Miki Nadal recorre su carrera desde el teatro clásico y la producción cinematográfica hasta su participación en programas como ‘Zapeando’, ‘El informal’ y ‘Masterchef’.
El humorista ofrece su visión sobre temas actuales como la España vaciada, la gestión del agua, el papel de Aragón y la influencia de los partidos independentistas.
Nadal analiza los límites del humor en televisión, la política convertida en espectáculo y el impacto de las redes sociales en la sociedad contemporánea.
Aborda temas delicados como las denuncias de acoso, la dificultad de los jueces al enfrentarse a la ausencia de pruebas y la necesidad de respetar la ley en todas las circunstancias.
Hoy dejamos de lado el Libro de Estilo. Mantener el «usted» resulta complicado al dialogar con Miki Nadal, presentador y humorista conocido por su papel en programas como Zapeando, El informal o Masterchef (que ganó en 2021 junto a Juanma Castaño).
Nos atiende en los estudios de Globomedia en Madrid, momentos antes de maquillarse para conectarse en directo a Zapeando, un programa de humor y actualidad que lleva ya 12 años en La Sexta.
Miguel Nadal Furriel (Zaragoza, 1967) se identifica como aragonés en Madrid y se pronuncia, dentro del cauce razonable, sobre los temas que están en juego en las elecciones de este domingo.
Pocos saben que, antes de su fama televisiva, interpretó obras clásicas del Siglo de Oro (en el papel del Duque de Alba) y el teatro pánico de Fernando Arrabal.
También participó como coproductor en películas taquilleras como Luces Rojas o Grand Piano, protagonizadas por Robert de Niro, Sigourney Weaver y Elijah Wood.
Vives entre Madrid y Zaragoza y usas frecuentemente el AVE: ¿Crees que ahora muchas personas dudan antes de subirse a un tren?
Cada vez que ocurre una tragedia, surge un poco más de temor. Actualmente hay cierta precaución y se procura bajar la velocidad. Se registran más retrasos y problemas. Viajo a menudo a Zaragoza y Alicante por motivos familiares y laborales. Conozco bien el AVE, pero no soy nada cobarde. Me atraen las emociones fuertes, como en la montaña rusa.
Creciste en Pedrola, un pueblo de Zaragoza. ¿Se han difundido muchos estereotipos sobre la España vaciada? ¿O muchos jóvenes siguen emigrando a Madrid u otras ciudades por falta de oportunidades?
A los cinco años mi familia se trasladó de Pedrola a Zaragoza. Aunque Pedrola no entra dentro del concepto de España vaciada, cuenta con industria y empleo.
El movimiento de pueblos hacia las ciudades es frecuente. Las localidades pequeñas no ofrecen las mismas posibilidades. Durante la niñez o la tercera edad es viable quedarse, pero estudiar o trabajar profesionalmente en un pueblo pequeño es complicado.
Hay que abordar el problema dotando a esos lugares de mayores atractivos: acceso a vivienda asequible, buenas comunicaciones y una red 5G fiable que permita el teletrabajo.
En Zaragoza estudiaste en el colegio Santo Tomás de Aquino, fundado por el padre de José Antonio Labordeta. ¿Llegaste a conocerle?
Cuando ingresé, José Antonio ya no estaba; la dirección la llevaba primero Miguel y luego Donato Labordeta. En los años 40, fue el único colegio laico en España, aunque actualmente ya no existe.
¿Era un centro educativo muy innovador?
No, acudíamos alumnos con dificultades (ríe). Ese era el único método que conocíamos.
¿Qué representa José Antonio Labordeta para Aragón?
Es un emblema que difundió el nombre de Aragón en muchos ámbitos. Un país en la mochila fue un programa muy popular y también muy imitado, lo que indica su éxito. El himno no oficial de Aragón es El canto a la libertad de Labordeta, que se canta cada año en la Plaza del Pilar.
Dado que media España enfrenta inundaciones, ¿apoyas un Plan Hidrológico que traslade agua de zonas con excedente a las que carecen? ¿O crees que el Ebro es intocable, como dijo Azcón recientemente?
Encontrar un equilibrio es complejo. Aragón debe cubrir completamente sus necesidades hídricas y, después, en la medida de lo posible, ayudar a otras regiones que requieren agua. La solidaridad territorial es esencial para evitar que cada uno actúe por su cuenta.
Azcón mencionó que si la Generalitat no devuelve las obras de Sijena, mandará a la Guardia Civil por ellas.
Me parece correcto.
¿Será necesario un mediador internacional para resolverlo?
No. Ya se ha establecido con claridad: el Vaticano, los tribunales y todas las instancias demandan la devolución. La ley debe ser la única regla. Simplemente, que se cumpla.
Regiones como Aragón, Mallorca o Valencia, antiguamente reinos, hoy son relegadas; mientras otras, sin haber sido, reclaman privilegios con supuestos derechos históricos. ¿En España se ignoran los problemas de Aragón porque no hay un partido independentista presionando al Gobierno constantemente?
Aragón tiene la importancia suficiente para ser tenida en cuenta. Que haya o no un partido independentista es otra cuestión; pueden difundir sus ideas y la gente decidir si las apoya o no. Defender los derechos de Aragón no requiere ser independentista, igual que en Cataluña.
¿Qué opinas de que Irene Montero proponga no solo regularizar a 850.000 inmigrantes, sino nacionalizarlos y otorgarles voto para «barrer» y reemplazar a los fachas?
Esos debates políticos me resultan ajenos. No sé si sería la solución o un problema. Tampoco creo necesario sustituir a nadie. Todos pueden convivir en paz y con educación, si hay cooperación y respeto.
Hiciste la mili en Ferrol, en la Armada, aunque no llegaste a subir a un barco ni submarino. Ahora que varios países europeos la recuperan ante la amenaza de Putin, ¿crees que sería beneficiosa para los jóvenes españoles?
Disfruté mucho la mili; fue una etapa bonita. Me sirvió bastante, aunque no la repetiría.
La recomendaría, porque permite conocer gente de diversas regiones y eso fortalece la unidad. Además, aporta disciplina y paciencia, al acostumbrarte al ritmo rápido y a la espera constante (no se sabe si bromea o habla en serio).
No tengo claro si debería ser obligatoria para todos, puesto que requeriría una infraestructura distinta y una separación en la convivencia más íntima.
¿La supuesta fiesta de Ábalos en el Parador de Teruel fue el impulso que necesitaba para reactivar su turismo, o más bien un hecho vergonzoso?
No sé cómo quedó la historia, si realmente hubo fiesta o no. Pero no hacen falta escándalos para promocionar el parador de Teruel, que es hermoso, ni la Sierra de Teruel, que es espectacular. He viajado por toda España y es uno de los mejores lugares.
Paco Martínez Soria y Fernando Esteso, recientemente fallecido, son probablemente los cómicos más destacados de Aragón. ¿Te gustaría tener algo de ellos en tu trabajo?
Creo que tengo algo similar, pero no por ser humoristas, sino por ser aragoneses, por nuestra forma de reír y relacionarnos. Los aragoneses somos abiertos, acogedores y simpáticos.
Todos los identifican con Aragón, especialmente Martínez Soria. Esteso desarrolló más su carrera en Madrid y luego en el Mediterráneo, pero siempre se mostró orgulloso de su origen aragonés.
¿Qué importancia tuvo Fernando Esteso para el cine español?
Aunque solo hicieron siete u ocho películas juntos, Esteso y Andrés Pajares aportaron mucho a la comedia española en una época de destape, con contenidos ahora vistos como extraños, pero que fueron tendencia.
Contribuyeron significativamente a la industria del cine español, con éxitos en taquilla que superaban incluso a La guerra de las Galaxias. En España, se retrasó el estreno de Star Wars por el éxito de películas como Los bingueros.
¿Ha sido injusto el cine español con esa generación de actores populares en los 60 y 70, encasillados en géneros como el landismo, que hoy nos avergüenza un poco?
Esas películas las hicieron, pero después desarrollaron carreras más serias. Alfredo Landa, por ejemplo, participó en títulos como El crack o Los Santos Inocentes, que ganó La Palma en Berlín.
José Luis López Vázquez era un actor excepcional, y José Sacristán continúa triunfando en el teatro. Sin embargo, la imagen que prevalece es la de las películas turísticas.
¿En ‘Zapeando’ existen tabúes? ¿Hay temas que consideran inapropiados para bromear por ofender o por mal gusto?
Siempre digo que el humor público, en privado resulta algo insípido, y el humor privado en público, excesivo. Hay que buscar un equilibrio.
Cualquier cosa que ofenda no encaja en un programa de humor para la mayoría. Tampoco me agrada la política en exceso, salvo alguna broma sobre Donald Trump, quien tiene aspectos dignos de parodia.
En Ucrania el presidente Zelenski era actor de una serie humorística. ¿Ves en España a algún actor o cómico con potencial para ganar elecciones y gobernar con sensatez?
Sí, ¿por qué no? Ada Colau fue actriz y alcaldesa de Barcelona. Bob Pop, un personaje mediático, intenta hacer carrera política. Pepe Viyuela fue candidato en Podemos.
Cierto.
Hay quienes se animan. Felisuco, gran amigo, fue diputado en Cantabria con Ciudadanos, pero ahora ha retomado la actuación. Muchas actrices y cantantes están politizadas y podrían dar el salto. Toni Cantó, por ejemplo, estuvo en UPyD y Ciudadanos.
A Felisuco, tu compañero en ‘El Informal’, ¿le recomendarías intentar de nuevo ser candidato de Ciudadanos?
Creo que esa etapa terminó. Quizá sus ideas se han diluido en sectores cercanos al PP o PSOE, donde están muchos de sus votantes.
Al contrario, ¿qué político español tiene más talento para la comedia?
Algunos usan mucho el humor. Gabriel Rufián, por ejemplo, aparece con aparatos, fotocopiadoras, escáneres o una batidora. Son actuaciones para generar ruido. Manejan bien el espectáculo para ampliar su alcance.
«Con la proliferación de plataformas, las audiencias han bajado. Antes con un 21% era un fracaso, ahora haces un 12% y eres capitán general»
Cuanto más simpático es alguien, más interés genera para entrevistarle y eso se traduce en más tiempo en televisión. En el fondo, eso es lo que buscan: promoción.
Hoy la política es espectáculo, como sabe cualquier jefe de campaña.
Sin duda, está demostrado. Ahora todo se transmite con peleas en Tiktok e Instagram, donde cada quien dice lo que quiere.
Pedro Sánchez tuvo un enfrentamiento con Elon Musk, el multimillonario planificador de llevar al hombre a Marte en cinco años. ¿Deben preocuparse los españoles? ¿O es solo un show para distraer la atención de la corrupción y los accidentes ferroviarios?
Estas disputas me parecen inofensivas. Son dos figuras que se provocan en redes sociales. No creo que ninguno dañe sus respectivas plataformas o países. Son asuntos un poco infantiles.
Una lucha de gallos. ¿Qué redes usas? ¿Crees que son un foco de odio y desinformación, como sostiene el Gobierno? ¿O reflejan la vida misma, con lo mejor y lo peor?
Por supuesto, son un reflejo de la sociedad. Twitter es más de opinión, provocación, política e insultos; no es muy amigable. Tengo alrededor de 600.000 seguidores, pero no le doy mucha atención. Cuando me han dicho algo, ni me he enterado porque no leo.
Instagram sirve para promoción. También puedes eliminar comentarios desagradables y mantenerlo limpio. Lo uso con más frecuencia.
Tiktok es para entretenimiento, pero a través de él, Instagram o X pueden influir en las ideas, para bien o para mal.
¿Apoyas prohibir las redes sociales a menores de 16 años? Hay quien teme que, al requerir identificación, el Gobierno persiga ideas expresadas en X.
No me molestaría que todas las cuentas estuvieran verificadas, no para controlar, sino para asumir responsabilidades en casos de bullying o amenazas.
Controlar el acceso de menores me parece adecuado, ya que son vulnerables. Niños de 10 o 12 años ya usan redes, y aparecen problemas como redes de pederastia y corrupción.
Debe existir cierto control, como en otras áreas de la vida. Igual que se prohíbe fumar o beber a menores, nadie se queja de eso.
Nicolás Maduro admitió en 2016 que era fan de vuestro programa. ¿Han pensado en entrevistarlo en Brooklyn o al menos enviarle bombones?
Bueno, ahora ya no puede vernos. Dijo que veía Zapeando porque imitaba a Cabello o a Hugo Chávez, que gritaba: ¡Exprópiese! Era curioso que Maduro mencionara nuestro programa: ¡Yo veo Zapeando! (imita la voz del tirano, actualmente en prisión).
Paco León predijo en 2013 que ‘Zapeando’ no duraría y sería retirado. El programa lleva casi 13 años al aire. ¿Le damos el premio Rappel al mejor vidente?
Lo invitamos al programa: en el último capítulo de Aída le preguntamos qué sentía por el final. Respondiendo a Fran Blanco, entonces presentador: No lo sé, dímelo tú.
Sentíamos que el programa podía terminar, las audiencias no despegaron inicialmente. De hecho, no nos quitaron porque no tenían otra cosa para esa franja. A partir de entonces, todo mejoró y su predicción fue errónea. Premio Rappel para él, sin duda.
David Broncano comentó que intentó el casting para ‘Zapeando’ y fue rechazado por Quique Peinado. ¿Se lo tomó mal? ¿Guarda rencor?
No creo. Broncano proviene de la escuela de monologuistas de Dani Mateo y otros. Seguramente intentó el casting en 2013, cuando comenzamos. Sé que fue invitado, Jorge Ponce colaboró con nosotros y Castella trabajó en Sé lo que hicisteis. Nos conocemos todos, sin rencores.
Gracias a una gran inversión pública cercana a 1.000 millones anuales, TVE ha experimentado un incremento de audiencia con recursos casi ilimitados aportados por el Gobierno. ¿Han notado ese impacto?
No soy directivo televisivo, así que ese tema no me compete, como decía Verónica Forqué. Las audiencias bajan con más plataformas y cadenas, pero las exigencias también disminuyen. Antes un 21% era fracaso; ahora con un 12% eres el líder.
Ganaste ‘MasterChef’ con Juanma Castaño en 2021. ¿Cómo fue la experiencia con Verónica Forqué, una actriz muy querida? Hubo críticas por su estado.
Ella ya atravesaba problemas. Había intentado suicidios tras la muerte de su hermano y separación. Sufrió depresiones, lo contó mucho antes del programa.
Para ella fue una bendición, lo disfrutó con nosotros, se sentía arropada y querida. Viajábamos juntos y se liberaba con nosotros.
Sin embargo, tras terminar el programa, todo se desvaneció. Su suicidio ocurrió cinco meses después, cuando regresó a la rutina y la soledad.
La coincidencia con la emisión hizo pensar que todo estaba relacionado. Ella era así en la vida: alternaba risas y lágrimas, era muy divertida y la más querida del programa. Nuestra edición fue la de Verónica Forqué, sin duda.
Tras ‘MasterChef’, también cosiste trajes de novia en ‘Maestros de la costura’. Si un día la tele no funciona, ¿te imaginas abriendo una cadena de restaurantes con Juanma Castaño o dedicándote a la costura?
No abriría restaurantes con Juanma Castaño, sino con Dabiz Muñoz, que es muy buen amigo y cocinero.
Lo de los trajes fue una experiencia en la final de Maestros de la costura, donde me pusieron a coser jaretas, un dobladillo de vestido de novia. Me preguntaba qué hacía allí.
Fue un desastre, no lo volveré a intentar. Además, estoy cerca de la jubilación, así que prefiero tranquilidad.
¿Cómo fue competir con Cristina Pedroche presentando las uvas en la televisión de Aragón en 2024?
Fue un desafío. Ella lo hizo muy bien con una audiencia excelente. Nosotros también tuvimos éxito. Para ella, no somos competencia, pero en Aragón logramos un gran impacto. Aragón es una tierra orgullosa de sí misma y eso me satisface.
¿Te tentó imitar el look de Pedroche para las uvas?
No, esa tradición es suya y la ha instaurado ella. Todo lo que hace Cristina Pedroche en ese sentido me parece espectacular. Convertir una cadena con 6% de audiencia en líder en Nochevieja merece un «chapeau».
Cuando salís con ella, ¿viste esos mismos modelos?
¡No! Además, no suele beber porque está amamantando a sus hijos y se cuida mucho. Nos juntamos en su casa y Dabiz prepara paellas fantásticas.
¡Qué lujo!
Que el mejor cocinero del mundo te prepare eso… Hace unos arroces exquisitos.
En ‘Zapeando’ tuvisteis a Elisa Mouliaá como colaboradora. ¿Qué opinas de su denuncia contra Errejón, que luego retiró? ¿Has hablado con ella sobre esto?
No sé cómo le afectó personal o profesionalmente. Coincidimos cinco días en Zapeando, hace tres años, antes de los hechos.
No conozco detalles. Las denuncias son asuntos complejos. Entiendo que los jueces pueden sentirse limitados si faltan pruebas. ¿En quién confiar? Sin pruebas, no es recomendable ir a juicio.
En el espectáculo, ¿preocupa el fenómeno ‘Me too’? Cuando surge un testimonio femenino, se le da siempre credibilidad y el acusado es culpable sin denuncia ni sentencia judicial. ¿No consideras que eso puede ser peligroso?
Siempre destaco que el límite es la ley. Si ésta existe, debe respetarse. Su justicia o injusticia la decidirán los afectados, no solo los acusados, sino sus familias.
Es evidente que muchas mujeres sufren violencia, pero también que algunas denuncias se usan para obtener ventajas en divorcios. Es una realidad que cualquiera puede confirmar.
Hay que analizar caso por caso y evitar generalizaciones.
Eres socio de Nostromo, productora de películas como ‘Luces Rojas’ de Rodrigo Cortés. ¿Cómo fue trabajar con mitos como Robert de Niro y Sigourney Weaver? ¿Te dejaban acercarte a los platós?
Tuve un tercio de participación, aunque ahora estoy menos vinculado. Iniciamos con Buried, con Ryan Reynolds; luego Luces Rojas y Grand Piano con Elijah Wood y John Cusack.
Pero no me involucré en la producción ejecutiva, no era mi función.
De todas las películas de Nostromo, ¿cuál fue la más exitosa?
Seguramente Palmeras en la nieve, con Mario Casas. También funcionaron bien Buried y Grand Piano.
Antes de la televisión, hiciste teatro clásico en verso.
Vivía en Guadalajara y me gustaba una chica que hacía teatro. Me inscribí en un grupo y luego nos llamaron del Teatro Estudio de Alcalá, compañía estable en la Universidad de Alcalá de Henares.
Montamos una obra de Fernando Arrabal, La apertura orangután, muy divertida. Después representamos clásicos como El valiente negro en Flandes, donde interpreté al Duque de Alba. Me divertí mucho.

