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"Me considero ateo. Soy anticlerical. Además, un laicista decidido, un racionalista obstinado, un escéptico riguroso".
Así se presenta Javier Cercas en su camino hacia Mongolia, acompañado por el anciano vicario de Cristo en la Tierra con la esperanza de que el papa Francisco pueda darle respuesta a una pregunta tan sencilla como irresoluble: si su madre volverá a ver a su padre tras la muerte.
De forma inesperada, el Vaticano le ofreció a Cercas un obsequio que ningún escritor rechazaría: acceso completo a sus instalaciones para investigar y escribir libremente, además de acompañar al papa Francisco en un recorrido por la periferia del mundo.
Era imposible decir que no. Cercas cruzó esas puertas con la curiosidad de quien perdió la fe en la adolescencia, pero sobre todo con el amor de un hijo que deseaba brindar un último consuelo a su madre, ya mayor y enferma.
El fruto de esa experiencia, "El loco de Dios en el fin del mundo", combina biografía y crónica de viaje, y él lo define como una novela policial, "porque, en esencia, así son todas las novelas que me interesan, empezando por El Quijote, ya que todas contienen un enigma y alguien que intenta descifrarlo".
El enigma en cuestión no es trivial, ni se asemeja al típico misterio de una novela negra: se trata de la resurrección corporal y la vida eterna, el cimiento fundamental del cristianismo.
"Vivimos en un mundo donde Dios está ausente", describe el autor de "Soldados de Salamina" y "Anatomía de un instante", y esto provoca un vacío que solo podemos llenar con sustitutos parciales del relato que la religión solía proporcionar para darle sentido al mundo.
Javier Cercas conversó con BBC Mundo en el marco del Hay Festival de Cartagena de Indias, que tuvo lugar del 29 de enero al 1 de febrero.

