Óscar Freire comenta que no dirigió a la Selección por razones políticas, pero no descarta la posibilidad y espera poder hacerlo para llamar a su hijo.

Óscar Freire posa con productos de la marca Van Rysel de Decathlon. EL ESPAÑOL conversa con el triple campeón mundial y flamante embajador de Decathlon para evaluar el pasado, presente y perspectivas futuras del ciclismo a nivel internacional.

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El 23 de diciembre de 2012, Óscar Freire (Torrelavega, 1976) oficializó su retirada del ciclismo en un evento celebrado en Puente Viesgo (Cantabria). Imitando a los grandes toreros que se cortan la coleta para anunciar su despedida, el cántabro colgó la cuadro de su bicicleta Olmo, con la que debutó como profesional en el equipo Vitalicio Seguros en 1998.

Rodeado de amigos y antiguos compañeros, Freire hizo oficial lo ya decidido. El ciclista con más títulos mundiales en la historia (empató a 3 con Alfredo Binda, Eddy Merckx, Rik Van Steenbergen y Peter Sagan) se despedía de manera definitiva del máximo nivel. Su última gran actuación había sido un décimo puesto en el Campeonato del Mundo de Valkenburg.

En su decimotercera participación de esta competición y tras ocho años de su última victoria (Verona, 2004), Óscar mantenía la ilusión de obtener su cuarto título, que lo situara en solitario como uno de los más ilustres mundialistas. Tal y como admite en esta entrevista con EL ESPAÑOL, por mucho tiempo creyó en esa posibilidad y la consideró merecida, casi hasta el final de su trayectoria.

Quizá su mayor oportunidad fue el bronce conquistado en Ploauy en 2000. Sin embargo, ese cuarto título nunca llegó y Freire debió «conformarse» con ganar 3 Milán-San Remo, 3 Flecha Brabanzona, 1 Gante-Wevelgem, una general de Tirreno-Adriático, 4 etapas en el Tour de Francia, 7 etapas en La Vuelta y ser el único español en alzarse con el maillot verde de la regularidad en la ‘Grand Boucle’, entre otros importantes logros.

Su palmarés, al menos en Clásicas y pruebas de un día, es incomparable respecto a cualquier otro corredor español. Sin embargo, resulta insuficiente para que algunos recuerden su nombre al repasar leyendas como Alberto Contador, Miguel Indurain, Alejandro Valverde o Federico Martín Bahamontes.

Las Grandes Vueltas depositan demasiada importancia en el recuerdo local, escenario donde Freire siempre se ha sentido como un extraño. Óscar fue una rara avis dentro del ciclismo español, un extraterrestre que, como reconoce ahora, ha sido más valorado fuera de las fronteras nacionales y ajeno a los equipos patrios.

Por fortuna, sus éxitos escapan de rankings vacíos y le han consagrado como una leyenda imborrable, aún vinculada al ciclismo, aunque desde una perspectiva diferente. Óscar Freire se ha convertido recientemente en embajador de Decathlon, la compañía que respalda a uno de los equipos más destacados del pelotón internacional, que cuenta entre sus filas con el nuevo talento que acapara todas las miradas: Paul Seixas.

El francés es un corredor que no ha pasado inadvertido para nadie y mucho menos para el cántabro, quien lo conoce bien, ya que ha competido contra él en categorías inferiores de su hijo Marcos (Sorengo, 2006). Por ahora, Freire descarta ser director deportivo y unirse al equipo que sueña con conquistar el Tour de la mano del joven Seixas, aunque no cierra la puerta a un futuro para su hijo, que actualmente crece en las filas del UAE bajo la supervisión de Joxean Fernández Matxin.

Tampoco descarta aún su posible vinculación con la selección española, aunque reconoce que es pronto para ello. Quizá algún día esté al mando. Óscar Freire no olvida el capítulo pendiente de haber sido seleccionador nacional, un asunto que aún tiene mucho que decir y que espera concretar algún día. Un sueño tangible, a diferencia de sus añoranzas de haber ganado carreras como el Tour de Flandes o Paris-Roubaix, o haberse dedicado al mountain bike. Sobre estos temas, y también sobre el impacto de Tadej Pogacar, conversa extensamente en EL ESPAÑOL.

Óscar Freire posa para una campaña de Decathlon.

Óscar Freire posa para una campaña de Decathlon. Imagen cedida

Óscar, ¿cómo te encuentras? En primer lugar, quería preguntarte qué estás haciendo actualmente, en qué proyectos estás involucrado y cómo distribuyes tu tiempo hoy. ¿Qué hace Óscar Freire?

Normalmente continúo vinculado al ciclismo, aunque la temporada apenas comienza. Mi hijo, que también compite en bicicleta, ha estado recientemente en Croacia. Me gusta seguir su evolución y en años anteriores he seguido la Vuelta a España con patrocinadores.

Participo en numerosos eventos relacionados con el ciclismo y disfruto de este deporte que siempre ha sido parte de mi vida. Además, tengo varios hobbies: la madera, la fotografía, las impresoras 3D… no suelo aburrirme, con poco encuentro diversión.

¿Cómo defines tu relación actual con la bicicleta? ¿Sigues saliendo a montar ocasionalmente o ya no te motiva mucho?

Me estoy adaptando poco a poco. En invierno practico otros deportes si el clima lo permite, puesto que en Cantabria llueve mucho. Juego pádel frecuentemente, voy al gimnasio, hago bicicleta de montaña; sobre todo ahora que aún no ha llegado el buen tiempo, aunque cuando mejora el clima, disfruto mucho saliendo en bicicleta de carretera.

Salgo de forma relajada, sin obsesionarme con entrenamientos como hacía antes. Ahora voy con amigos mayores que van más despacio. Frecuentemente paramos a tomar café y si al final surge una cerveza, mucho mejor.

No tiene nada que ver con esas cuatro o cinco horas diarias que hacen todavía algunos ciclistas activos, cuidándose y entrenando arduamente. Reconozco que mi etapa como ciclista ha culminado y hoy valoro el ciclismo desde otra óptica.

Recientemente supimos que te convertiste en embajador de Decathlon. ¿Qué significa para ti unirte a una marca tan reconocida?

Como mencionas, es algo significativo. Decathlon es muy conocido en Europa y creo que es una de las marcas deportivas más reconocidas. Ha invertido mucho en ciclismo y lidera un equipo en la élite mundial. Tengo muchos productos de Decathlon, sé que cuentan con excelente calidad y precios competitivos.

Tengo hijos y, cuando se necesita algo para correr, esquiar o cualquier otra actividad, lo encuentro muy accesible. Formar parte del universo Decathlon y ser embajador en ciclismo es un orgullo porque es una marca potente a nivel global.

¿Cómo valoras el equipo a nivel profesional en estos últimos dos o tres años, en los que han logrado victorias y cosechado éxitos importantes? ¿Podría considerarse ya uno de los mejores?

Sin duda, es un equipo con una base sólida. Han invertido mucho y cuentan con gran proyección. Aunque la competencia crece año a año, Decathlon destaca en la formación de jóvenes talentos. Hay muchas carreras en Francia, y allí esperan un posible ganador del Tour de Francia en un futuro cercano.

Actualmente destaca Paul Seixas, de 19 años, quien ya demostró el año pasado, en su primer año como profesional, que podía estar al nivel de los mejores del ciclismo mundial. Eso eleva la visibilidad del equipo. Quizás este año no compita en el Tour, pero sus perspectivas son notables.

Para el cicloturista común, es un gran escaparate tener un equipo profesional. Las bicicletas Decathlon ahora gozan de prestigio, ya que al competir al máximo nivel ratifican su calidad. Conozco personas con amplia experiencia en ciclismo que reconocen la excelencia de sus bicicletas y equipamiento.

Hablando de Paul Seixas, ¿piensas que tu rol en Decathlon puede ser un puente para acercarte más al equipo, más allá de la marca? ¿Te plantearías, por ejemplo, acabar como director deportivo o asesor?

No, estar inmerso en la competición es muy distinto. Me han ofrecido roles similares, pero supone pasar muchos días fuera de casa. Ser director de equipo no es sencillo. Tengo amigos en esa posición y sé lo que implica. Prefiero vivir el ciclismo cerca, pero sin los sacrificios que conlleva.

Cuando era ciclista sabía que debía viajar y pasar mucho tiempo fuera, pero ese capítulo ha terminado. Ahora quiero disfrutar la competición sin responsabilidades directivas, viéndolo como un cicloturista.

Y para Marcos, ¿piensas que podría ser una buena oportunidad a futuro, en caso de que las cosas no funcionaran en UAE, que pueda tener una vía más accesible en Decathlon?

Ojalá, aunque ambos ámbitos están muy separados. El deporte requiere apoyo. Mi hijo compite en el equipo más grande del mundo y aún es joven. Es muy complejo ser ciclista o deportista en general. El ciclismo actual, con jóvenes que debutan muy pronto, requiere un proceso de adaptación. Este año también atraviesa dificultades y esperemos que mejore.

No todos son como Paul Seixas, que entran directamente al nivel más alto. Muchos necesitan tiempo para adaptarse. Actualmente el ciclismo se asemeja algo al fútbol, con jóvenes seleccionados precoces que a menudo no logran triunfar. Es un entorno exigente donde un error se nota rápidamente y muchos deben pasar por esa fase de crecimiento.

Si Marcos mejora, puede ser un buen ciclista. Es muy sencillo cuando uno es como Pogacar.

¿Cómo observas a Marcos en cuanto a su ánimo y estado psicológico con este cambio tan drástico que enfrenta, pasar de acumular muchas victorias a competir contra profesionales? Esa etapa ingrata que debe superar mientras se desarrolla en UAE.

Es muy complicado porque, si no estás al nivel, no puedes demostrar tu potencial. Es un buen sprinter, pero si te llevan al límite no logras llegar al sprint. Eso es lo que le ocurre. Creo que si mejora puede llegar a ser un buen ciclista; de lo contrario, tendrá que buscar otro camino o quizá necesite 2 o 3 años para adaptarse y crecer. Es fácil cuando uno es Pogacar, que mientras otros sufren él parece andar sin esfuerzo, pero no todos son como él.

El ciclismo es un deporte muy exigente. Por ejemplo, cuando yo era corredor no le daba importancia a mi rendimiento, pero ahora que salgo en bici y enfrento las mismas montañas y rutas, noto que la bicicleta no avanza igual. El nivel aumenta porque los ciclistas se entrenan mucho, cuentan con preparadores y son profesionales desde jóvenes, lo que eleva la calidad global.

¿A quién crees que se podría parecer? Mencionas que su sprint es una de sus virtudes, ¿podría asemejarse a ti como corredor?

Sí, comparte algunas cualidades conmigo. Pero como comentaba, si mejora en todos los aspectos puede consolidarse; si no, terminará sin avanzar. El nivel entre ciclistas es muy parejo y la diferencia mínima, pero suficiente para que quien se quede atrás pierda. Ese es el riesgo para él. Si no evoluciona, no será ciclista, pero si lo hace, puede tener mi misma esencia.

¿Han hablado sobre las comparaciones y la presión que conlleva el apellido? ¿Siente Marcos todavía esa carga de que cada vez que suena el apellido Freire lo relacionan contigo?

Él ha vivido esto desde categorías inferiores. Inicialmente ganaba muchas veces y solía comparársele. Ahora que ha alcanzado el profesionalismo, la situación es compleja. Yo, con 19 años, todavía realizaba el servicio militar y participaba en pruebas poco comparables con las actuales.

El nivel en esta etapa es muy alto; compite con ciclistas del Tour y La Vuelta. Las comparaciones con mi persona son habituales y él las asimila gradualmente. Pero es difícil, ya que las comparaciones nunca son halagadoras, especialmente para un joven de 19 años que debe sobrellevar esta situación.

Y como padre, ¿qué significa para ti que Marcos porte el mismo maillot que Tadej Pogacar, el mejor equipo del mundo?

Me doy cuenta de que al menos está haciendo lo que le apasiona. Vive de su pasión y tiene la suerte de estar en el mejor equipo del mundo. A esa edad, yo aún corría en un equipo regional y competía en carreras locales.

Ahora está en Croacia, antes en Cerdeña y pronto viajará a Japón para competir. Su calendario es variado y cuenta con recursos excepcionales, incluyendo una bicicleta de alta gama. Eso es un privilegio. Aunque no se convierta en ciclista profesional, habrá experimentado el mundo del ciclismo en un equipo de élite como UAE.

Antes me comentabas sobre la posibilidad de ser director o integrar el equipo. Estuviste cerca de ser seleccionador. ¿Te habría gustado, en el futuro, tener a Marcos a tus órdenes en la Selección o consideras ese capítulo cerrado?

Nunca hay que cerrar puertas. Para mí, el Mundial siempre fue algo especial. Sé lo que significa correr en bicicleta y ganar un Mundial; además, era la carrera que mejor preparaba. No descarto nada. Aunque he notado que, en ocasiones, factores políticos más que deportivos han influido y por ese motivo no fui seleccionador.

Seleccionar a mi hijo sería un honor, si cumple con el nivel. Eso sería para la Sub23, no para profesionales, pero me gustaría llegar a ser seleccionador y contar con mi hijo en el equipo, naturalmente.

Me mencionaste antes a Paul Seixas. Supongo que sigues atento a la actualidad y te gusta ver las carreras cuando puedes.

Más que seguir la actualidad, me interesa seguir la progresión de mi hijo y otros de su generación… En España destacan dos ciclistas de su edad, Adrià Pericas y Héctor Álvarez, con actuaciones destacadas a nivel internacional. Recuerdo que Seixas les sacó una diferencia importante en la carrera más relevante de junio.

Pericas tiene un nivel altísimo y que le haya superado así me sorprendió. El año pasado, en su primer año, Seixas fue el cuarto mejor escalador detrás de Remco (Evenepoel), Vingegaard y Pogacar. Lograr eso tan joven y al iniciar su carrera profesional es notable.

En Francia apuestan por un ciclista que aspire a ser el primer ganador francés del Tour en décadas. Aunque Pogacar sigue en la escena, Seixas tiene margen para mejorar y competir a futuro.

Óscar Freire muestra un casco de Decathlon.

Óscar Freire muestra un casco de Decathlon. Imagen cedida

¿Crees que Paul debería debutar en el Tour este año, especialmente considerando que entiendes la presión de llevar la responsabilidad de un país, dada la expectativa francesa de un campeón local? ¿O crees que aún es pronto para cargarlo con esa presión?

Considero que la decisión de llevarlo se basa en la repercusión mediática, pero es arriesgado. Actualmente no tiene nada que perder siendo tan joven, y hay muchas competencias por delante. Lo ideal sería que comenzara por carreras menos tensas, pues el Tour de Francia es muy exigente y propenso a caídas.

Si careces de experiencia previa, afrontar el Tour implica una gran presión, algo contraproducente para alguien tan joven. Por mi parte, este año no lo llevaría al Tour. Tiene muchas competiciones de nivel para disputar, tales como Lieja, Lombardía o el Mundial, como hizo el año pasado. Pero no debería ir al Tour este primer año siendo tan joven.

¿Cómo manejabas la presión en tu etapa como ciclista?

Es más sencillo ser ciclista cuando no se es bueno que cuando se es buen ciclista. Un corredor destacado sufre presión de todos lados: equipo, médicos, patrocinadores, prensa… No es fácil. Ganar facilita las cosas, pero en todos los deportes es complicado y siempre hay momentos difíciles, donde hay que demostrar valía.

Personalmente manejaba bien la presión. Había ocasiones en que no respondía, pero en general el balance fue positivo. En eventos importantes, a pesar de no ganar siempre, conseguía buenos resultados.

Al hablar de los grandes corredores españoles, ¿alguna vez te has sentido infravalorado viendo que mucha gente no recuerda un triple campeón del mundo y múltiple ganador de San Remo? ¿Has sentido eso?

El aficionado al ciclismo claro que me conoce y me recuerda, pero no es como ahora con redes sociales y tanta visibilidad. En aquella época los aficionados más especializados sí valoraban mi carrera. El problema fue que aquí no hubo equipos que apostaran fuerte por mí económicamente, mientras que los equipos extranjeros sí. Pero siempre he seguido mi camino y repetiría los mismos pasos si pudiera volver atrás.

Creo que me valoraron más fuera que en España. No fue un error mío, sino circunstancial.

Si tuvieras que ubicarté en una lista de los mejores españoles, ¿dónde te situarías? ¿Entre los cinco, entre los tres mejores?

No lo sé, mi perfil es muy diferente. Si se evalúa solo por Grandes Vueltas, quizás no estaría en los primeros puestos, pero en pruebas de un día sí destacaría. Fui un corredor atípico para España, pero aún sigo siendo el único español ganador en muchas carreras de Bélgica, lo cual dice mucho.

Aunque otros han ganado muchas veces el Tour de Francia, sigo siendo el único en ganar el maillot verde. Corrí mucho tiempo en equipos extranjeros porque mi perfil encajaba mejor allí.

Probablemente tus mayores triunfos llegaron en el Mundial. Eres uno de los corredores con tres títulos mundiales, junto a nombres como Sagan, y ahora Pogacar tiene la posibilidad de sumar el siguiente. ¿Te da algo de frustración no haber logrado un cuarto título para mantener ese liderazgo hasta que alguien te supere?

Si me lo hubieran dicho al comenzar como profesional, habría sido excelente. Sin embargo, con el paso de los años sentí que podía haber alcanzado el cuarto Mundial. En el ciclismo los momentos son cruciales y a veces las circunstancias no acompañan. Por ejemplo, una de las carreras que más deseaba ganar era el Tour de Flandes, que nunca conseguí.

Vemos a Pogacar intentando ganar la Milán-San Remo y sin lograrlo. Uno puede pensar ‘podría haber sido’, pero no. Estando ahí, como profesional, debes demostrarlo y se presentan muchas variables. Tuve oportunidades y probablemente, si hubiésemos corrido tal como al inicio de mi carrera, habría ganado otro Mundial, pero no se puede cambiar el pasado.

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