Pilar y Marisol: contraste en el respaldo del Congreso a víctimas de un asesinato y un accidente de tráfico

Pilar, madre de Josep Boan, a la izquierda; y Marisol, madre de Marta Calvo, en la tribuna del Congreso.

El Congreso trató dos iniciativas para endurecer el Código Penal tras la intervención de dos madres afectadas por tragedias: Marisol Burón y Pilar Rosanes.

La propuesta para ampliar la prisión permanente revisable en situaciones en que el asesino no revela el paradero del cuerpo fue rechazada por la mayoría de los diputados.

En cambio, la iniciativa que busca incrementar las penas contra conductores imprudentes, promovida por el PSOE y respaldada por Junts, sí fue aprobada.

Las emociones y relatos de las madres impactaron a la cámara, generando momentos de tensión y debate sobre legislar impulsados por las emociones.

Marisol Burón perdió a su hija, Marta Calvo, asesinada por un hombre con quien había contactado a través de un sitio web de citas. El cuerpo nunca fue encontrado.

A Pilar Rosanes le arrebataron la vida de su hijo, Josep Boan, tras ser atropellado por un conductor que circulaba a 130 kilómetros por hora en una zona limitada a 70.

Ambas comparten una experiencia: acababan de estar en la tribuna de invitados del Congreso para observar cómo se debatían sendas propuestas orientadas a modificar el Código Penal, con el fin de endurecer las sanciones de los delitos que destruyeron sus vidas.

Marisol tenía esperanzas en que se ampliara la prisión permanente revisable para casos donde el criminal oculta la localización del cadáver de su víctima. Esta posición respaldada por el PP no prosperó.

Marta aspiraba a que el Código Penal imponga castigos más severos a conductores temerarios. Esta iniciativa, promovida por el PSOE, sí superó el trámite parlamentario.

No es la primera vez que víctimas acceden a la tribuna de invitados en el Congreso, pero sí es la primera que las emociones abrumaron a los diputados.

Aunque, cuando la madre de Marta Calvo entró en el hemiciclo, el resultado ya parecía decidido: la mayoría de izquierdas y nacionalistas la derrotarían.

Sin embargo, bastó que la diputada popular Macarena Montesinos leyera con la voz entrecortada unas palabras pronunciadas en su momento por Marisol Burón para que los argumentos se desmoronaran y varios diputados manifestaran incomodidad con la postura que debían defender.

«Yo me acostaba sin arroparme, quería sentir frío porque sabía que ella estaba expuesta al aire libre», leyó Montesinos.

La bancada del PP se levantó de sus asientos. Desde la tribuna, Marisol Burón, conmovida, se puso de pie también, con la mano en el pecho, agradeciendo el aplauso de un hemiciclo que por un instante dejó de centrarse en sí mismo.

Desde Podemos, Martina Velarde expresó una disculpa casi inmediata: «Comprendo que el dolor debe ser inmenso, pero como diputada y jurista debo centrarme en la legislación».

La nota discordante la aportó Pilar Valluguera, de ERC, quien tildó el momento de «pornografía emocional» y acusó al PP de «ruindad al hacernos presenciar esto aquí» antes de votar.

Algunos diputados socialistas se llevaron las manos a la cabeza. «No era adecuado», declararon después en privado.

El portavoz socialista, David Serrada, no profundizó en el asunto y se limitó a enviar un abrazo a Burón.

La emoción irrumpió en la sesión y varios oradores admitieron que debieron atenuar y modificar sus intervenciones previamente preparadas.

Bildu solicitó «no legislar a partir de la emoción». Junts denunció una «instrumentalización penal con fines partidistas».

Al momento de votar, las emociones quedaron a un lado. La mayoría refrendó un «no» a la propuesta del PP.

Al retirarse, Marisol Burón, visiblemente desilusionada, se preguntaba ante las cámaras si quienes rechazaron la reforma del Código Penal también habrían votado en contra si la víctima hubiese sido su propia hija. Nadie respondió.

Dolor sin reproches

Una semana después, la Cámara Baja se sentó nuevamente en una atmósfera cargada de dolor: en uno de los asientos altos estaba la madre de Josep Boan, Pilar Rosanes, acompañada discretamente por la portavoz de Junts, Marta Madrenas.

Ese día se discutía una proposición del PSOE para que exceder los límites de velocidad de forma grave sea considerado delito.

El propósito era el mismo: una toma en consideración para modificar el Código Penal.

La historia también es trágica. Josep fue un motorista arrollado por un turismo en una carretera con muchas curvas en A Coruña.

Aunque la propuesta lleva la firma parlamentaria del PSOE, la diputada Madrenas lleva un año colaborando con Pilar Rosanes, quien impulsa esta iniciativa para que la muerte de su hijo deje un legado en la legislación.

En esta ocasión, nadie recriminó el uso del dolor personal de una madre, y nadie lamentó haber visto de cerca el rostro de una víctima al debatir una norma que le afecta directamente. El aplauso fue unánime.

Dos historias trágicas con desenlaces diferentes.

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