El centro ha efectuado tres de los seis trasplantes de cara realizados en el Estado, siendo el último posible gracias a la donación de una mujer que había solicitado la PRAM (Prestación de ayuda para morir) y así lo decidió
Entre todas las discapacidades físicas que puede afrontar una persona, la desfiguración facial es una de las más impactantes. Esta no solo ocasiona un profundo efecto psicológico y social en quienes la sufren, sino que también afecta funciones esenciales como hablar, comer y ver.
“El trasplante de cara es una intervención quirúrgica funcional que se realiza cuando el paciente ha perdido áreas del rostro, como los músculos orbiculares faciales y oculares, los cuales no pueden ser restaurados mediante técnicas convencionales de Cirugía Plástica. Está indicado para pacientes con desfiguración facial severa causada por enfermedades, quemaduras, traumatismos o malformaciones congénitas que comprometen funciones vitales básicas”, explica el Dr. Joan-Pere Barret i Nerín, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Universitario Vall d’Hebron.
Ya en 2010, el equipo de Vall d’Hebron liderado por el Dr. Barret realizó el primer trasplante de cara total a nivel mundial, cinco años después de que un hospital en Amiens (Francia) realizara el primer trasplante de cara parcial. El segundo trasplante en Vall d’Hebron, llevado a cabo en 2015, supuso además el primer trasplante mundial en asistolia controlada (Maastricht 3).
Recientemente, Vall d’Hebron llevó a cabo el primer trasplante parcial de cara a nivel mundial proveniente de una donante que había recibido eutanasia. A esta donante, quien había obtenido la autorización para la PRAM (Prestación de ayuda para morir), no solo donó sus órganos y tejidos, sino que también decidió donar su rostro.
“Los donantes y sus familias siempre realizan un acto profundo de generosidad y altruismo, pero en este caso se evidenció un nivel de madurez que resulta conmovedor. Quien ha decidido finalizar su vida dedica una de sus últimas voluntades a una persona desconocida, otorgándole una segunda oportunidad de gran magnitud”, comenta la Dra. Elisabeth Navas, coordinadora médica de Donación y Trasplantes del Hospital Universitario Vall d’Hebron. La receptora necesitaba un trasplante de cara tipo I (zona central del rostro) tras haber sufrido necrosis de tejidos faciales debido a una infección bacteriana.
El trasplante de cara se adapta a cada caso particular. Vall d’Hebron ha realizado tres de los seis trasplantes faciales efectuados en el Estado; a nivel global, se han realizado 54. Solo alrededor de veinte centros en el mundo cuentan con la capacidad para llevar a cabo trasplantes faciales, y solo siete han realizado tres o más procedimientos: se requiere experiencia, recursos asistenciales y laboratorios especializados. Participan cerca de cien profesionales en cada trasplante facial, involucrando Cirugía Plástica y Microcirugía Reconstructiva, Trasplante, Inmunología, Laboratorios, Psiquiatría, Psicología Clínica, Rehabilitación, Unidad de Cuidados Intensivos y Anatomía Patológica, entre otras especialidades destacadas.
“Vall d’Hebron es un centro pionero en donación y trasplantes en el Estado y, además de contar con todos los servicios centrales, quirófanos, anestesia y asistencia necesaria para este tipo de operaciones, posee la experiencia profesional requerida para realizar procedimientos tan complejos como el trasplante de cara. Aun así, para cada caso desarrollamos un protocolo específico, personalizado”, afirma el Dr. Alberto Sandiumenge, coordinador de programas de Donación y Trasplantes del Hospital Universitario Vall d’Hebron.
Donante y receptor deben coincidir en sexo y grupo sanguíneo, además de tener medidas antropométricas craneales similares. El rostro es el reflejo de la imagen que el individuo proyecta y está estrechamente vinculado a la identidad personal. En el protocolo de evaluación del receptor, los especialistas en psiquiatría, psicología y trabajo social, liderados por la Dra. María Sonsoles Cepeda y la Dra. Sara Guila Fidel, realizan una valoración integral que incluye una entrevista con una persona de confianza del paciente, quien servirá de nexo con el equipo asistencial durante todo el proceso.
“Se revisa si el candidato para el trasplante de cara cumple criterios más allá de los médicos estrictos. Se evalúan su capacidad de adaptación, manejo emocional, expectativas y compromiso con el tratamiento. Consideramos antecedentes psiquiátricos, apoyo sociofamiliar y estado cognitivo, entre otros factores”, explican la Dra. Sara Guila Fidel y la Dra. María Sonsoles Cepeda. Con toda la documentación, el aspirante es valorado por el Comité de Ética Asistencial y el Comité de Dirección Asistencial de Vall d’Hebron: si se aprueba, pasa a la Coordinación de Donación y Trasplantes de Vall d’Hebron, que a su vez lo remite a la Organización Catalana de Trasplantes (OCATT) y a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). La ONT realiza la evaluación técnica para informar a la Comisión de Trasplantes del CIT-SNS, que recomienda favorablemente el procedimiento para su autorización por la autoridad competente de la comunidad autónoma, conforme a la legislación vigente en materia de trasplantes.
Tras contar con todos los permisos necesarios, es fundamental localizar al donante adecuado, aquel que no solo no presente contraindicación para la donación, sino que también tenga unas medidas antropométricas faciales compatibles con las del receptor. En el estudio se realizó un TAC a ambas partes; los datos digitales fueron validados por el área de radiología y por ingenieras de la Unidad de Impresión 3D de Vall d’Hebron. “La Unidad de Tecnologías 3D creó un modelo digital tridimensional a partir de una imagen médica, un TAC.
Este modelo permite a los especialistas planificar cómo realizar la cirugía; lo imprimimos para que sirva como referencia antes y durante la operación”, detalla Laura Escot, ingeniera biomédica de la Unidad de Tecnologías 3D. Asimismo, se diseñó y fabricó una máscara de silicona semirrígida para colocar sobre la zona facial de la donante y reconstruir el área intervenida. Junto con los ingenieros de la empresa IXOM se prepararon las guías de corte óseo específicas para la donante y la receptora, logrando un encaje milimétrico.
Paralelamente, los cirujanos plásticos del hospital llevaron a cabo los estudios anatómicos necesarios y la planificación final de la intervención en la sala de disección del Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de la UAB, con el apoyo del profesor Alfonso Rodríguez Baeza.
El trasplante de cara debe entenderse como un trasplante de tejidos compuestos. Esta área ha evolucionado notablemente en los últimos años dentro de la Cirugía Plástica, especialmente en el desarrollo de técnicas de trasplante de tejidos compuestos (VCA, Vascularized Composite Tissue Allotransplantation). Se basa en técnicas de microcirugía vasculonerviosa para la extracción e implantación, asegurando la máxima funcionalidad en el receptor, así como la expresividad y sensibilidad facial. Estas técnicas, junto con las de Cirugía Plástica (única especialidad acreditada para cirugía plástica facial), permiten el éxito del procedimiento. En este sentido, el Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Universitario Vall d’Hebron es un referente no solo en Cataluña, sino también en las Islas Baleares y Andorra. Todos los especialistas en Cirugía Plástica que participan son expertos en microcirugía reconstructiva y forman parte del programa de trasplantes, contando con 17 cirujanos plásticos y 10 médicos residentes (MIR) en la especialidad.
Se trasplantan piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y hueso facial. La cirugía es sumamente compleja debido a que las estructuras a anastomosar y reconstruir son pequeñas y tienen una disposición tridimensional complicada. La operación puede durar entre 15 y 24 horas. El objetivo es reconectar todas las estructuras en el receptor, creando un nuevo rostro funcional que recupere las funciones vitales normales. De los alrededor de cien profesionales involucrados, unos 25 son de enfermería. “En un trasplante de cara, la enfermería acompaña en todas las fases del procedimiento, al igual que en los trasplantes de órganos sólidos, incluso desde antes de la donación. En este caso, se coordinó el trabajo de los equipos de enfermería de Donación y Trasplantes de Vall d’Hebron y de Cirugía Plástica”, comenta Olga Gabaldà, supervisora de Enfermería del Programa de Donación y Trasplante de Órganos y Tejidos.
Tras la operación, la paciente permaneció hospitalizada un mes, inicialmente en la UCI de la Unidad de Quemados y luego en Planta del Hospital de Traumatología, Rehabilitación y Quemados. Los tiempos de hospitalización han ido disminuyendo en los tres trasplantes faciales realizados en Vall d’Hebron: desde tres meses en el primer paciente en 2010, a dos meses en el segundo trasplante de 2015 y un mes en este último caso.
En el hospital, se estabiliza al paciente controlando los niveles de inmunosupresión mediante medicación y se supervisan posibles complicaciones como infecciones. Tan pronto como es viable, comienza la rehabilitación facial para recuperar la movilidad de los músculos implantados y restaurar progresivamente funciones como masticar, gesticular y hablar. “Al inicio, el rostro del paciente está en una fase hipotónica, sin movimiento porque las conexiones nerviosas aún no se han formado. Trabajamos la estimulación de la inervación usando herramientas como espejos, diversas texturas e imágenes del paciente para facilitar el recuerdo de los movimientos y la percepción visual del rostro”, explica la Dra. Daniela Issa, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación. Este es un proceso diario, que continuará en el domicilio del paciente y se extenderá en el tiempo; su compromiso es fundamental para la recuperación funcional. También, se ofrece apoyo psicológico en el postrasplante inmediato, para acompañar en la reintegración emocional de la imagen corporal y los efectos de la cirugía y medicación, y en una segunda fase, a partir de los seis meses, para garantizar la independencia hospitalaria y la responsabilidad sobre la adhesión al tratamiento.
La última paciente trasplantada en Vall d’Hebron se encuentra actualmente adaptándose a una segunda vida, posible gracias al inmenso altruismo de su donante. “Desde la ONT quiero expresar mi más sincera felicitación a Vall d’Hebron por la excelencia demostrada. Cada proceso de donación y trasplante representa un esfuerzo colectivo. Realizar procedimientos de esta complejidad con tales resultados es motivo de orgullo para los equipos involucrados, el hospital y la sociedad en general. En este caso, la participación de un número excepcional de profesionales de diversas disciplinas, cuyo trabajo coordinado ha garantizado el máximo cuidado, respeto y acompañamiento a la donante y su familia, junto con un nivel elevado de perfeccionamiento técnico para abordar un grave problema de salud de la receptora”, declara Beatriz Domínguez-Gil, directora general de la ONT.

