial a las reformas de Díaz podrían complicar su candidatura frente a la OIT.
Pedro Sánchez planea anunciar este jueves que España presentará a Yolanda Díaz como candidata para dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Como adelantó EL ESPAÑOL, el presidente apoya la aspiración que Díaz manifestó hace meses y le abre una posible vía tras renunciar a encabezar una lista electoral y perder protagonismo dentro de Sumar.
Las candidaturas deben formalizarse antes del 31 de agosto, la elección tendrá lugar en noviembre y el mandato de cinco años comenzará en octubre de 2027. Por lo tanto, el calendario permitiría que Díaz permanezca en el Gobierno hasta el final de la legislatura.
No obstante, hay tres obstáculos principales que podrían impedir que la actual vicepresidenta segunda alcance la OIT: la intención del actual director de continuar, la candidatura de Luis Planas a la FAO y el deterioro del diálogo social en España.
Gilbert F. Houngbo, actual director
El primer obstáculo tiene nombre propio: Gilbert F. Houngbo, actual director general de la OIT. Díaz no competirá por un puesto vacío, sino frente a alguien que dirige la organización desde octubre de 2022 y que todo indica desea continuar.
Houngbo fue primer ministro de Togo entre 2008 y 2012, y luego presidió el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola. Además, es el primer africano en dirigir la OIT, un aspecto que podría fortalecer su apoyo para seguir en el cargo.
¿Quién decide su elección? Corresponde al Consejo de Administración de la organización, formado por representantes de gobiernos, sindicatos y empresarios.
Por ello, Díaz deberá construir una mayoría internacional que trascienda el respaldo del Gobierno español, las centrales sindicales y los ejecutivos progresistas europeos.
La candidatura de Planas a la FAO
El segundo escollo está relacionado con el actual ministro de Agricultura, Luis Planas. Sánchez anunció hace meses que España promoverá su candidatura para liderar la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El Gobierno apuesta porque Planas se convierta en el candidato europeo para reemplazar al chino Qu Dongyu, cuyo segundo mandato finaliza también en 2027.
La postulación de Díaz obliga ahora a Moncloa y a Exteriores a defender simultáneamente a dos ministros españoles para liderar dos de los organismos especializados más importantes de Naciones Unidas.
En realidad, no hay norma que lo prohíba, aunque no es habitual que un país concentre dos puestos internacionales de esta relevancia.
Ambas candidaturas podrían disputar apoyos comunes. Los nombramientos en organismos multilaterales suelen negociarse mediante intercambios de respaldo político entre países, por lo que cada apoyo comprometido con Planas puede disminuir las opciones de Díaz.
El diálogo social, al mínimo
El tercer inconveniente impacta directamente en la carta de presentación de la vicepresidenta. Díaz pretende presidir la OIT incumpliendo notablemente los convenios de esta organización, siendo España el único país de la UE incluido en dicha lista.
Además, la OIT es la única agencia de Naciones Unidas que tiene una estructura con participación conjunta de gobiernos, sindicatos y organizaciones empresariales. El diálogo social constituye la base fundamental para su funcionamiento.
Díaz puede presentar la reforma laboral de 2021 como su principal respaldo. Sin embargo, aquella reforma contrasta con el posterior empeoramiento en las relaciones entre el Ministerio de Trabajo y la patronal.
Las últimas subidas al salario mínimo se aprobaron sin el apoyo de los empresarios. La reducción de la jornada laboral a 37,5 horas fue acordada exclusivamente con los sindicatos y terminó fracasando en el Congreso. Tampoco cuenta con respaldo empresarial el nuevo registro horario, que sigue bloqueado.
Díaz mantiene buena relación con CCOO y UGT, que han apoyado muchas de sus reformas. Sin embargo, para encabezar la OIT deberá también persuadir a los representantes empresariales.
En este sentido, la confrontación con la CEOE y la fractura del diálogo social en España pueden jugarle en contra.

