En este discreto rincón del noreste de Madrid se encuentra uno de los ejemplos más destacados de arquitectura mudéjar del siglo XVI, un templo singular en la ciudad que ha sido catalogado como Bien de Interés Cultural por su notable valor histórico
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En la periferia histórica de Madrid, donde la urbe se desarrolló entre caminos reales y pequeñas aldeas agrícolas, perduran construcciones que apenas destacan a simple vista pero que custodian en su interior episodios fundamentales de la arquitectura peninsular. Son lugares donde tradición e innovación conviven sin estridencias.
Alejándose de las principales rutas turísticas, este templo ubicado en el barrio de Canillejas, al noreste de Madrid, alberga un elemento que lo torna excepcional: dos techumbres de madera con decoración de lazo de tradición mudéjar, fechadas a mediados del siglo XVI. Es un conjunto considerado «único en su género» dentro de la ciudad, ya que pocas estructuras similares han perdurado en edificios contemporáneos.
Una arquitectura modesta que encierra un tesoro artístico
La Iglesia de Santa María la Real corresponde a un modelo de arquitectura religiosa rural construido entre finales del siglo XV y el siglo XVI, empleando materiales sencillos como mampostería o tapial reforzado con ladrillo. No obstante, su interior contradice esa simplicidad con una elaborada carpintería de lazo, donde destacan las formas geométricas y estrellas de ocho puntas talladas en la madera, que reflejan el elevado nivel técnico alcanzado por los artesanos.
La iglesia, edificada en dos fases —primero la cabecera y luego la nave—, combina la tradición mudéjar con influencias renacentistas visibles en el friso de esgrafiado a la cal que recorre la cabecera. Situada en el antiguo Camino Real de Aragón, esta parroquia formó parte de un punto histórico de paso y descanso, un origen que todavía se percibe en este espacio que ha conservado intacto un legado arquitectónico poco común en Madrid.
Este valor patrimonial motivó una intervención en 2019 promovida por la Dirección General de Patrimonio Cultural, que permitió restaurar la armadura original tras eliminar elementos añadidos y reforzar su estructura, afectada por humedades. Las labores incluyeron la restauración de la cenefa esgrafiada, la recuperación de la única ventana original y la mejora de la iluminación para destacar el conjunto. Debido a su importancia arquitectónica, artística e histórica, el templo fue declarado Bien de Interés Cultural mediante el Decreto 291/2019, de 12 de noviembre, del Consejo de Gobierno, publicado en el BOCM.
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