El acuerdo UE-Mercosur aumenta emisiones principalmente en Europa: los Veintisiete responsables del 60% del CO₂ generado por el pacto

Aunque el tratado incrementa ligeramente las emisiones de CO₂ (+0,14%), fomentará un crecimiento económico más eficiente y sostenible desde el punto de vista climático, según un estudio Una protesta contra el acuerdo

Tras más de veinte años de negociaciones interrumpidas, intentos fallidos y vetos cruzados, la Unión Europea ha aprobado el acuerdo de libre comercio con los países de Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay). La autorización se produjo el pasado viernes en Bruselas, contando con el respaldo de una mayoría cualificada de los Estados miembros, a pesar de la oposición explícita de países como Francia y Hungría. Este pacto une dos importantes bloques regionales y representa el mayor convenio de la UE en términos de eliminación de aranceles, eliminando miles de millones de euros en impuestos para las exportaciones europeas.

No obstante, el acuerdo UE-Mercosur va más allá de un tratado comercial. Representa también un símbolo sobre el modelo económico y climático que Europa desea promover. Su ratificación se da en un contexto marcado por una fuerte polarización respecto a la agenda ambiental y, además, carece del apoyo de buena parte del sector agrícola europeo, que considera que los beneficios se concentrarán en grandes inversores, sin alcanzar a los pequeños productores.

La comunidad científica acumula pruebas sobre la aceleración del calentamiento global. La Organización Meteorológica Mundial ya alertó que 2025 podría ser uno de los años más cálidos registrados, y no parece que esta tendencia cambie a corto plazo. Sin embargo, una parte importante de la derecha y ultraderecha europeas intensifican su oposición a las políticas climáticas. Los bloques conservador y ultra, además de apoyar a los agricultores en sus manifestaciones contra el pacto, son los principales críticos de esta urgencia climática, desacreditan los consensos científicos y fomentan discursos orientados a frenar las regulaciones ambientales clave, como el Pacto Verde Europeo.

Por otro lado, el acuerdo UE-Mercosur tampoco satisface al movimiento ecologista. Greenpeace ha denunciado que “es un acuerdo perjudicial que comprometerá los esfuerzos de los países para afrontar la emergencia climática”. La ONG subraya que el pacto facilitará el comercio de plásticos y permitirá “la entrada de un cóctel tóxico de pesticidas prohibidos en la UE”, algo que afecta también al sector agrícola europeo. Al mismo tiempo, un estudio económico muestra que el tratado generará un ligero incremento de las emisiones de CO₂ en las regiones firmantes.

Emisiones vinculadas a la producción y el consumo en Europa

De acuerdo con el estudio El impacto económico del acuerdo Unión Europea-Mercosur en España, que evalúa los efectos del tratado a largo plazo, este aumento de emisiones será cercano al 0,14%. Por otro lado, el crecimiento económico resultante será superior, alrededor del 0,17%, lo que implica una mejora evidente en la relación entre emisiones y Producto Interior Bruto (PIB). Esto significa que el acuerdo promueve una actividad económica que, en promedio, es menos intensiva en carbono que la previa a su implementación. Esta mejora en la eficiencia climática no solo se aprecia en la UE y Mercosur, sino también a escala mundial.

Impacto en las principales variables

En cuanto a los datos, la mayor parte del aumento de CO₂ vinculado al acuerdo se concentra en Europa, no en América Latina. España y el conjunto de la Unión Europea serán responsables de cerca del 59,52% del incremento de emisiones dentro del bloque UE-Mercosur. Brasil es el principal contribuyente latinoamericano (29,41%), aunque queda por detrás del peso europeo en el balance total.

La explicación radica en los sectores responsables de este aumento de emisiones. La mayoría del CO₂ adicional proviene de los servicios, especialmente de la electricidad, relacionada con el modo en que se genera la energía, y del transporte, en razón de la forma en que se realizan los desplazamientos. También influye el consumo privado, pues un mayor nivel de renta y actividad económica conllevan más movimientos, mayor demanda energética en los hogares y un uso intensivo de combustibles fósiles en la vida diaria.

Finalmente, el acuerdo UE–Mercosur no resulta climáticamente neutro. Sin embargo, su impacto no se encuentra tanto en lo que se comercia, sino en cómo se produce y consume en ambas orillas del Atlántico.

La policía de Bruselas usa porras, los agricultores rompen ventanas en protesta contra el acuerdo entre la UE y Mercosur

Lo que el estudio no considera: gases agrícolas y pérdida forestal

Por otro lado, la agricultura tiene un peso reducido en el CO₂ contemplado por el estudio. Esto no implica que el sector agrícola carezca de relevancia climática, sino que sus impactos principales están asociados a otros gases de efecto invernadero, como el metano o el óxido nitroso, que quedan fuera de este análisis.

Tampoco se incluyen en los cálculos los efectos de la deforestación, una de las preocupaciones más relevantes vinculadas a Brasil. El propio informe señala estas limitaciones, que son esenciales para interpretar adecuadamente los resultados.

El balance por países también resulta desigual. Mientras la mayoría de los Estados de Mercosur mejora su eficiencia climática, ya que generan más riqueza por cada tonelada de CO₂ emitida, Brasil figura como la excepción, mostrando un deterioro en la relación emisiones/PIB. No obstante, el conjunto del bloque latinoamericano exhibe una mejora agregada, compensando este efecto.

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