La comba representaba un elemento fundamental para el exportero del club azulgrana, quien estaba convencido de que la cuerda otorgaba «coordinación, agilidad, rapidez y concentración».
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José Manuel Pinto fue mucho más que el eterno suplente de Víctor Valdés en aquel Barça dirigido por Guardiola: además de guardameta del Celta y del FC Barcelona, consiguió ser campeón de la Champions y ganador del Trofeo Zamora, y simultáneamente se destacó como un músico apasionado por el hip hop y la producción, que finalmente logró alzar un Grammy como productor.
En su nueva etapa, aquel mismo espíritu inconformista lo motivó a crear P13 Fit, un sistema de entrenamiento que combina cuerda y música, y que ya cuenta con cientos de instructores distribuidos en Europa y América.
En una entrevista para el podcast Los Fulanos, Pinto recordó que todo comenzó con un clásico complejo de un portero adolescente: su estatura. A los 12 o 13 años, frecuentemente le decían que era «valiente, con reflejos, hábil, pero que carecía de altura», y esa etiqueta lo impulsó a diseñar sus propios ejercicios especializados.
«Empecé a crear mis propios entrenamientos porque pensaba: ‘Si soy bajito, lo único que debo hacer es entrenar más que nadie. Si alguien me saca cuatro dedos, esos cuatro dedos los compensaré con mi salto'», contaba. Desde entonces, la comba representó un elemento indispensable. Siempre la integraba en sus sesiones porque entendía que la cuerda ofrecía «coordinación, agilidad, velocidad y concentración», todo aquello que no otorgaba su altura.
Con el paso del tiempo, experimentó un crecimiento físico, entre los 14 y 15 años, alcanzando 1,84 metros, pero mantuvo la potencia y agilidad en los pies trabajada con la cuerda, algo que, según sus palabras, le brindó «una ventaja extra» y lo convirtió en «un portero más completo».
Jose Manuel Pinto.
Años después, ya retirado, continuaba pensando en cómo convertir aquella herramienta en un método personal y replicable: «Llevaba mucho tiempo pensando y preguntándome: ‘¿Qué puedo crear que sea genuino y accesible para todos?'».
Finalmente, la solución fue fusionar la comba con la música para desarrollar «una modalidad de entrenamiento sincronizada con canciones», para la cual incluso componía temas específicos.
El nacimiento de su emprendimiento
De esta búsqueda emergió P13 Fit, un sistema cuyo nombre respondía, según Pinto, a una lógica precisa: «P13 Fit significa programa («P» de programa). Trece hace referencia a 13 movimientos básicos, y Fit es un acrónimo en inglés de tres palabras: fun intensive training».
Además de su significado técnico, jugaba con la coincidencia obvia de su apellido y el número de su dorsal, pero recalcaba que la esencia estaba en un programa organizado en trece pasos fundamentales al ritmo de canciones diseñadas para acompañar cada segmento.
En sus inicios, Pinto basó el método en el «salto clásico» del boxeador: un ciclo de cuerda con saltos continuos, sistema accesible únicamente para deportistas experimentados.
Un amigo suyo en Miami, Alberto Perma, cocreador de Zumba, vio el primer prototipo y le dijo una frase que marcó un antes y un después: «Aquí tienes un diamante en bruto, tienes que pulirlo, desarrollarlo y lanzarlo». De regreso, el exportero pasó casi dos años investigando y probando variantes sin encontrar aún la fórmula para popularizarlo.
La clave llegó, curiosamente, observando a su hijo de cinco años saltar con una cuerda en un pasillo de un centro comercial. «Al verlo saltar pensé: ‘Eso es lo que debemos hacer’. Un niño cuando salta, por instinto, realiza como una especie de marcha: camina, pum, pam, pam, pam», relató.
Comprendió que «nacemos con ese reflejo» y decidió reconstruir todo el programa basándolo en ese «paso del niño», que consta de un ciclo de cuerda y dos movimientos, democratizando así el acceso al entrenamiento.
Desde ese momento, P13 Fit se convirtió en un método progresivo, con distintos niveles, apto para «niños y personas mayores de 65 años», que contempla 55 minutos de ejercicio cardiovascular incluyendo calentamiento, estiramientos y rondas de tres minutos inspiradas en los asaltos del boxeo.
José Manuel Pinto.
El siguiente gran cambio fue transformar esta idea en un modelo de negocio escalable. Pinto contó que, al regresar a Miami con la versión adaptada al «paso del niño», su mentor dejó de verlo como un rival de Zumba y pasó a considerarlo un complemento: «Me dijo: ‘Ahora lo tienes. Es el momento de lanzarlo al público'».
El consejo incluía un aspecto vital: documentarlo todo, grabarse y proteger el método para resguardar la autoría de esta forma específica de entrenar con cuerda, a pesar de que el salto con comba existía «desde siempre».
Desde ese momento, su modelo de negocio se apoyó en formar instructores y crear una red global. «Actualmente, cuento con alrededor de 300 instructores», detallaba, distribuidos entre Miami, varios países latinoamericanos como Colombia, México y Venezuela, donde incluso tiene una master trainer, y Europa.
Esos entrenadores pagan primero por el curso y luego una cuota mensual que les habilita impartir clases bajo la marca P13 Fit, aprovechando la patente y las registraciones que respaldan el método.

