En el sureste de Cantabria, una zona protegida se transforma en invierno en un escenario sereno y majestuoso, donde la nieve intensifica la belleza de un valle moldeado por el hielo durante milenios
- El parque natural de España que conserva los últimos cantaderos de urogallo de la Cordillera Cantábrica
- El parque natural de Cantabria que es un tesoro geológico: un mosaico de playas, dunas y acantilados
Senderos señalizados entre hayedos centenarios, cascadas que caen desde la roca y picos afilados cubiertos por la nieve. Este parque natural de Cantabria se convierte en un refugio para aficionados al senderismo y amantes de los paisajes montañosos durante el invierno, con más de 4.500 hectáreas de tranquilidad, biodiversidad y geología activa.
Se trata del Parque Natural de los Collados del Asón, un espacio de origen glaciar que conserva la memoria de los hielos del Cuaternario en el extremo sureste de Cantabria. Catalogado como espacio natural protegido, este paraje poco concurrido ofrece a los visitantes un recorrido por la historia geológica de la Cordillera Cantábrica, donde la roca caliza ha sido esculpida durante milenios por el agua y el hielo. El resultado es un conjunto impresionante de simas, dolinas, poljés y cuevas subterráneas bajo un relieve abrupto y monumental.
Un escenario moldeado por glaciares y el paso del tiempo
El Circo de Hondojón y la cascada de Cailagua constituyen dos de las joyas paisajísticas de este parque cántabro, que se encuentra íntegramente en el municipio de Soba. El primero, un anfiteatro natural con formas semicirculares, conserva la huella de los antiguos glaciares que excavaron el valle; la segunda, una impactante caída de agua que surge del interior del macizo y señala el nacimiento del río Asón. Ambos lugares pueden explorarse mediante rutas de baja y media dificultad, como la reconocida PR-S 14.
El macizo calizo que forma el parque sobresale también por sus procesos de karstificación. Bajo la superficie se oculta un mundo de galerías y simas que han convertido al Alto Asón en uno de los referentes europeos de la espeleología. Sin embargo, en la superficie, destaca el contraste entre las praderas abiertas, los bosques de hayas y encinas, y los farallones rocosos donde sobrevuelan alimoches y buitres leonados. En este lugar el invierno no representa un obstáculo, sino una oportunidad para admirar el parque en su versión más tranquila e imponente.
Un refugio invernal para los senderistas
La altitud del parque oscila entre los 240 y los 1.581 metros, lo que posibilita una amplia diversidad de ecosistemas. En sus senderos se pueden observar rebecos, zorros, corzos e incluso lobos, mientras el susurro de los arroyos acompaña a los visitantes por caminos bien señalizados. La ruta circular hasta la base de la cascada, cuya duración es de unas tres horas, es una de las más populares durante el otoño y el invierno.
Este paraíso glaciar cuenta también con un Centro de Interpretación y una red de carreteras que lo conecta con localidades cercanas como La Gándara, Asón o San Martín. Su acceso principal se realiza por la carretera CA-265, que atraviesa el valle del río Asón entre curvas cerradas, miradores naturales y casonas de piedra que mantienen la esencia ganadera del territorio. Un lugar idóneo para quienes desean desconectar en pleno invierno sin salir del norte de España.
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Senderos señalizados entre hayedos centenarios, cascadas que caen desde las rocas y cumbres filosas cubiertas por nieve. Este parque natural de Cantabria se convierte en un refugio invernal para senderistas y entusiastas del paisaje montañoso, con más de 4.500 hectáreas de quietud, biodiversidad y geología activa.

