El exfutbolista del Athletic Club se considera una persona prudente en materia financiera, y aunque recibió varias proposiciones comerciales, únicamente posee «dos o tres locales comerciales y algún inmueble».
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Gurpegui desarrolló toda su trayectoria profesional en el Athletic Club desde 2002 hasta 2016, donde se ganó el cariño de la afición gracias a su espíritu competitivo y su compromiso con el club. Debutó en Primera División el 31 de marzo de 2002 contra el Villarreal y finalmente levantó como capitán la Supercopa de España de 2015, el título más destacado de su etapa rojiblanca.
Su carrera deportiva estuvo marcada por momentos difíciles, incluyendo un positivo por dopaje y la correspondiente sanción federativa, además de lesiones graves que le hicieron detenerse por largos períodos.
Tras colgar las botas, continuó vinculado al club como entrenador en Lezama y como representante institucional, función que implicaba desplazamientos, asistir a sorteos europeos y desenvolverse en ámbitos donde, según reconoció, lamentaba no haber aprovechado mejor su etapa de futbolista para formarse.
Carlos Gurpegui, reconocido como un histórico «one club man» del Athletic Club, compartió en una entrevista con Los Fulanos una perspectiva poco habitual en el fútbol: cómo gestionó sus finanzas durante y después de su carrera, los errores cometidos y las lecciones aprendidas.
El excentrocampista navarro, que disputó 393 encuentros oficiales con el Athletic y llegó a capitanear en San Mamés, se describió como un inversor cauteloso, influenciado por la ética del esfuerzo inculcada en su familia y por la figura de un asesor de absoluta confianza, «el vecino», quien resultó clave para estructurar sus finanzas tras una experiencia inicial negativa.
Gurpegui, en una rueda de prensa con el Athletic Club.
En el ámbito económico, Gurpegui aclaró que nunca quiso gestionar solo sus finanzas y contó con un asesor completamente confiable, quien además de ser su vecino y amigo, le brindaba soporte constante.
Comentó que tras la enfermedad y posterior fallecimiento de su primer asesor, tuvo que transferir la gestión de su patrimonio a un nuevo consejero, una transición que le generó incertidumbre hasta confirmar que, según sus palabras, todo había sido «una pasada».
«Yo principalmente contaba con un asesor, una persona de confianza que además era mi vecino», relató, recordando que «siempre» recibía orientación sobre la compra de inmuebles, inversiones en bolsa o acceso a fondos. Sin embargo, se definió como alguien reacio al riesgo: «Tenía mis cosillas y era un poco miedoso… prefería ganar poco pero seguro, a llevarme un susto y ver de repente una caída del 25%».
«Soy bastante cauteloso, cauteloso. No quería sobresaltos», reiteró con mezcla de humor y sinceridad.
La experiencia fallida en Bucarest
El mayor error en su historial de inversiones se produjo con una promoción inmobiliaria en Bucarest, Rumanía, durante los años posteriores a la caída del régimen de Ceaușescu, cuando el país era presentado como una economía emergente dentro de la Unión Europea.
«Realizamos un proyecto inmobiliario en Bucarest. Además, éramos varios involucrados porque nos prometieron que Rumanía sería un país emergente», recordó el exfutbolista, situando la operación aproximadamente en 2012.
El plan parecía sencillo: adelantar el dinero de dos pisos, ceder el contrato antes de la escritura y obtener una plusvalía rápida. Sin embargo, la realidad fue distinta: «Al final tuvimos que escriturar y no había forma de vender esos pisos», lamentó, añadiendo la dificultad burocrática de crear una empresa en ese país.
Con el paso del tiempo, vendieron por debajo del monto invertido: «No eran sumas enormes, pero me molestaba perderlas, porque desde pequeño aprendí lo que cuesta ganar dinero».
En esa reflexión emergió la educación económica que recibió en casa: un padre agricultor pendiente del clima diariamente para evitar granizo o calor extremo, y una madre que mantuvo una pescadería durante 35 años. Esa infancia, afirmó, le hizo valorar cada euro y sentir un particular pesar al asumir pérdidas, aunque fueran pequeñas en comparación con el volumen que maneja un futbolista profesional.
Tras esa experiencia en Rumanía, Gurpegui se comprometió a no participar en operaciones que no pudiera observar, tocar y comprender plenamente. «A partir de esa, decidí: cosas que pueda ver, palpar, y si es en la zona donde vives o te mueves, mucho mejor», explicó, haciendo referencia a una estrategia de inversión más cercana y tangible.
Sobre los activos concretos, reveló que apostó por el ladrillo tradicional: «No monté bares ni discotecas, eso no me convencía. Solo tenía dos o tres lonjas, algún piso y nada más», resumió, especificando que se trataba de locales comerciales y una oficina además de esas viviendas.
Las grandes iniciativas empresariales, como la hostelería o proyectos más exóticos, nunca le persuadieron completamente, a pesar de que, con una sonrisa, reconoció que le hicieron bromas sobre que «las discotecas en Rumanía» ofrecían buenos rendimientos.
Con el paso del tiempo y ya retirado, Gurpegui aseguró involucrarse mucho más en el control de su patrimonio, junto a su asesor Ángel. «Ahora estudiamos mucho más las cosas. Yo disponía de más tiempo y me interesaba mucho más por los fondos, por la evolución de la bolsa, siguiendo casi a diario», explicó, reforzando la idea de que un futbolista en activo, centrado en entrenamientos y descanso, suele delegar demasiadas decisiones.
Esta experiencia personal le llevó a compartir un mensaje con las nuevas generaciones que dirigió en el Bilbao Athletic o Basconia. Les instó a dedicar «una hora diaria» para aprender inglés o capacitarse en alguna disciplina que despierte su interés, convencido de que él «perdió mucho tiempo» durante su carrera que podría haber aprovechado para crecer.
Aunque admitió que no había presenciado casos extremos de ruina, como indican ciertas estadísticas que señalan un alto porcentaje de futbolistas en quiebra tras retirarse, sí recordó la constante presión de promotores y vendedores que visitaban el vestuario con propuestas de pisos, negocios y productos financieros variados.
Su fórmula, según sus propias palabras, combinó tres aspectos: cautela absoluta («prudencia» como convicción), un asesor confiable que filtrara propuestas e identificar el aprendizaje doloroso en la apuesta fallida en Bucarest que le llevó a regresar al terreno firme de los inmuebles cercanos y comprensibles.

