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Información del artículo
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- Autor, Atahualpa Amerise
- Título del autor, BBC News Mundo
- 19 enero 2026
- Tiempo de lectura: 8 min
Tras la detención del expresidente venezolano Nicolás Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses y su traslado posterior a Nueva York, Nicaragua reaccionó rápidamente.
El régimen de los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo anunció el domingo pasado la puesta en libertad de cerca de 30 personas encarceladas consideradas presos políticos.
Aunque el gobierno justificó esta acción como parte del 19º aniversario del comienzo del mandato de Ortega, especialistas y activistas la relacionan con el cambio del contexto regional tras lo sucedido en Caracas el 3 de enero.
Por otro lado, organizaciones defensoras de los derechos humanos reportaron decenas de detenciones en toda Nicaragua a individuos que celebraron en redes sociales la operación de Estados Unidos.
En el plano geopolítico, la captura de Maduro alteró el equilibrio dentro del bloque bolivariano, que agrupa a los tres países latinoamericanos gobernados por regímenes autocráticos de izquierda: Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Además de ser un aliado político e ideológico, Venezuela, con su industria petrolera, ha sido durante años un pilar económico y energético para Cuba, mientras que Nicaragua ha tenido un papel secundario, con menor visibilidad internacional.
En la actualidad, el presidente estadounidense Donald Trump asegura controlar las acciones del gobierno venezolano, encabezado por Delcy Rodríguez, exvicepresidenta de Maduro.
Esta nueva situación ha centrado la atención no solo en el futuro de Cuba, sino también en el de Nicaragua, cuyo gobierno ha respondido con medidas tanto visibles, como la liberación mencionada de presos, como otras acciones más discretas y reveladoras.

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Respuesta y represión doméstica
El gobierno de Nicaragua condenó la intervención militar estadounidense en Venezuela, aunque inicialmente lo hizo de forma mesurada y discreta.
En un comunicado titulado "’Nicaragua por la verdad, la paz, la justicia y la vida", exigió el "respeto a la soberanía del pueblo venezolano" y respaldó a Delcy Rodríguez al solicitar "la liberación inmediata del Compañero Nicolás Maduro y de la Compañera Cilia Flores".
El jueves, Ortega endureció su discurso tras la captura de Maduro, calificándola como "un acto terrorista" y acusando a Washington de adoptar una "postura imperialista".
"Se creen dioses, dueños absolutos de la tierra", afirmó el mandatario durante una ceremonia de graduación de cadetes de la Policía Nacional.
A estos discursos públicos se suman varias acciones que reflejan la seriedad con que Ortega y Murillo están abordando la situación.
La más evidente fue la campaña de detenciones de ciudadanos nicaragüenses que celebraron la captura de Maduro en redes sociales.
"Doce horas luego de la aprehensión de Maduro, Rosario Murillo convocó de forma secreta una reunión en el búnker de El Carmen y, junto al jefe de la Policía y principales operadores políticos, decretó un estado de alerta", explica a BBC Mundo Carlos Chamorro, periodista nicaragüense y director de la publicación Confidencial.
Este estado de alerta tenía como objetivo impedir incluso que la población manifestara su apoyo a la caída de Maduro o comentara sobre el régimen, según Chamorro.
Esto derivó en la detención de al menos 60 personas, "todos civiles: adultos mayores, jóvenes… sin distinción", señala Claudia Pineda, directora de la Unidad de Defensa Jurídica (UDJ) y portavoz de Monitoreo Azul y Blanco.
Aunque algunas de estas personas fueron liberadas, al menos 49 seguían encarceladas en prisiones nicaragüenses la semana pasada, sin que se hayan recibido novedades al respecto.
Pero la situación no termina ahí.

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La «paranoia» de Ortega y Murillo
"El régimen sandinista ha entrado en un estado de paranoia", afirma el exfuncionario y académico nicaragüense exiliado Félix Maradiaga, presidente de la Red Liberal de América Latina (RELIAL).
Primero, explica Maradiaga a BBC Mundo, ha crecido notablemente "la desconfianza hacia su círculo cercano, una tendencia visible desde años atrás, pero que nunca fue tan intensa como ahora".
"Han obligado a altos mandos policiales y militares, funcionarios de alto nivel, jueces, magistrados y alcaldes de las principales ciudades a entregar sus pasaportes a la Secretaría del Frente Sandinista", revela Maradiaga, citando fuentes del gobierno nicaragüense.
También menciona que "se han enviado brigadas del Partido Sandinista a recorrer casa por casa de líderes comunitarios regionales y locales para realizar un diagnóstico de su disposición combativa", que funciona como método para verificar lealtades y cohesión en el aparato estatal.

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¿Qué motiva a Ortega y Murillo a supervisar con tanto rigor a sus propios cuadros sandinistas?
Según Maradiaga, los líderes nicaragüenses consideran que la captura de Maduro se originó por traiciones internas dentro del poder venezolano y temen sufrir un destino similar.
"El régimen, observando la situación venezolana, concluyó que los círculos o anillos de lealtad que creían tener no son tan firmes como pensaban", interpreta el académico.
Por su parte, el periodista Carlos Chamorro opina que Ortega y Murillo "se están viendo reflejados en el caso de Maduro".
"Se perciben en el reflejo de que las dictaduras no son invulnerables y carecen de socios o aliados capaces de apoyarlas o protegerlas ante las acciones estadounidenses".
Chamorro afirma que "Nicaragua está muy aislada y ha construido una narrativa para su base que asegura una gran alianza con China y Rusia, pero observando la situación en Venezuela, esas alianzas no tienen valor en estos momentos".
Dependencia de Estados Unidos
Es cierto que en años recientes Nicaragua ha fortalecido sus vínculos con China y Rusia.
En 2021 rompió relaciones con Taiwán y restableció vínculos con Pekín, con quien firmó un Tratado de Libre Comercio y obtuvo préstamos superiores a US$1.400 millones, además de inversiones en minería e infraestructura.
Con Moscú, la cooperación es mayormente política y militar: colaboración en defensa, presencia técnica rusa en Nicaragua y alineación diplomática, incluyendo la aprobación de posiciones clave de Rusia en foros internacionales.
No obstante, estas relaciones no compensan la importancia de EE.UU. para Nicaragua, especialmente en el ámbito económico.
En 2025, casi la mitad de las exportaciones nicaragüenses tuvieron como destino Estados Unidos, beneficiándose del Tratado de Libre Comercio entre EE.UU., Centroamérica y República Dominicana, vigente desde 2006.
Asimismo, las remesas, que representan cerca de un tercio del PIB, provienen en un 80% aproximadamente de Estados Unidos.

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Debido a esta dependencia, las autoridades nicaragüenses reconocen que cualquier medida unilateral en su contra desde EE.UU. podría acarrear graves repercusiones económicas y políticas.
Esto, explican analistas, justifica la respuesta moderada del régimen ante la captura de su aliado Maduro, así como el reciente gesto de liberar a unas 30 personas consideradas presos políticos.
"La liberación de presos políticos intenta congraciar al régimen de Nicaragua con la administración Trump, buscando ganar puntos al responder a sus demandas", interpreta Claudia Pineda, directora de la Unidad de Defensa Jurídica (UDJ).
Para Chamorro, es simplemente "un gesto cosmético que busca mejorar ligeramente la imagen del régimen, pero sin impacto real".
"No se liberaron los presos políticos más antiguos o desaparecidos, alrededor de 30, y los principales opositores, exmilitares y disidentes sandinistas permanecen encarcelados por decisión de Rosario Murillo", añade.
Aunque se desconoce el número exacto de presos políticos, algunas organizaciones estiman que son al menos 50.
"Disponemos de datos sobre más de 150 detenciones arbitrarias, pero no todos se atreven a identificar su nombre para figurar en la lista de presos políticos", aclara Claudia Pineda.
En los últimos años, el régimen de Ortega y Murillo ha adoptado la estrategia de liberar opositores, acusarlos de traición a la patria, retirarles la nacionalidad y forzarlos al exilio o impedir su regreso.
Centenares de nicaragüenses —entre ellos políticos destacados, académicos, líderes religiosos, activistas y periodistas— permanecen en el exilio debido a esta política, que ha debilitado considerablemente a la oposición interna.
Sin consecuencias económicas de Venezuela
Desde el punto de vista económico, la caída del régimen de Maduro no parece amenazar las finanzas ni la estabilidad de Nicaragua.
A diferencia de Cuba, el país centroamericano actualmente no mantiene un vínculo económico fuerte con Venezuela.
No obstante, esta situación no siempre fue así.

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"Entre 2009 y 2017, Nicaragua dependió fuertemente de Venezuela durante el auge petrolero, recibiendo unos US$5.000 millones fuera del presupuesto oficial", señala Chamorro.
Añade que "este presupuesto paralelo fortaleció significativamente la capacidad del régimen de Ortega en ese período, pero terminó hace años".
"Actualmente no existe flujo ni mercado desde Venezuela, de modo que la economía nicaragüense ya no mantiene prácticamente ninguna relación con la venezolana o cubana. Su dependencia principal es con Estados Unidos y su mercado", puntualiza.
Este es justamente el motivo por el que Ortega y Murillo han ajustado su discurso a uno menos provocador, según Félix Maradiaga.
"Se distancian del estilo desafiante, antinorteamericano y provocador que tradicionalmente caracterizó a Rosario Murillo y al Frente Sandinista", concluye.

