Sus molinos históricos, su arquitectura tradicional y su pasado cerealístico convierten a este municipio majorero en una parada imprescindible para quienes buscan autenticidad lejos de las rutas masificadas
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En la llanura central de Fuerteventura se localiza un municipio que pocos incorporan en su itinerario y que, no obstante, conserva una de las imágenes más emblemáticas del archipiélago. Rodeado de suaves colinas y un paisaje casi lunar, este rincón majorero propone una escapada diferente antes de que finalice febrero. Un espacio que impresiona sin artificios y exalta la belleza tranquila del interior de la isla.
Durante siglos, el viento no fue solo un factor climático, sino el motor que definió la vida económica y social de la zona. Las figuras blancas que hoy perfilan el horizonte remiten a un pasado donde la molienda de grano constituía una cuestión vital. No es La Mancha ni los molinos que confundió don Quijote, pese a la posible evocación. El entorno se encuentra a casi 2.000 kilómetros de Consuegra y posee un nombre propio: Antigua, uno de los municipios más representativos del centro de Fuerteventura.
Molinos, gofio y memoria majorera
El pueblo tuvo un papel esencial cuando Fuerteventura fue conocida como el «granero de Canarias», gracias a la producción cerealística que abastecía al resto de las islas del archipiélago. Desde el siglo XVII, y especialmente desde el XVIII con la implementación del molino tipo torre inspirado en modelos castellanos, estas estructuras aprovecharon los vientos intensos para transformar millo, cebada, trigo y garbanzos en gofio, alimento fundamental en la cultura canaria.
Se estima que hubo alrededor de mil molinos distribuidos por toda la isla, tanto para molienda como para la extracción de agua. En Antigua y sus alrededores aún se conservan varios ejemplares restaurados, integrados en la reconocida Ruta de los Molinos, junto a lugares como La Oliva o Tefía. Ya en el siglo XIX surgieron las molinas, de estructura más simple y seis aspas, y a principios del XX los aeromotores o molinos Chicago, que mejoraron el suministro hídrico.
Qué ver y cómo llegar a Antigua
Más allá de los molinos, el casco histórico de Antigua aglutina arquitectura tradicional caracterizada por casas encaladas, muros de piedra y cubiertas a dos aguas, además de edificios con alto valor patrimonial, como la Iglesia de Nuestra Señora, construida en el siglo XVI y declarada Bien de Interés Cultural. El municipio, con cerca de 13.000 habitantes, se encuentra entre Betancuria, Pozo Negro y Caleta de Fuste, lo que lo convierte en un punto estratégico para recorrer la isla fácilmente.
La experiencia se completa con una parada gastronómica ineludible. Antigua está vinculada estrechamente al queso majorero con Denominación de Origen Protegida, el primer queso de cabra reconocido en España, y dispone de un museo dedicado a este producto. Se suman platos como el sancocho, el potaje de papas o la carne de baifo en adobo. Un recorrido que confirma que este pueblo de molinos, discreto y poco masificado, es una de las escapadas más genuinas de Canarias antes de que acabe febrero. Desde Puerto del Rosario se llega por carretera en poco más de 25 minutos, y también es posible acceder en guagua, como la línea L-16 que conecta diferentes puntos de Fuerteventura en menos de 50 minutos.
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En la llanura central de Fuerteventura se esconde un municipio que pocos incluyen en su ruta y que, sin embargo, conserva una de las imágenes más reconocibles del archipiélago. Entre suaves lomas y un paisaje casi lunar, este rincón majorero invita a una escapada distinta antes de que termine febrero. Un lugar que sorprende sin artificios y reivindica la belleza serena del interior de la isla.

