Noelia Márquez, estudiante en un centro público de Huelva: «Crecí pensando que la FP no tenía valor alguno, pero si pudiera regresar no cursaría Bachillerato»

Noelia Márquez, con 23 años, obtuvo un 8,6 en Bachillerato y un 13,2 en Selectividad tras presentarse cuatro veces al examen, aunque no alcanzó la nota necesaria para acceder a las carreras que deseaba —Medicina u Odontología— en ninguna universidad pública de Andalucía. Decidió entonces inscribirse en Formación Profesional y ahora considera que fue «una de las mejores elecciones» que ha hecho. Está en 2º de Mecatrónica en el centro público Profesor José Luis Graíño de La Rábida (Huelva) y es la única alumna mujer de su promoción. De los dos grupos de 25 alumnos, todos son chicos excepto ella. «Hay pocas mujeres en esta área, aunque está en expansión», comenta a EL MUNDO. «Aún persiste la idea de que hay ‘carreras para hombres’, pero estamos más que capacitadas y con opciones reales de avanzar en este sector».
A comienzos de mes, Noelia fue la estudiante que compartió su experiencia durante el acto organizado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para presentar el plan que quiere situar la FP «en el centro del proyecto de país», según palabras de la ministra de Educación, FP y Deportes, Milagros Tolón. «Si pudiera retroceder, ya no estudiaría Bachillerato, optaría por un grado medio de FP», afirma esta alumna aplicada y despierta, quien admite que los dos años de Bachillerato fueron «los más complejos» de su trayectoria académica.
¿Acaso la FP es más sencilla? «No sé si lo es, pero se basa más en entender y practicar que en memorizar. Aprenderse algo de memoria no sirve si no sabes cómo funciona una máquina o un circuito. Lo relevante es que en la FP he adquirido conocimientos prácticos útiles para el empleo, mientras que al finalizar Bachillerato solo dominaba muy bien la teoría de asignaturas como Lengua, Matemáticas o Física, sin sentirme preparada para incorporarme al mercado laboral».

Mecatrónica es uno de los grados superiores de FP con una de las tasas de inserción laboral más elevadas de España, alcanzando un índice de afiliación a la Seguridad Social cercano al 80% al cuarto año desde la graduación. Sin embargo, estos estudios, antes conocidos como Mantenimiento Electrónico Industrial, suelen desalentar a muchos estudiantes, sobre todo mujeres, debido a que desconocen en qué consisten realmente. «No se trata de manipular máquinas ni de realizar grandes esfuerzos físicos, sino de estudiar asignaturas como hidráulica, neumática, mecánica, electricidad y, sobre todo, amplia programación informática. El año pasado hice prácticas en una empresa donde indicaba las averías, pero no me tocaba repararlas: éramos supervisores, no técnicos de mantenimiento», explica Noelia.
«Es una combinación de mecánica y electrónica adaptada a la era de la digitalización», expone Juana Sánchez, directora del instituto donde estudia. Afirma que «de las 11 promociones que han egresado hasta ahora, ninguno está desempleado». «A diario recibo llamadas de diferentes empresas solicitando personal para ofrecerles empleo», resalta.
El instituto, que cuenta con una lista de espera superior a 100 estudiantes para ingresar, está próximo al Polo Químico de Huelva, uno de los mayores complejos industriales del país que alberga refinerías, metalúrgicas, plantas energéticas y compañías químicas. El 80% de sus alumnos encuentra trabajo en el Polo Químico, en empresas como Moeve, Enagás, Exolum o Atlantic Cooper, percibiendo salarios superiores a los 2.000 euros mensuales, según la directora. Además, Juana recibe peticiones de empleados desde otras comunidades autónomas porque «hay muy pocos titulados en Mecatrónica».
Antes de matricularse, Noelia fue asesorada detalladamente por un orientador sobre las diferentes salidas profesionales de los grados. No deseaba alejarse demasiado de casa —reside en Moguer con su pareja, quien también trabaja en el ámbito industrial, y sus padres están en Mazagón— y buscaba «condiciones laborales favorables». Tras hacer la Selectividad y no ser admitida en la universidad debido a las altas notas requeridas en Medicina y Odontología, cursó y concluyó un grado superior de Higienista Dental. «Comprendí que mi jefa odontóloga trabajaba muchas horas, ya que atendía su propia consulta y otra ajena. En el sector sanitario se trabaja prácticamente todo el día con un salario bajo. Y yo quiero tener también tiempo para mi vida personal», manifiesta.

Actualmente siente que ha encontrado su lugar. «De niña, mi madre insistía constantemente en que debía estudiar una carrera universitaria. Crecí pensando que la FP no tenía ningún valor, pero hoy ofrece mejores oportunidades laborales que ciertos grados universitarios», apunta Noelia. Su madre, que es peluquera, también ha modificado su opinión respecto a la FP, al haber realizado con 45 años un grado medio de auxiliar de Enfermería y estar ahora preparándose para oposiciones.
El entorno de Noelia refleja la transformación sociológica en relación a esta formación: «Conozco a más personas que optan por la FP que las que van a la universidad. Quienes cursaron una carrera siguen estudiando y continúan viviendo con sus padres».
Además, se observa cada vez más una mezcla de ambas trayectorias. Un amigo de Noelia del colegio hizo un grado medio de Electricidad, luego un grado superior de Telecomunicación y actualmente cursa la carrera universitaria de Ingeniería Electrónica. «Y ha estado trabajando desde antes de comenzar». Su mejor amiga, en cambio, hizo Bachillerato con Noelia, luego un grado de FP en Anatomía Patológica, después estudió tres años de la carrera de Enfermería y ahora inicia Medicina. «Terminará sus estudios con más de 30 años».

La mayoría de sus amigas, en cualquier caso, ha realizado el grado de Química Industrial, estrechamente ligado a las oportunidades laborales regionales. Ella también obtuvo un certificado profesional de Gestión y Control de Planta Química de 840 horas y, al concluir Mecatrónica, cursará Química Industrial, donde convalidarán la mayoría de las materias, necesitando solo aprobar dos para obtener ambos títulos: Mecatrónica y Química Industrial.
El año pasado, Noelia realizó prácticas remuneradas en Exolum y el 9 de marzo empezará a trabajar en Magnon, una compañía que produce electricidad a partir de biomasa. «Desde el primer curso, la formación es verdaderamente práctica porque colaboramos en empresas. Lo positivo es que la empresa te conoce y valora tu desempeño. Es una formación adaptada a las necesidades específicas de la empresa».

