La tasa de pobreza relativa entre menores de 35 años alcanza su nivel más bajo desde 2009, tras una caída impulsada por la mejora en las condiciones de quienes cuentan con el respaldo familiar

En 2025, la tasa de riesgo de pobreza relativa en España descendió hasta el 19,5%, alcanzando su cifra más baja desde la crisis de 2008, según la Encuesta de Condiciones de Vida (INE) del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondiente a ese año. Este dato confirma una tendencia positiva en los indicadores sociales, pero también resalta una brecha que se agrava entre los jóvenes: la creciente disparidad entre quienes logran independizarse y quienes permanecen en el hogar familiar.
De acuerdo con Jorge Galindo, director adjunto de EsadeEcPol, en un análisis difundido por el think tank, la proporción de jóvenes entre 16 y 34 años en situación de pobreza descendió del 22,2% en 2015 al 17,0% en 2025. Aunque la tendencia general es a la baja, esta recuperación no ha sido uniforme. La pandemia frenó el progreso, provocando un repunte al 20,7% en 2021, y desde 2022 la tasa se ha estabilizado entre el 17% y el 18%.
No obstante, Galindo destaca una evolución preocupante que se está consolidando: el aumento de jóvenes que consideran imposible emanciparse. De hecho, el INE señala que la tasa de menores de 35 años independizados ha disminuido año tras año durante la última década. El porcentaje de jóvenes emancipados cayó del 37,5% en 2015 al 27,0% en 2025, lo que implica que casi tres de cada cuatro jóvenes españoles de 16 a 34 años residen con al menos uno de sus padres. Aunque podría parecer que quienes viven sin apoyo financiero familiar cuentan con mejor economía, los datos oficiales indican que disponer del respaldo económico de los padres es una de las principales garantías para reducir el riesgo de pobreza.
Los jóvenes emancipados, cada vez más afectados por la pobreza
En esta publicación, el sociólogo e investigador destaca la existencia de una brecha en la pobreza entre jóvenes emancipados y quienes viven con sus padres. Aunque ambos grupos han logrado reducir la tasa de pobreza juvenil en conjunto, esta mejora resulta de su evolución a ritmos muy dispares. En la última década, la pobreza entre jóvenes que habitan con sus padres disminuyó 6,2 puntos, mientras que entre los emancipados aumentó 1,6 puntos. Por lo tanto, los jóvenes independizados han visto crecer su probabilidad de estar en situación de pobreza, mientras que en quienes permanecen en el hogar familiar esa probabilidad se ha reducido, ampliando la brecha en las tasas de pobreza relativas entre ambos colectivos hasta alcanzar 17,8 puntos.

Ante estas disparidades, todo indica que la disminución de la pobreza juvenil agregada se debe principalmente a la mejora entre quienes continúan viviendo en el hogar familiar. El informe de EsadeEcPol revela que dos tercios de la reducción total se atribuyen al descenso de la pobreza en este grupo, cuya tasa pasó del 18,4% de hace diez años al 12,2% actual. Solo una quinta parte corresponde al descenso en la proporción de jóvenes emancipados, quienes mantienen una tasa de pobreza del 30% (casi tres veces mayor que la de quienes residen con sus padres), en comparación con el 28,4% registrado en 2015.
Así, la reducción en la tasa de pobreza no necesariamente refleja una mejora en las condiciones de vida de los jóvenes independizados, sino que está vinculada al aumento del grupo de trabajadores jóvenes que no pueden permitirse la independencia económica y continúan bajo el amparo de la economía familiar.
Estudiar no basta sin apoyo familiar
El aumento en el nivel educativo de la juventud es otro aspecto señalado en el artículo, aunque este no tiene el efecto esperado sobre la tasa de pobreza ni impacta de igual manera a ambos grupos analizados. La proporción de jóvenes con educación terciaria, ya sea en curso o completada, ha crecido tanto entre los emancipados como entre quienes viven con sus padres. En este último grupo, el porcentaje se aproxima a dos tercios; mientras que en el primero alcanza casi el 75%.
El desglose por nivel educativo muestra que en 2025 la tasa de pobreza para jóvenes sin estudios terciarios es del 15% entre quienes viven con sus padres, y asciende al 39,1% para los emancipados. Por su parte, entre los emancipados con educación superior la tasa se mantiene entre el 23% y el 25% durante la última década, mientras que quienes residen en el hogar familiar y poseen estudios terciarios experimentan el menor riesgo de pobreza, que baja del 16% en 2015 al 11,3% en 2025.

De estos datos se concluye que la estrategia más efectiva para alejarse de la pobreza juvenil es cursar estudios terciarios, pero especialmente contar con apoyo financiero familiar. El siguiente grupo con mayor protección son los no emancipados sin educación terciaria, cuyas tasas han permanecido generalmente por debajo de las de los emancipados con formación superior durante la última década, aunque en algunos momentos las hayan superado.
El costo de la vivienda, otro factor determinante
Las cifras mencionadas anteriormente solo consideran los ingresos que llega al hogar, por lo que no contemplan diferencias relevantes relacionadas con el precio del acceso a la vivienda, uno de los mayores obstáculos para las generaciones más jóvenes. Sin embargo, existe un método para estimar el valor económico de vivir en una vivienda sin pagar un alquiler de mercado. Este es el alquiler imputado: un valor que calcula cuánto costaría alquilar dicha vivienda en condiciones normales. Se aplica tanto a quienes viven en propiedad, como a quienes habitan una casa proporcionada por un familiar o siguen residiendo con sus padres.

Al incluir este factor en el ingreso del hogar, el impacto resulta evidente: la tasa de pobreza disminuye de forma considerable entre quienes viven con sus padres (–1,5 puntos) en comparación con quienes están emancipados (–0,4 puntos), según el análisis de Galindo. Este ajuste refuerza la hipótesis de que el hogar familiar funciona como principal red de protección económica contra la pobreza juvenil.

