Un nuevo informe de la OMS y los ECDE revela cómo la situación mejora en el continente, mientras se agrava en nuestras fronteras
España muestra una evolución opuesta al resto de Europa respecto al sarampión, según un informe presentado este miércoles por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés). El documento expone claramente la evolución de la enfermedad en Europa, destacando un dato español que representa una anomalía reconocible: 418 casos en 2025. Entre estas cifras se observan 126 hospitalizaciones (equivalente al 30% del total), sin fallecimientos y con una transmisión sostenida.
El aspecto más relevante no es el total, sino la clasificación epidemiológica: 226 casos (47%) se consideran “endémicos”, es decir, infecciones contraídas por circulación del virus dentro del territorio nacional. A esto se suma otra señal de alerta importante: el 79% de los casos corresponden a personas no vacunadas o con estado de vacunación desconocido. Los grupos más vulnerables permanecen en la primera línea: el 19% de los contagios afecta a niños menores de cinco años, y el 9% a bebés menores de un año.
De hecho, hace unas semanas, la OMS retiró a España la condición de país libre de sarampión tras confirmarse la reaparición de transmisión endémica del virus, con más de 600 casos detectados entre 2024 y 2025. El incremento de casos importados y brotes en diversas comunidades, junto con lagunas en la cobertura vacunal, motivaron esta decisión y llevaron a la actualización del plan nacional de eliminación.
Lo paradójico es el contexto general. En el mismo informe y con los datos preliminares emitidos este miércoles, Europa y Asia Central exhiben un descenso notable: 33.998 casos en 2025, lo que representa casi un 75% menos que en 2024 (127.412), según OMS y UNICEF. En la región más comparable a España, el ECDC también reporta un descenso: 7.655 casos notificados en 2025, aunque con transmisión comunitaria aún activa. Por tanto, el mapa no refleja una única realidad: muestra un continente que reduce el impacto del sarampión… y un país que, por ahora, sigue un camino opuesto.
Europa y Asia Central: reducción significativa de la transmisión
La diferencia con el resto de Europa es clara. Los datos preliminares del informe de la OMS indican 33.998 casos de sarampión registrados en 2025 en la Región Europea, lo que supone un descenso cercano al 75% en comparación con los 127.412 casos reportados en 2024. Este descenso, advierten la OMS y UNICEF, se debe en parte a medidas reactivas ante brotes y campañas de inmunización, además de que el virus circuló intensamente en comunidades con baja cobertura de vacunación, reduciendo temporalmente el número de individuos susceptibles.
Sin embargo, a pesar de este descenso global, los especialistas señalan que el riesgo de nuevos brotes se mantiene y que la reducción no ha sido uniforme en todos los países.
En el ámbito más homogéneo de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo, los datos del ECDC confirman una pronunciada disminución de casos de sarampión: 7.655 en 2025 frente a más de 35.000 en 2024, aunque continúa habiendo transmisión comunitaria y muertes vinculadas a la enfermedad (ocho en total en 2025: cuatro en Francia, tres en Rumanía y uno en los Países Bajos).
¿Qué ocurre en España?
España enfrenta una situación epidemiológica comprometida: la incidencia aumenta mientras Europa disminuye sus cifras, circunstancia que llevó a la OMS a retirar ayer el estatus de país libre de sarampión, tras detectar transmisión continua del virus.
El repunte y la pérdida del estatus evidencian debilidades para mantener la cobertura de vacunación necesaria para detener la transmisión. Aunque las tasas de primera dosis en España son elevadas (superan el 95% en numerosos distritos), la segunda dosis permanece por debajo del umbral recomendado del 95%, dejando espacios susceptibles para que el virus resurja.
Las opiniones de expertos consultados por la agencia SMC describen un panorama compartido: aunque la reducción de casos en Europa representa un avance positivo, España debe interpretar sus datos con rigor y atención.
Ángel Hernández Merino, pediatra y asesor en vacunación, señala que el descenso en Europa responde tanto a las tendencias epidémicas como a las estrategias post-brote, pero resalta que en España «los casos confirmados en 2025 casi duplican los de 2024″ y recalca la necesidad de revisar prácticas como «no posponer la primera dosis al cumplir 12 meses» y «adelantar la segunda», tal como ya implementó Andalucía. Por su lado, Josefa Masa Calles, del Instituto de Salud Carlos III, comenta que España ha registrado «gran número de casos importados» que han contribuido al incremento y que la estacionalidad del sarampión podría implicar un repunte en primavera.
En sintonía, África González Fernández, inmunóloga, enfatiza que la pérdida del estatus de eliminación indica que «no se puede relajar la vigilancia» y recuerda que España mantiene coberturas de segunda dosis inferiores al 95%. Además, Marcos López Hoyos, de IDIVAL, y Quique Bassat, de ISGlobal, coinciden en que el descenso en Europa es resultado de campañas efectivas, pero que aún queda trabajo para recertificar a cada país como libre de transmisión.
La mayoría de los especialistas advierten contra la complacencia y subrayan que el sarampión continúa siendo una enfermedad grave, altamente contagiosa y capaz de provocar complicaciones como neumonía y deterioro inmunológico a largo plazo.
Lecciones y desafíos: más allá de las cifras
Que España esté mostrando una evolución diferente al resto de Europa plantea interrogantes esenciales sobre la gestión de la vacunación y la vigilancia epidemiológica. Los datos sugieren:
- Una variabilidad en coberturas de segunda dosis que crea brechas de sujetos susceptibles.
- Una importación de casos que desemboca en brotes locales debido a esos vacíos.
- La necesidad de fortalecer la búsqueda activa de susceptibles, especialmente adultos jóvenes y grupos con acceso limitado al sistema sanitario.
- Una comunicación pública que enfrenta reticencias y desinformación sobre vacunas, factor identificado por la OMS y UNICEF como clave en la persistencia del virus.
La caída general en Europa demuestra que el sarampión responde rápidamente cuando se actúa con firmeza. Sin embargo, el caso de España recuerda que los avances epidemiológicos no son definitivos y que, sin coberturas homogéneas y mantenidas a lo largo del tiempo, cualquier país puede volver a experimentar brotes de una enfermedad prevenible mediante vacunas seguras y eficaces.

