Методы образовательного процесса в условиях нестабильности времени

Alumnos del colegio Estudio de intercambio

La formación educativa debe centrarse en el desarrollo integral de las personas, promoviendo valores como la justicia, la solidaridad, la tolerancia y la democracia.

El colegio ‘Estudio’ apuesta por metodologías que recuperan lo fundamental: aprendizaje activo, creación manual de materiales y contacto directo con la naturaleza.

La adquisición de habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad y la síntesis es indispensable para enfrentar la incertidumbre que presenta el mundo actual.

La internacionalización y los intercambios culturales amplían la perspectiva global de los alumnos, fortaleciendo sus competencias sociales y éticas.

La era actual se caracteriza por la aceleración tecnológica, el exceso de información y la incertidumbre. Frente a este contexto, la cuestión no solo es qué deben aprender en la actualidad niños y adolescentes, sino —quizás aún más importante— qué tipo de personas deseamos que se conviertan. Aristóteles ya indicaba que la investigación no busca definir qué es la virtud, sino alcanzar la bondad. La virtud no es un don natural, sino un hábito que se cultiva. Por ende, educar implica acompañar ese proceso de formación interna, transformar valores en hábitos y convertir el pensamiento en acción.

De manera similar, Nuccio Ordine afirmaba que la inversión en educación y cultura implica formar a los jóvenes en el respeto hacia la justicia, la solidaridad, la tolerancia y la democracia. Esa inversión contribuye al desarrollo económico y civil de una nación. Sin embargo, la preocupación por preparar a los alumnos para un futuro imprevisible puede llevar a olvidar lo esencial, es decir, brindarles bases firmes en el presente. La educación no es una anticipación ansiosa, sino un trabajo paciente de construcción de identidad, pensamiento y criterio. “El conocimiento no es un cúmulo, sino una búsqueda”, reflexionaba Rodari.

El valor de la educación

En este marco, la selección de métodos y herramientas empleadas por una escuela resulta esencial. Las tecnologías pueden complementar el aprendizaje, pero no remplazan los procesos de maduración que exigen tiempo, reflexión y experiencia. La rapidez, tan valorada en otros ámbitos, es ajena a una educación profunda. Cultivar habilidades en los alumnos requiere que el aprendizaje sea activo y auténtico, donde el estudiante sea realmente protagonista de su proceso, lo que demanda darle voz, ya que en ella reside su importancia como ser humano, como defendía Aristóteles. Hoy más que nunca, la escuela debe proveer a los alumnos aquello que la sociedad no les brinda, como la lectura pausada, el tiempo para aprender y reflexionar, momentos para elaborar y cultivar la mente, entre otros.

Espacios exteriores del colegio “Estudio” en Infantil

Howard Gardner propone el cultivo de “las cinco mentes del futuro”: disciplinada, sintética, creativa, respetuosa y ética. Estas competencias requieren modelos educativos que promuevan la reflexión, la integración de áreas diversas del conocimiento, la capacidad para filtrar la abundante información, la creatividad y la flexibilidad para hallar nuevas soluciones, junto con el compromiso hacia el entorno.

Por ello, resulta crucial qué enseñamos y de qué manera. Ortega afirmaba que “no podemos vivir humanamente sin ideas, pues de ellas depende nuestra acción; vivir es hacer una cosa o la otra.” Los estudiantes se superan cuando enfrentan desafíos cognitivos, emocionales y sociales que exigen aplicar diversas estrategias y habilidades. Estas destrezas de pensamiento crítico y ético resultan más necesarias que nunca en un mundo donde la verdad suele quedar subordinada al relato y el tiempo o espacio para la reflexión se reduce. “Lo fundamental es fomentar el desarrollo mental, el enriquecimiento personal, la capacidad de integración social y la habilidad para adaptarse a cambios imprevistos futuros”, sostenían las fundadoras del colegio “Estudio”.

Cuando la innovación es volver a lo esencial

En este contexto, el proyecto educativo del colegio “Estudio” reivindica una innovación donde el conocimiento debe tener sentido en el presente. Lo que consideran realmente innovador en educación es la lectura en papel, el trabajo manual, el pensamiento y el desarrollo en contacto con entornos naturales para reflexionar, conectarse y aprender a observar el mundo sin vulnerar nuestra esencia humana.

Cuaderno de un alumno del colegio Estudio

Por esta razón, en el colegio, los estudiantes elaboran sus propios materiales, cuadernos y archivos que contribuyen a perfeccionar habilidades como ordenar, clasificar, encuadernar, numerar y desarrollar el sentido estético. Este tipo de aprendizaje exige comprensión profunda de los contenidos, capacidad de síntesis, identificación de la información fundamental, comparación, concentración, búsqueda de datos adicionales, elaboración de dibujos, mapas y reproducciones de edificios u obras artísticas para complementar el contenido.

Para fomentar esa perspectiva, los docentes conectan a los alumnos con textos fundamentales y referentes culturales, guiándolos en la interpretación de su significado. “Trabajamos para que comprendan que sus conocimientos forman parte de su vida, no son algo separado”, señalaba Jimena Menéndez Pidal, una de las fundadoras del colegio. Las caminatas por la naturaleza, el descubrimiento de la ciudad a través de textos literarios, vestigios históricos y monumentos, la recreación teatral, el dibujo naturalista, la investigación en laboratorio y los libros como fuente de consulta son elementos imprescindibles para conformar la mente propia y para comprender nuestro patrimonio cultural.

Una de las seis bibliotecas del colegio “Estudio” Valdemarín

“Todo lo inteligente ya ha sido pensado, solo hace falta intentar pensarlo una vez más”, señalaba Goethe. Lo que actualmente confirma la neurociencia era, para las fundadoras del colegio “Estudio”, un principio fundamental, como la creación propia de cuadernos con escritura manual, la práctica diaria de actividad física, el contacto con la naturaleza, el trabajo manual, la lectura de múltiples fuentes, entre otros.

El colegio se convierte así en un espacio donde se viven experiencias significativas, tales como los proyectos elaborados por los estudiantes, en los cuales los mayores comparten conocimiento con los más pequeños en laboratorios o actividades que integran a alumnos de diferentes niveles. Metodologías y conceptos pedagógicos vigentes hoy, como la evaluación continua, el aprendizaje mediante el juego, la matemática manipulativa, el trabajo colaborativo y cooperativo, las iniciativas que integran diversas áreas del conocimiento, el aprendizaje experiencial, la educación en valores o la promoción de la creatividad, han sido implementados por “Estudio” desde sus comienzos.

Educación para un mundo global

En un mundo en constante cambio, la flexibilidad intelectual y emocional se vuelve una competencia fundamental; es necesario “sentirse cómodo con lo desconocido”, sostiene Harari. Conocer otras culturas, abrirse a perspectivas diferentes y comprender la complejidad global no es solo un complemento, sino una exigencia. Por ello, en “Estudio” se fomentan los viajes y los intercambios internacionales (Bruselas, Washington, París, Praga, Marsella, Roma, México, Sídney o Copenhague), oportunidades únicas para relacionarse con estudiantes de otras nacionalidades y culturas. El colegio también facilita la participación en eventos nacionales e internacionales de simulación del Modelo de Naciones Unidas, como RYSMUN en Dinamarca, además de diversas experiencias MUN en España, con el fin de formar a los alumnos en la importancia de las relaciones internacionales, donde destacan por sus excelentes resultados. Todas estas actividades facilitan el desarrollo del pensamiento crítico, habilidades sociales y conciencia global en los estudiantes.

Quizás ahí radique el verdadero objetivo de la educación: volver a pensar con rigor y serenidad qué significa formar personas libres, críticas y éticas, arraigadas en el presente para comprender el futuro. “La cultura es lo que salva del naufragio vital, permite al ser humano vivir sin que su vida sea una tragedia sin sentido”, explicaba Ortega.

Scroll al inicio