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Información del artículo
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- Autor, Karin Modig
- Título del autor, The Conversation *
- 7 febrero 2026
- Tiempo de lectura: 5 min
¿Cuál es el grado de influencia de los genes en la longevidad? Esta interrogante ha capturado la atención de expertos por décadas.
Por mucho tiempo, se aceptó que la genética explica entre el 20% y el 25% de las diferencias en la esperanza de vida humana, mientras que el resto se atribuye al ambiente y al estilo de vida.
Sin embargo, un reciente estudio en Science pone en duda esta idea, sugiriendo que la influencia genética es mucho mayor.
Esto se debe, según los autores, a que las estimaciones anteriores no consideraron los cambios en las causas de muerte a lo largo del tiempo.
Hace cien años, muchas defunciones se debían a causas extrínsecas: accidentes, infecciones y otros factores externos.
Actualmente, principalmente en países desarrollados, la mayoría de las muertes ocurren por causas intrínsecas, derivadas del desgaste corporal por el envejecimiento y enfermedades asociadas, como la demencia y afecciones cardíacas.
Para clarificar esta relación, el equipo analizó múltiples cohortes de gemelos escandinavos, excluyendo cuidadosamente las defunciones por causas externas.
Además, evaluaron gemelos criados en hogares distintos y a hermanos centenarios en Estados Unidos.
Al retirar las muertes por accidentes e infecciones, la estimación genética subió notablemente: del común 20-25% a cerca del 50-55%.

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Este patrón resulta lógico al examinar enfermedades específicas. La genética tiene un peso considerable en la variabilidad del riesgo de demencia, un impacto medio en enfermedades cardiovasculares y una influencia relativamente baja en el cáncer.
Con ambientes que mejoran, donde la población envejece y las patologías relacionadas con el envejecimiento se vuelven predominantes, la influencia genética se incrementa de forma natural.
Nuestros genes no se han vuelto más potentes
Aquí es donde la interpretación resulta esencial. Una evaluación mayor no implica que los genes hayan ganado fuerza ni que solo el 50% de las probabilidades de alcanzar la vejez sean modificables.
Lo que ha variado es el ambiente, no nuestro código genético.
Tomemos la estatura humana como ejemplo. Hace un siglo, la altura dependía mucho de la nutrición y de si las enfermedades infantiles afectaban el desarrollo.
Hoy, en los países con mayores recursos, la mayoría goza de una alimentación suficiente.
Al reducir esas diferencias ambientales, la proporción de variabilidad en la estatura que se atribuye a factores genéticos aumenta, no porque la nutrición sea irrelevante, sino porque ahora la mayoría alcanza su potencial genético.
Sin embargo, un niño con desnutrición seguirá presentando baja estatura, independientemente de su genética.
El mismo concepto es válido para la expectativa de vida. Mejoras en vacunación, reducción de contaminantes, mejor alimentación y hábitos saludables han disminuido el peso de los factores ambientales.
Cuando la variación en el entorno se reduce, la parte de la variabilidad restante explicada por la genética —lo que los científicos llaman “hereditabilidad”— aumenta desde un punto de vista matemático.
Las mediciones anteriores no eran equivocadas; solo reflejaban condiciones diferentes en tiempos pasados.
Esto revela un concepto fundamental: la heredabilidad no es una característica biológica fija, sino un parámetro que varía según la población y las circunstancias analizadas.
El valor clásico del 20-25% describía la esperanza de vida bajo contextos históricos, con importancia considerable de factores externos.
La nueva cifra, de 50-55%, representa un escenario distinto, en el que esos factores externos han sido mayormente eliminados, configurando así un rasgo diferente.

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La cifra principal de aproximadamente un "50% heredable" de la esperanza de vida puede inducir a error, como si la genética determinase la mitad de las probabilidades de vida de una persona.
En realidad, la influencia genética en cada individuo puede oscilar entre mínima y muy significativa, de acuerdo con sus circunstancias personales.
Existen múltiples rutas para alcanzar una vida larga: algunos cuentan con perfiles genéticos que los protegen incluso en entornos adversos, mientras otros compensan una genética menos favorable con nutrición óptima, actividad física y servicios médicos de calidad.
Cada persona es una combinación única, y diversas mezclas genéticas y ambientales pueden conducir a una longevidad notable.
Los patrones más frecuentes dependen enteramente de la población y del contexto en que las personas viven y envejecen. A medida que las causas externas de muerte continúan disminuyendo en el mundo, aunque nunca desaparezcan por completo, será interesante observar cómo cambian estos patrones.
Los investigadores reconocen que aproximadamente la mitad de las diferencias en esperanza de vida todavía dependen de factores ambientales, estilo de vida, cuidado médico y procesos biológicos aleatorios, como la división celular irregular que puede ocasionar cáncer.
Argumentan que su trabajo debería incentivar la búsqueda de mecanismos genéticos relacionados con el envejecimiento y la longevidad.
Comprender cómo interactúan factores genéticos con diferentes entornos es probablemente la clave para explicar por qué algunas personas viven mucho más que otras.
El estudio aporta datos valiosos sobre cómo las distintas causas de muerte han condicionado la percepción de la esperanza de vida.
No obstante, estos resultados se comprenden mejor como muestras de la variabilidad de la heredabilidad en distintos contextos, en lugar de establecer una contribución genética fija y universal a la longevidad.
En resumen, tanto los genes como el ambiente son importantes. Más aún, su interacción conjunta resulta vital.
Por lo tanto, sea que esto parezca una noticia positiva o negativa, probablemente nunca habrá una respuesta simple sobre cuánto de la expectativa de vida de una persona está determinada exclusivamente por la genética.
* Karin Modig es profesora asociada de epidemiología en el Instituto Karolinska, Suecia. Este artículo fue publicado en The Conversation. La versión original en inglés puede leerse aquí.

