El especialista expone cómo se aplican inconscientemente los patrones aprendidos en la infancia durante la vida adulta

“El sistema nervioso se configura durante la infancia”, esta afirmación de Carlos Cenalmor, psiquiatra con especialización en salud mental infantil y adulta, invita a reconsiderar el origen de numerosas reacciones emocionales presentes en la rutina diaria. Esta idea vincula directamente la experiencia temprana de cada individuo con su forma de interpretar y responder al mundo en la edad adulta.
Muchos adultos perciben el entorno como amenazante o experimentan ansiedad y estrés en situaciones que objetivamente no representan un peligro inmediato. Según expone Cenalmor, esta tendencia suele tener raíces profundas en la infancia, especialmente cuando el ambiente familiar o escolar no brindó protección ni cuidado adecuados. Si un niño crece rodeado de gritos, tensión o falta de afecto, su organismo aprende a relacionar cualquier cambio sutil en el entorno con la posibilidad de una amenaza.
El resultado de este aprendizaje temprano es un sistema nervioso preparado para una vigilancia constante. Según el psiquiatra, lo que se percibe como “fragilidad” o “hipersensibilidad” en la vida adulta es, en realidad, un mecanismo de autoprotección adquirido desde la infancia. El cuerpo y la mente se entrenan para detectar cualquier señal de peligro, incluso donde no existe, y este estado de alerta puede acompañar a la persona durante toda su vida, moldeando su bienestar emocional y su capacidad de adaptación.
Así opera el sistema nervioso en la infancia
En los primeros años, el cerebro humano establece conexiones esenciales que definirán la forma de relacionarse con el entorno. Cuando el niño atraviesa situaciones de inseguridad o percibe que el mundo no es un lugar seguro, su sistema nervioso se ajusta para sobrevivir frente a posibles amenazas.

Este tipo de adaptación se refleja claramente en la vida adulta. El psiquiatra menciona casos en los que ambientes laborales con conflictos verbales, críticas o discusiones desencadenan respuestas desmedidas de ansiedad o agotamiento. Así, el adulto no responde únicamente a lo que sucede en el presente, sino que su sistema nervioso revive patrones de alerta aprendidos, actuando casi como lo hacía en la infancia. En palabras de Cenalmor: “El sistema nervioso aprende que cualquier ruido o cambio en el tono puede representar peligro. Y al ser adulto, esta reacción se manifestará de igual forma.”
Cómo es posible modificarlo
Aunque estos mecanismos de alerta parecen automáticos, el psiquiatra sostiene que pueden modificarse. La clave reside en identificar los sesgos que el sistema nervioso ha absorbido y aprender a distinguir entre amenazas reales y estímulos que únicamente evocan experiencias pasadas.
Esta es la fruta más nutritiva del mundo: ayuda al sistema nervioso y tiene propiedades anticancerígenas.
Reconectar con uno mismo y tomar conciencia de los patrones adquiridos en la infancia permite a las personas ajustar sus respuestas emocionales a la realidad presente. Cenalmor ofrece herramientas prácticas para este proceso, como el test que emplea en sus consultas, diseñado para identificar la relación de cada individuo con el trabajo y los factores que disparan el estrés.
Según el especialista, la buena noticia radica en la capacidad de cambio del sistema nervioso. Al comprender el origen de las propias reacciones y abordar esas respuestas, es posible sustituir la alerta constante por una sensación de seguridad y control mayor durante la vida adulta.

