José M. G. acaba de salir de prisión, donde estuvo recluido tras agredir en noviembre de 2023 a una mujer a quien además le colocó una cadena.

José M. G., el individuo arrestado por provocar este miércoles un incendio en un edificio de Miranda de Ebro (Burgos), que causó la muerte de tres mujeres, salió recientemente de prisión tras ser sentenciado a un año y siete meses por un delito de detención ilegal en grado de tentativa con la agravante de reincidencia.
En el juicio celebrado el 8 de noviembre de 2024 en la Audiencia Provincial de Burgos, se valoraron decisivamente unas imágenes impactantes tomadas a la víctima en el Hospital Santos Reyes de Miranda de Ebro el mismo día en que ocurrieron los hechos, el 20 de noviembre de 2023, un año antes. En ellas se aprecia a la mujer, Carmen, sentada en un sillón del hospital con una pesada cadena oxidada atada al cuello mediante un candado. La cadena medía aproximadamente 1,5 metros, colgándole casi hasta los pies, rematada con otro candado.
En su testimonio, recogido en la sentencia a la que tuvo acceso elmundo.es, Carmen relató que el día anterior, 19 de noviembre, acudió a visitar a José en la vivienda que ocupaba ilegalmente, motivo por el cual todas las ventanas estaban tapiadas. Además de José, en el domicilio estaba también un amigo suyo.
José, de etnia gitana al igual que Carmen, le entregó algo de ropa perteneciente a una mujer con la que había mantenido una relación, quien resultó ser una prima de Carmen, Dolores. Esta última, de 58 años, es una de las víctimas mortales del incendio donde también fallecieron su madre, Antonia (78), y otra vecina del edificio, Laura Valentina (24).
«Al día siguiente, 20 de noviembre de 2023, alrededor de las 10:15 horas el acusado se topó con Carmen, que salía del Hospital Santos Reyes de Miranda de Ebro tras visitar a su prima, y se ofreció a llevarla en su coche al centro donde recibía tratamiento con metadona, oferta que ella aceptó», se detalla en el apartado de «hechos probados» de la sentencia.
Durante el trayecto, José explicó que debía detenerse en su domicilio y, al llegar, acusó a Carmen de haberle sustraído el teléfono móvil a un amigo suyo el día anterior. Carmen negó la acusación; entonces discutieron, y ella se dirigió a buscar más ropa de su prima, momento en el que el acusado la agredió con varios golpes en el rostro para intentar recuperar el teléfono, según recoge el fallo judicial.
«Al no conseguirlo, el acusado decidió colocarle una cadena con un candado, la cual ató alrededor del cuello dejando otro candado en el extremo; dicha cadena medía aproximadamente un metro y cincuenta centímetros, aunque no la aseguró a un punto fijo que impidiera su fuga», continúa el relato de hechos probados. «A pesar de la cadena, Carmen podía moverse, por lo que salió al patio del domicilio donde se encontraba el acusado, quien no impidió su salida.»
Carmen abandonó la casa ocupada por José para presentar una denuncia en el cuartel de la Guardia Civil. «Llevaba un abrigo grande, tipo masculino, que le llegaba casi a los pies y le cubría el cuello, así como una o dos mascarillas, y relató que un hombre la había golpeado sin revelar su identidad ni mencionar haber sido atada o retenida contra su voluntad. Los agentes observaron que tenía un ojo amoratado y por ello verificaron si podía tratarse de violencia de género, resultando negativa tras examinar los archivos correspondientes, ofreciéndole llamar a una ambulancia para traslado hospitalario, oferta que fue rechazada; ella abandonó las dependencias alegando que se le había olvidado acudir por la metadona. Ninguno de los dos agentes comprobó si bajo el abrigo llevaba alguna cadena o candado.»
Sobre las 14:45 horas —cuatro horas y media después de la visita a José— Carmen acudió a urgencias del hospital, donde le emitieron un parte médico por las contusiones faciales y notificaron a las fuerzas de seguridad al observar la cadena alrededor de su cuello.
En el juicio contra José M. G., de 60 años, se le juzgaba por detención ilegal y agresión sexual; sin embargo, este último cargo no fue probado por el tribunal debido a contradicciones en la declaración de la víctima, influenciadas sin duda por las particulares características de su persona, drogodependiente de larga evolución.
No hubo dudas, en cambio, respecto a que José le provocó a Carmen un ojo morado y le colocó la cadena, por lo que fue condenado por detención ilegal en grado de tentativa con la agravante de reincidencia.
Ocho años antes, en diciembre de 2015, había secuestrado en la misma localidad a una niña de nueve años, a quien sometió a actos de contenido sexual. Una vecina, que los vio juntos, dio aviso y la menor fue liberada tras permanecer retenida durante 14 horas. Por estos hechos, José M. G. fue condenado a seis años de prisión por detención ilegal y abuso sexual.

