Responsabilidades legales por daños causados por mascotas en viviendas alquiladas

Normalmente, la fianza puede emplearse para cubrir los daños provocados por mascotas cuando estos superan el desgaste habitual derivado del uso cotidiano del inmueble

Una mujer joven scon su

En España, los contratos de alquiler de vivienda están regulados por la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), que estipula que el inquilino debe devolver la vivienda en condiciones óptimas, descontando el desgaste ordinario por el uso. Sin embargo, esta legislación no aborda específicamente la posesión de mascotas, dejando que sean los contratos particulares quienes determinen si se permiten o no animales y establezcan las responsabilidades vinculadas a ellos. Esto implica que el contrato define qué está autorizado y qué consecuencias tienen los daños que un perro o gato pueda causar en la propiedad.

Uno de los puntos más importantes es la fianza o depósito de garantía. El arrendador tiene la facultad de retener total o parcialmente dicho depósito para reparar los desperfectos que excedan el desgaste normal del inmueble. Sin embargo, no está permitido utilizarla para justificar deterioros atribuibles al uso rutinario, como por ejemplo el desgate en la pintura o los suelos debido al paso del tiempo. Además, en caso de que los daños superen el importe del depósito, el propietario puede reclamar el pago de la diferencia e incluso acudir a vías judiciales si fuera necesario.

Perro triste. (Freepik)

De este modo, la responsabilidad del inquilino abarca cualquier daño provocado por su mascota que supere el desgaste habitual del inmueble. Los daños más comunes incluyen arañazos en puertas o suelos, mordeduras en muebles, manchas persistentes de humedad o suciedad, e incluso daños en instalaciones eléctricas o fontanería si el animal muerde cables o grifos. Para que el propietario pueda exigir compensación, debe demostrar que los daños se deben al inquilino y no a la antigüedad o uso regular del inmueble. Registrar los daños resulta fundamental: fotografías, videos y, cuando sea posible, peritajes o informes de reparación permiten evidenciar objetivamente el grado de deterioro. Esto protege tanto al propietario, buscando una reparación justa, como al inquilino, que evita deducciones injustificadas de la fianza.

Cuándo puede exigirme el casero compensación adicional

En ciertos casos, los contratos de alquiler incluyen cláusulas específicas sobre mascotas que pueden imponer multas adicionales o solicitar seguros para cubrir posibles daños. Es esencial revisar tales cláusulas antes de firmar el contrato y aclarar con el arrendador todas las dudas sobre lo permitido y las obligaciones económicas que podrían derivarse. Mantener una comunicación abierta con el propietario y actuar con transparencia ante cualquier incidente contribuye a prevenir disputas legales. Informar de inmediato sobre cualquier daño facilita acuerdos amistosos y reduce el riesgo de reclamaciones judiciales.

Existen diversas medidas que los inquilinos pueden tomar para disminuir riesgos. Adiestrar y supervisar a la mascota ayuda a evitar daños accidentales, mientras que examinar las cláusulas del contrato antes de mudarse permite conocer claramente los límites y responsabilidades. Algunos seguros para inquilinos incluyen cobertura de daños ocasionados por animales, lo cual puede evitar gastos imprevistos y aportar tranquilidad. Documentar el estado del inmueble al inicio y al final del contrato mediante fotografías o videos permite verificar el estado real de la vivienda y minimizar disputas al finalizar el alquiler. Asimismo, es recomendable usar protectores en muebles, alfombras y suelos para aminorar el impacto de posibles accidentes domésticos.

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