El estadounidense ofrece clases sobre finanzas donde busca que «comprendas lo que implica para ti gastar tu dinero».
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Brandon Copeland tuvo experiencia en varios equipos de la NFL, estudió en Wharton, y mientras continuaba placando en el campo, se sentaba del otro lado del aula para impartir clases de finanzas personales en la Universidad de Pensilvania.
Se destacó por algo poco común en el deporte profesional: afirma haber logrado ahorrar y destinar hasta el 90% de sus ingresos a inversiones, viviendo únicamente con una pequeña parte de su sueldo.
En sus lecciones de Life 101, que dicta en Penn, Copeland no solo indica a los estudiantes dónde deben gastar. Lo explica así: «El fin de esta clase no es que yo te diga cómo distribuir tu dinero. Es que entiendas qué significa para ti gastar tu dinero».
La diferencia es sutil pero vital: no se trata de dar recetas, sino de enseñar a comprender las repercusiones de cada euro que se retira de la cuenta.
Una de las expresiones que mejor resumen su enfoque es casi proverbial: «En finanzas, lo que es correcto para una persona puede ser equivocado para otra».
Brandon Copeland, durante un partido.
Esta idea le permite derribar el mito de una regla única y universal; sostiene que un alquiler elevado puede ser un error para cierta gente y, al mismo tiempo, una inversión en calidad de vida y oportunidades para otras.
Su meta declarada trasciende el aula o su vestuario personal. En una entrevista con ESPN, resume el propósito de su trabajo: «Mi objetivo es hacer que esta información sea accesible para todos, de una manera u otra. A largo plazo, espero que eso contribuya a reducir la brecha de riqueza».
El contraste con el estereotipo del deportista que derrocha es claro. Copeland ha declarado en varios medios que prefiere destinar gran parte de su sueldo a activos que generen ingresos futuros, en lugar de centrar su economía en el contrato de la NFL.
Esta disciplina guía tanto su curso como su mensaje: el salario deportivo es limitado; la educación financiera puede acompañar mucho más tiempo que la carrera profesional.
En sus clases usa ejemplos específicos: comparar el coste real de una hipoteca frente a un alquiler, analizar un contrato telefónico, o valorar el impacto de cargar gastos de consumo a la tarjeta de crédito.
Más allá de hablar sobre fondos indexados o productos financieros, se centra en decisiones que cualquier joven, deportista o no, toma entre los 20 y 25 años y que definen su vida económica futura.

