Ciertas dinámicas negativas pueden revertirse, aunque la experta aclara que esto no implica que “inevitablemente debas permanecer en esa relación”

En ocasiones, las relaciones no comienzan siendo problemáticas: surgen espontáneamente en base a afinidades, momentos compartidos y una sensación de seguridad. No obstante, con el tiempo, algunas dinámicas se modifican casi sin percibirlo. Aquello que antes parecía inocuo empieza a generar incomodidad, desgaste o incluso un malestar constante.
En ese proceso es común que surjan comportamientos difíciles de detectar inicialmente: reproches sutiles, falta de comunicación, dependencia emocional o conductas de control. No siempre se trata de conflictos evidentes, sino de pequeñas actitudes reiteradas que terminan conformando una relación desbalanceada.
Muchos se cuestionan entonces si ese tipo de relaciones es posible reconducir o si, por el contrario, están destinadas al fracaso. La respuesta no es sencilla y depende de diversos factores. “Hoy traigo la respuesta sobre si una relación tóxica se puede solucionar o no. Y la respuesta es que depende”, explica la psicóloga Alba Guijarro (@talcualtia en TikTok). Su enfoque parte de una idea clave: no existe una solución universal válida para todos los casos. “Sé que esto no es lo que quieres oír, pero te lo explicaré claramente”, añade.

Las dos condiciones para modificar una relación tóxica
Según detalla la especialista, hay dos requisitos fundamentales para que una relación de este tipo pueda transformarse. “Una relación tóxica puede cambiar si se cumplen dos aspectos. Primero, que ambas personas reconozcan la problemática, no solo una de ellas. Y segundo, que exista una voluntad genuina de hacer algo distinto”. En otras palabras, no basta con que una de las partes perciba el problema o desee mejorarlo; el compromiso debe ser compartido.
En este sentido, Guijarro enfatiza la diferencia entre intención y hechos concretos. “No promesas, sino cambios reales”, destaca. Muchas relaciones se mantienen sobre expectativas de cambio que nunca se concretan, lo que extiende el malestar y fortalece las dinámicas negativas.
La psicóloga también recurre a evidencia científica para desmontar uno de los mitos más comunes: que el paso del tiempo es la solución. “Debes saber que la investigación sobre cambios en patrones relacionales es bastante concluyente. Los patrones tóxicos no desaparecen por sí solos con el tiempo ni por amor”. En lugar de desaparecer, estas conductas tienden a arraigarse si no se interviene activamente.
De hecho, advierte sobre un efecto contrario a lo que muchos esperan. “Sin intervención activa tienden a profundizarse”, señala. Esto significa que ignorar el problema o confiar únicamente en el vínculo emocional puede empeorar la situación en lugar de solucionarla.
Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos
Aun así, la oportunidad de cambio no debe confundirse con una obligación a permanecer. Guijarro introduce aquí una reflexión esencial que a menudo queda fuera de consideración. “Quiero que entiendas bien esto: que una relación tenga solución no implica que debas quedarte necesariamente en ella”.
Esta declaración abre espacio para una reflexión más profunda sobre el bienestar personal. En ciertos casos, incluso cuando hay posibilidad de mejora, la decisión más saludable puede ser terminar la relación. “Y muchas veces el cambio más saludable es salir de ahí”, afirma.
Para quienes dudan sobre su situación concreta, la psicóloga propone una pregunta clave para iniciar la reflexión. “Entonces, ¿cómo saber en cuál de los dos casos te encuentras? Pues hazte esta pregunta: ¿la otra persona reconoce lo que ocurre o siempre acaba siendo tu culpa?”.
La respuesta, explica, es más reveladora de lo que parece a simple vista. “Ten en cuenta que esta respuesta revela mucho más de lo que imaginas”. En ella se condensa, en gran medida, la posibilidad real de cambio o la evidencia de una dinámica que difícilmente se transformará.

