Hermano mayor de Francisca Cadenas investigado por posible implicación en homicidio violento: «No se puede descartar»

Los indicios apuntan a una colaboración conjunta y numerosas incongruencias en el relato del autor confeso. «Estaban obsesionados con ella», subraya la UCO. Y esto queda demostrado en las escuchas intervenidas.

La investigación implica al hermano mayor en el homicidio "violento" de Francisca Cadenas: "No se puede descartar"

Pese a los esfuerzos de Juli González -50 años-, autor confeso del homicidio de su vecina Francisca Cadenas (59) en su domicilio de Hornachos (Badajoz) para exonerar a Lolo (55), su hermano menor implicado en el caso, ni la UCO ni el juez de instrucción consideran creíble esta versión y estiman que ambos participaron en la muerte de su vecina la noche del 9 de mayo de 2017. «De las diligencias policiales realizadas hasta el momento se deduce que Manuel podría haber intervenido en los hechos, ya que del relato de Juan Julián no queda claro el instante exacto de la muerte de Francisca, por lo que no se puede descartar que esta ocurriera tras la llegada de Manuel al domicilio».

Lolo siempre ha proclamado su inocencia. Lo ha hecho ante la UCO, ante el juez y también frente al hijo menor de la víctima, en la ocasión del pasado miércoles, ya detenidos. Sucedió en la misma calle Nueva, donde residían ambas familias, justo cuando eran conducidos por la UCO a registrar otra propiedad cercana perteneciente a los hermanos. En ese momento, rodeados de agentes, esposados y bajo la mirada airada de los vecinos reunidos en la calle, Lolo se dirigió a José Antonio para intentar justificarse: «Yo no sabía nada». El hijo de la víctima le había reprochado con estas palabras: «Mírame a los ojos». Ambos habían sido vecinos durante toda su vida, vivían a solo dos casas de distancia y hasta habían asistido a la boda de uno de los tres hijos varones.

No obstante, el auto resalta que «se evidencia el conocimiento de ciertos detalles sobre el momento de la muerte por parte de Manuel, quien en una de las escuchas llega a realizar afirmaciones acerca de partes íntimas de Francisca, lo que impide considerar que Manuel estuviera completamente ajeno a los hechos investigados».

Esta es una de las conclusiones centrales del auto emitido por el Tribunal de Instancia de Villafranca de los Barros, tras interrogar a los detenidos, y que ordena su ingreso en prisión provisional por los delitos de homicidio y contra la libertad (enterramiento y ocultación del cadáver durante nueve años tras el descuartizamiento). Como publicó en exclusiva EL MUNDO, Juli mantuvo ante la justicia su teoría de que fue únicamente él quien agredió a la mujer, después de que ella, según su declaración, entrara en su casa para preguntar por la salud de su tía, gravemente enferma. Entonces, lo sorprendió «consumiendo cocaína», se lo recriminó, iniciaron una discusión y la golpeó una sola vez. «Me enfadé y lleno de ira, alterado, le di un golpe en un ataque de rabia».

Este es el relato de Julián, que hace hincapié en que todo sucedió de forma repentina, sin ensañamiento y bajo la influencia de las drogas. En otras palabras, parece que busca atenuantes para una posible condena de prisión permanente revisable. En su versión, Juli asegura que ocultó el cuerpo mientras su hermano regresaba de Mérida tras visitar a su padre, ingresado en ese momento. Por tanto, Lolo, según esta versión, no habría tenido conocimiento de lo ocurrido.

La versión del confeso autor no convence a la investigación. Así lo señala el juez: «Existen indicios que, al encontrarse el cuerpo de Francisca en el domicilio de los investigados, indican que la muerte de dicha mujer fue causada por estos (dos), presentando el cadáver una violencia particular en el momento del deceso con lesiones perimortem provocadas por objetos aún no identificados». El auto detalla que el cuerpo apareció sin ropa en su parte inferior, así como con elementos de sujeción como bridas, cuerda y mordaza. El juez puntualiza que el cadáver fue hallado el miércoles «aparentemente descuartizado con instrumentos aún no localizados en el domicilio de los investigados».

La autopsia resalta la presencia de «lesiones traumáticas de naturaleza no accidental», por lo que concluye que «se trata de una muerte violenta producida mediante un mecanismo que garantizaba la indefensión de la fallecida, destacando la presencia de bridas en las muñecas, mordaza y la posible utilización de objetos aún no identificados para causar las heridas físicas».

De la investigación desarrollada hasta ahora «se desprenden indicios suficientes sobre la participación de los (dos) investigados en los hechos descritos», y se evidencia que Juli nunca ha colaborado: no ha ofrecido «un relato libre de los hechos, sin especificar momento, lugar ni ninguna circunstancia que permita comprender el entorno y las circunstancias que rodearon el momento en que se produjo la muerte».

El juez destaca que ambos acordaron conjuntamente «la destrucción de terminales móviles usados por Julián en la fecha de los hechos, que fueron recuperados por los agentes de la Guardia Civil». Esto muestra «cómo los investigados intentaron eliminar pruebas que podrían ser esenciales en esta investigación». Sucedió el pasado 7 de marzo, cuando la UCO ya seguía de cerca a los hermanos en Hornachos, acontecimiento en el que «Julián tiró a la basura los teléfonos móviles, tras acordarlo con Manuel».

Respecto a Lolo, el auto judicial ordena esclarecer su coartada la noche del crimen (9 de mayo de 2017), fecha en la que siempre ha alegado que se encontraba en el hospital de Mérida cuidando a su padre, y que alrededor de las 23:00 horas, justamente la hora en que desapareció Francis, salió del centro médico para desplazarse a Hornachos (59,6 km). Así, el hermano mayor llama a declarar a empleados del hospital, aunque el juez señala que «la identificación difícilmente podría realizarse» hoy en día, sin perjuicio de que estas diligencias puedan ser acordadas en adelante.

Como informó ayer EL MUNDO, por el momento no existen pruebas que confirmen —y por ello no están imputados por estos delitos— que se produjera un ataque sexual previo a la muerte, aunque la abogada de la acusación, Verónica Guerrero, afirma que defenderá en el juicio el móvil sexual como motivo del crimen. «Vivían obsesionados con ella», recalca la UCO. Y lo demuestran las escuchas intervenidas.

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