Carlos H. Quero de Vox destaca la desigualdad: en los barrios ya no hay casa, trabajo ni coche, sino coliving, paro y patinete.

Carlos H. Quero, portavoz nacional de Vivienda de Vox, en un acto del partido.

Carlos H. Quero, portavoz de Vivienda de Vox, denuncia la dificultad para acceder a la vivienda y el deterioro de las condiciones de vida en los barrios españoles.

Vox propone medidas como el control de la inmigración, incrementar la construcción de viviendas y reincorporar al mercado aquellas residencias retiradas por la inseguridad jurídica, con el fin de mejorar esta situación.

Quero responsabiliza a PP y PSOE de la crisis habitacional, señalando la falta de fomento de vivienda protegida y la permisividad frente a la ‘okupación’.

Vox sostiene que se debe priorizar a los españoles en el acceso a la vivienda y que el aumento de la inmigración junto a la insuficiencia de infraestructuras agravan los problemas de vivienda.

Carlos H. Quero (Madrid, 1990) se consolida como una de las figuras más destacadas del discurso social que Vox despliega en torno a la vivienda. Atendió a EL ESPAÑOL en Bruselas, donde fue el invitado principal en un evento europeo dedicado a esta temática.

Desde allí, Vox observa con admiración el modelo «exitoso» de Víktor Orbán, que se basa en una idea que en Hungría se ha convertido casi en política estatal: que los húngaros sean propietarios de sus hogares.

Este planteamiento, sostiene, posibilita que las familias se «establezcan» y construyan un proyecto vital «en su país».

Como portavoz nacional de Vivienda de Vox y miembro del círculo cercano de Abascal, Quero es doctor en Historia Contemporánea y autor de una tesis sobre los suburbios madrileños.

Rechaza que exista un «giro obrerista» en Vox y recuerda que esa etiqueta ya se adjudicaba al partido cuando muchos de los que hoy “critican” ese cambio aún formaban parte del mismo.

Si el partido atrae votos de la izquierda, explica, es porque el «colapso en los barrios» afecta a toda la población: «altos, rubios, personas de izquierda y derecha».

Además, cada vez son más los españoles que perciben que la vivienda está fuera de su alcance, desde el «tornero fresador» hasta «el hijo del médico».

Carlos H. Quero, portavoz de Vivienda de Vox, esta semana en Bruselas.

Mencione tres propuestas de Vox respecto a la vivienda.

En primer lugar, controlar las fronteras, acabar con la política de puertas blandas y las regularizaciones masivas, y comenzar una política de remigración y deportaciones masivas. Segundo: aumentar la construcción de viviendas, mediante la reducción de trámites burocráticos y agilizar la transformación del suelo para facilitar la edificación.

Y tercero: lograr que numerosas viviendas regresen al mercado, las cuales se han retirado debido a regulaciones perjudiciales de la izquierda, que han provocado en cientos de miles de propietarios una situación de desconfianza y falta de seguridad jurídica.

Estamos ante una tormenta perfecta: falta de oferta junto al exceso de demanda, precios elevados, y españoles experimentando peores condiciones que nunca.

Estas acciones involucran tanto al Gobierno central como a las comunidades autónomas. ¿Son responsables tanto PP como PSOE?

Han sido PP y PSOE quienes han gobernado desde la instauración de la democracia, mientras que la extrema derecha no ha ejercido ese rol.

¿Se considera Vox extrema derecha?

Utilizo «extrema derecha» de forma irónica, dado que es la etiqueta habitual con la que se nos califica.

Existen ayuntamientos del PP y PSOE que especulan con el suelo, concediendo licencias y otorgando trámites excesivos. También han permitido una política de tolerancia hacia la okupación.

Especialmente el PP, que con la reforma del Código Penal de 2015, bajo mayoría absoluta, facilitó el delito de usurpación y allanamiento de morada.

«Antes de que yo fuera diputado ya se hablaba del ‘giro social’ de Vox y muchos de los que ahora deploran ese supuesto giro estaban en el partido»

Ambos partidos han abandonado la promoción de vivienda de protección oficial. En los años 60 se construían más de 200.000 viviendas anuales, y en los 80, bajo otros gobiernos y sistema, más de 100.000.

El año pasado se alcanzaron solo 14.000, en un país con una población mayor y tecnología más avanzada para la construcción. Gobiernos de distintos colores han considerado que nuestros aeropuertos eran accesos libres y no han cuestionado si la infraestructura residencial era suficiente para recibir a toda la población.

¿Algún país que Vox considere ejemplar en vivienda?

En la Unión Europea, la proporción de propietarios ha descendido notablemente en los últimos 15 años, pasando de más del 75% al 68% actual.

Sin embargo, países como Hungría han incrementado ese porcentaje hasta el 92%. Esto representa un éxito, dado que la propiedad otorga a una familia estabilidad, sentido de pertenencia y la capacidad de ofrecer a sus hijos una vida sin traslados constantes.

«La izquierda ha permanecido silenciosa sobre la inseguridad en los barrios; solo ahora habla porque pierde apoyo político»

Al establecerse firmemente, se puede ahorrar, mejorar la educación de los hijos o emprender un negocio. La propiedad de vivienda es un bien en sí y ha sido clave históricamente en España para la consolidación de la clase media.

¿Está en riesgo la clase media?

Sí, absolutamente. Mientras durante siglos en Occidente la clase media se expandió, ahora los jóvenes nacidos en hogares con propiedad saben que probablemente no tendrán casa hasta heredar la de sus padres. Esta realidad refleja un retroceso en el nivel de vida de esa clase.

¿Usted experimenta una situación peor que la de sus padres?

En 2010, el 70% de los menores de 35 años, que es mi edad, eran propietarios. Hoy solo el 30%. De los que habitan fuera del hogar familiar, apenas 15 de cada 100 jóvenes residen en pisos propios o alquilados; muchos alquilan habitaciones, comparten espacio con desconocidos, carecen de privacidad, autonomía y dificultades para formar una familia. Esta situación es dramática y no existía en España hace 20 años, alterando la manera en que enfrentan la vida. La edad media de quienes viven en pisos compartidos es de 35 años.

¿Por qué Vox ahora capta votantes de la izquierda?

Porque los problemas que afectan a toda España impactan también en la izquierda: altos, bajos, rubios, morenos, jóvenes, mayores, electorados de ambos lados. Muchos que antes votaban a la izquierda con un enfoque materialista –buscando emancipación– ahora enfrentan un ambiente deteriorado, con barrios degradados, inversión ausente y ocupación masiva.

Muchos izquierdistas han visto que la prometida transformación material implicó un descenso: amigos que han emigrado, calles irreconocibles, pérdida de empleo y cambio de estilo de vida por paro, coliving, carriles bici y patinetes. Para muchos, votar a Vox representa una forma de defensa personal.

¿Por qué algunos líderes de izquierda empiezan a abordar la seguridad en los barrios?

Podría considerarse una preocupación genuina, dado que los datos sobre incremento de inseguridad son reales. Sin embargo, esos índices han sido alarmantes desde hace tiempo y permanecieron en silencio hasta que perdieron apoyo electoral.

Vox critica frecuentemente el modelo de vivienda de Isabel Díaz Ayuso.

La política habitacional de Ayuso ha demostrado ser errónea, ya que Madrid crece en 150.000 habitantes al año sin producir esa cantidad en viviendas. Ayuso y Sánchez llaman a esa población sin una infraestructura residencial adecuada, considerando la inmigración como un valor que hace las ciudades más «cuquis», multiculturales y cosmopolitas.

«Ayuso cree que Madrid es más cuqui y cosmopolita con inmigrantes, pero el madrileño común sale perdiendo»

Hay ganadores: los inmuebles rentables y salarios a la baja para camareros. Pero también existen perdedores: el madrileño que se enfrenta a urgencias saturadas, al metro plagado de radicalización o a procesos inmobiliarios desmesurados debido al desajuste entre demanda y oferta.

Si Ayuso no logra mayoría absoluta y depende de Vox, ¿qué cambios exigirían?

Vox no busca condicionar la política de Ayuso, sino un cambio profundo que ponga al español en primer lugar. En 2023, sus votos evitaron deducciones fiscales para compradores extranjeros. Los españoles deben ser quienes compren viviendas, pues favorecer a compradores extranjeros calienta el mercado, eleva los precios y desplaza al comprador local hacia barrios más económicos.

En un mercado libre, si los precios fueran inaccesibles para los residentes y desproporcionados respecto a los salarios, bajarían. Hoy el referente es el salario global y no el salario local, dado que muchas personas y empresas internacionales compran al contado lo que los españoles no pueden ni financiar.

En zonas del sur de Madrid y periferia de Barcelona, donde antes residía una familia trabajadora con tres habitaciones, ahora se alquilan por cuarto. Lo que era un alquiler de 600 euros ha subido a 1.800, con un núcleo familiar en cada habitación. Es la España del hacinamiento, con menos metros cuadrados por habitante y donde familias, mayormente inmigrantes, viven en un solo cuarto con utensilios bajo la cama.

Los españoles no han vivido así y ninguna persona de mi generación conoció semejante vida. Sin embargo, se les condena a esta realidad para que algunos puedan decir que Madrid es la ciudad de todos los acentos.

Vox siempre relaciona la vivienda con la inmigración.

En los últimos años, España ha experimentado un crecimiento poblacional intenso. Hace 25 años tenía 40 millones de habitantes y ahora cuenta con 50, aunque la cifra de españoles se mantiene en 40 millones.

¿Ha crecido el número de casas, hospitales y carreteras acorde a esto? La infraestructura no está dimensionada para la realidad demográfica actual.

¿Qué hacemos entonces? ¿Expulsarlos?

España no es ni hospital ni hogar mundial. Canadá, un país abierto, progresista y multicultural, tuvo que revertir sus políticas migratorias abiertas porque no podía alojar y construir viviendas al ritmo de llegada de personas.

«Ya no importa cómo lleguen, ni legal ni ilegal, ni por barco, avión, canoa, a pie o haciendo el pino. No puede entrar nadie más.»

El país está saturado. Ninguna persona más puede entrar por cualquier medio, porque ya no hay espacio.

Muchos viven en tiendas de campaña o bancos en parques. ¿Eso es humanidad? Existen personas en situación irregular que viven del delito y ayudas, e intentan imponer una religión ajena a nuestras costumbres. No pueden permanecer aquí. Es preciso permitir que los españoles que se marcharon puedan regresar.

Carlos H. Quero durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

¿Cómo lograr que esos españoles regresen? ¿Para ellos sí hay espacio?

Por supuesto. El espacio de los españoles es España. No es un lugar donde todos los países sean intercambiables. Las plantas tienen raíces, y las personas identidad, cultura y arraigo. Las comunidades nacionales existen y España no es una sociedad anónima.

Queremos que los españoles vivan cerca de sus familiares, en lugar de comunicarse solo por videollamada; que puedan desarrollar su vida en su territorio si lo desean. Los españoles en el exilio siempre tendrán lugar en España, quienes no lo tienen son quienes no son españoles.

Se le atribuye el llamado «giro obrerista» de Vox. ¿Existe realmente?

Antes de que yo fuera diputado ya se hablaba del giro social de Vox, y muchos que ahora critican ese cambio estaban en el partido. Lo que guía la acción política es el principio de realidad. Lo esencial no es la ideología, sino atender las necesidades cambiantes. Vox responde a la situación actual de España.

Vox no podía hablar de la dana antes de que existiera ni de invasión migratoria antes de la llegada de tres millones de personas.

A algunos les interesa hablar de giro obrerista porque parece situarnos en una esquina, como algo anecdótico: «Mira, hablan para unos pocos».

No. La merma en calidad de vida no afecta solo al obrero tornero fresador, sino a la mayoría de españoles. El hijo del médico con doble máster y sin paro tampoco puede adquirir vivienda.

Algunos lo llaman giro obrero. Yo lo veo como una respuesta a las necesidades de la nación, y sin duda no es solo obra de Carlos Quero.

¿Se ve usted ministro de Vivienda en un futuro Gobierno?

Dios me libre.

¿Se quitaría los pendientes?

Claro, habría que quitármelos para ser ministro, ¿no? ¡Hemos tenido un ministro con coleta, no fastidies!

Lo comento porque Gabriel Rufián se refirió a su aspecto físico.

Es llamativo que en un país con tantos problemas se genere un debate sobre la apariencia de un parlamentario rival. Solo porque soy hombre se ha permitido ese debate; si fuera mujer, sería cosificación o machismo.

Vox, cuyo apoyo crece, aspira a ganar las elecciones generales —ojalá pronto— pero a mí no me entusiasma ser ministro. Mi interés es lograr resultados concretos en política para que quienes no viven bien puedan ser libres y autosuficientes.

Lo crucial es gobernar a nivel municipal para evitar la especulación con el suelo, a nivel autonómico para crear un plan de vivienda protegida que priorice a los españoles y reduzca el impuesto de transmisiones que dificulta la compra para jóvenes, y a nivel nacional para eliminar la Ley de Vivienda y otras medidas inútiles.

El PP en Extremadura y Aragón depende de Vox. ¿Habrán pactos o repetición electoral?

Vox vino a cambiar las cosas. Solo habrá acuerdos si el PP demuestra un compromiso real para modificar las políticas de vivienda, campo o industria, lo que implicaría renuncias. Si solo pretende presentarse como gestor y mantener lo mismo, deberá buscar otros aliados.

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