Consumo continuado de cocaína en la vejez, ingesta diaria de alcohol y uso de lorazepam: la adicción poco reconocida en personas mayores

Este trastorno mental no ha sido investigado de igual manera en todas las edades, y las personas mayores, al igual que en general en la atención a la salud mental, han sido las más afectadas

Foto: Foto: EFE/Nacho Gallego. EC EXCLUSIVO

La salud mental ha ganado relevancia en los últimos años, especialmente desde la pandemia de coronavirus . En buena medida, los enfoques se han dirigido principalmente a niños, jóvenes y adultos. Sin embargo, las personas mayores de 65 años han quedado en un lugar secundario. Esto ocurre también en el tratamiento de las adicciones, problema que ha pasado más desapercibido en la tercera edad y constituye un desafío pendiente.

El presidente del patronato de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), Manuel Martín Carrasco, señala que existe una percepción extendida que señala que el consumo de drogas es un problema propio de los jóvenes, motivo por el cual todo lo vinculado con el uso de sustancias en ancianos ha sido menos visibilizado. Hay diversos factores implicados, pero destacan dos: primero, aunque el consumo puede darse en personas mayores, es más frecuente entre los jóvenes; en segundo lugar, las consecuencias sociales asociadas, en todos los ámbitos, son menores en este grupo etario. “Es un asunto que muchas veces pasa desapercibido, aunque existe, es relevante y, además, va en aumento”, subraya en diálogo con El Confidencial.

Otro experto en salud mental que profundiza en esta cuestión es Antonio Ortuño, psicólogo clínico en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Este especialista sostiene que las adicciones en personas mayores han sido menos estudiadas que en jóvenes y adultos de edad media por distintas razones: menor visibilidad clínica, estereotipos —al vincular la adicción con la juventud—, subregistro, dificultades metodológicas y una “prioridad histórica” centrada en la prevención juvenil.

El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), que depende del Ministerio de Sanidad, dispone de dos encuestas que evalúan periódicamente el consumo de drogas: EDADES, que incluye a españoles entre 15 y 64 años; y ESTUDES, que abarca estudiantes de educación secundaria entre 14 y 18 años. Por ello, no se analizan las personas mayores de 65 años. Sin embargo, en 2020 fue realizada la Encuesta sobre Alcohol, Drogas y otras Adicciones en Mayores de 64 años (ESDAM), motivada por la “necesidad de estudiar de forma específica el comportamiento de este grupo en relación al consumo de alcohol, drogas y otras adicciones”, aunque este fue un “estudio puntual que, por ahora, no se repetirá”, aclara el OEDA a este diario.

Adicciones más comunes en la tercera edad

A pesar de lo mencionado, Ortuño advierte que en años recientes “existe mayor interés debido al envejecimiento poblacional y el incremento del juego en personas mayores”. En 2022, se contabilizaban más de nueve millones de personas de 65 años o más, lo que representaba el 19,09% de la población total. Para 2033, el Instituto Nacional de Estadística (INE) proyecta que este porcentaje subirá hasta el 25,2%.

En la tercera edad, el alcohol es la adicción más frecuente, pese a que su patrón de consumo difiere considerablemente del correspondiente a jóvenes. Martín explica que los mayores suelen beber diariamente, habitualmente durante las comidas. “Es más común entre hombres, aunque parece que las mujeres, tras la jubilación o la viudez, incrementan su consumo. En ellas, la ingesta es mucho más oculta, casi siempre en casa y nunca en lugares públicos”, comenta.

El ESDAM destaca que, al preguntar por consumo ocasional durante los últimos 12 meses, el alcohol es la sustancia psicoactiva más utilizada, con un 58,6%. Si se centra en el consumo en los últimos 30 días, las bebidas espirituosas continúan liderando entre los hombres, con un 67,7%.

En segundo lugar aparecen los hipnosedantes. “España figura entre los países europeos, e incluso mundiales, con mayor consumo de benzodiacepinas, y las personas mayores de 65 años son el segmento que más los usa. Habitualmente, su consumo es bajo prescripción médica y por períodos prolongados, es decir, individuos que llevan años usando estos medicamentos y los han incorporado en su rutina diaria”, indica Martín. El informe ESDAM confirma que estos fármacos ocupan el segundo lugar cuando se pregunta por su uso en el último año, con un porcentaje del 27,8%.

“En síntesis, los hipnosedantes y el alcohol son las sustancias que las personas de 65 años o más reportan haber consumido diariamente en los últimos 30 días, con una prevalencia próxima al 20%”, añade el estudio.

En tercer lugar, Martín señala los analgésicos, medicamentos estrechamente asociados con la edad, dado que al envejecer aumenta la incidencia de patologías, especialmente osteoarticulares. Aclara que se trata de un consumo bajo prescripción médica: “Se estima que alrededor del 6 u 8% de la población geriátrica utiliza analgésicos u opioides, constituyendo otra posible fuente de adicción”.

Casos recientes en consulta

El profesional comenta que en consultas recientes se ha observado un fenómeno “totalmente nuevo”: el envejecimiento de generaciones de los años 60 y 70 que comenzaron el consumo de drogas, como el cannabis, y continúan hoy. De este modo, atienden a consumidores crónicos que han llegado a la tercera edad.

“Hasta ahora, por definición, los mayores no consumían cannabis, pero esta realidad está cambiando”, señala. Los patrones son dos: el consumo continuado a lo largo de la vida y el influido por la “moda” de usar cannabinoides para tratar el dolor, el insomnio, etcétera. “Aún son pocos, pero también hay personas mayores de 60 años que consumen cocaína o incluso heroína. Antes era raro, pero ahora comienza a verse”, añade.

Junto a la adicción a sustancias, se encuentran las conductuales. Ortuño trabaja en el pionero Centro de Adicciones Comportamentales AdCom, del hospital madrileño mencionado. Respecto a las más comunes, indica que en hombres predomina el juego, seguido del sexo y las compras. En mujeres, las conductas se reparten entre el juego, las compras y, en menor medida, las redes sociales.

En su centro, el cribado de personas mayores de 64 años apenas alcanza el 4%, y aunque no es lo más habitual, “tampoco es poco frecuente”. “Lo que sí ocurre con mayor frecuencia es que acuden al sistema sanitario más tarde, se normalizan estas conductas o se infradinamizan. También puede suceder que sean evaluados en otros servicios de salud mental y consulten por otros motivos, como ansiedad, insomnio o síntomas depresivos”, explica.

El perfil más común suele incluir a personas jubiladas o próximas a jubilarse, con cambios recientes en su vida, más tiempo libre, acceso creciente a la tecnología y comorbilidad de ansiedad y depresión. En algunos casos presentan deterioro cognitivo leve; además, se enfatiza que en las adicciones conductuales es habitual la existencia de un mayor aislamiento social, junto con la utilización del comportamiento adictivo como forma de regulación emocional.

Martín coincide en que la jubilación puede representar un factor de riesgo y actuar como un disparador: “Se tiende a idealizar la jubilación como algo exclusivamente positivo, pero en ocasiones no es así, y para algunas personas supone una ruptura significativa dado que el trabajo representaba un aspecto importante”.

En este sentido, recuerda que el problema central en la tercera edad es que, mientras en menores de 65 años predominan los problemas asociados al uso de drogas ilegales, en este grupo predomina el consumo de sustancias legales.

Intervenciones desde atención primaria

Por todo ello, el psiquiatra considera que la adicción en este segmento etario es una asignatura pendiente en el ámbito de la salud mental y defiende mejorar su detección, por ejemplo, en atención primaria a través de herramientas usadas en las revisiones anuales, que podrían incorporar el abordaje de estos temas.

Asimismo, destaca la importancia de realizar una revisión sistemática de la medicación, especialmente de sedantes y analgésicos sedantes. “Con los sistemas automáticos de prescripción actuales, las recetas se renuevan periódicamente y hay pacientes que llevan años tomando un fármaco sin que un médico lo evalúe. Esto debería corregirse”, afirma. Finalmente, también valora promover programas de ocio saludable para combatir la soledad no deseada, que considera un “factor etiológico principal en el consumo”.

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