En 1963 fundó el Club Atlético de Pinto y recibió el título de Hija Predilecta de esta ciudad madrileña.
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Amelia del Castillo, pionera indiscutible del fútbol en España y referente silenciosa para variadas generaciones, falleció este sábado en Barcelona.
Madre de Gemma Santos, periodista deportiva de la Cadena COPE, representó una figura osada y revolucionaria en el ámbito futbolístico, convirtiéndose en la primera mujer en presidir un club. Esto ocurrió en pleno régimen dictatorial, puesto que el 15 de octubre de 1963 estableció el Club Atlético de Pinto, un club que comenzó con humildad y terminó transformándose en un símbolo.
No solo ejerció como presidenta, sino que también cumplió los roles de entrenadora y delegada, asumiendo múltiples responsabilidades porque no había nadie más dispuesto a hacerlo. Mantuvo al equipo gracias a rifas, solicitudes de ayuda y gestiones en puertas que, en aquel entonces, resultaba difícil que se abrieran a una mujer.
⚫️El Ayuntamiento de Pinto lamenta el fallecimiento de Amelia del Castillo, Hija predilecta de la ciudad.
Se decretarán días de luto oficial el 28, 29 y 30 de diciembre, ondeando las banderas a media asta.
Por expreso de la familia, se mantiene la programación de Navidad.
DEP. pic.twitter.com/QKgPxaEVzu
— Ayuntamiento de Pinto (@AytoPinto) December 27, 2025
Entre sus colaboradores se hallaba el presidente del Atlético de Madrid, Vicente Calderón, quien terminó apoyando a este equipo barrial con recursos materiales, asistencia sanitaria y soporte para cerrar el campo y así competir legalmente.
Durante años, la normativa federativa prohibió la participación de mujeres como jugadoras, entrenadoras y árbitras. Amelia encontró la única vía factible: la presidencia. Si no podía participar en el campo ni asistir en la banda con un título oficial, tomó asiento en la dirección donde se tomaban las decisiones.
Asumió este papel enfrentando desprecios, etiquetas hirientes y una actitud condescendiente institucional que, pese a todo, nunca logró desplazarla del propósito central: mantener al club con vida. Mientras algunos debatían si era «adecuado» ver a una mujer en el banquillo de un equipo masculino, ella se encargaba de gestionar uniformes, organizar partidos amistosos y solucionar traslados.
En 1973, y finalmente en 1975, la presión política local se volvió insostenible. El alcalde de Pinto le presentó un ultimátum: o renunciaba o fomentaría la creación de otro club que condenaría al Atlético a desaparecer. Amelia optó por preservar la entidad que había levantado desde cero y dimitió. Dejó su cargo para que el escudo sobreviviera a su creadora.
El tiempo, que a menudo llega con retraso, terminó reconociendo lo que décadas atrás le fue negado. En el año 2000, fue nombrada presidenta honoraria del Atlético de Pinto y el estadio pasó a llevar su nombre, un homenaje simbólico que ella valoró como el mayor galardón de su vida.
Este reconocimiento se extendió también desde su ciudad natal. El Ayuntamiento de Pinto aprobó por unanimidad concederle el título de Hija Predilecta, acompañando esta distinción con palabras que la ubicaban en su justo lugar: una mujer que cambió la historia del municipio y del fútbol, demostrando que la dedicación y la pasión pueden abrir puertas hasta entonces cerradas.
Tras anunciarse su fallecimiento, el ayuntamiento decretó tres días de luto oficial, con las banderas izadas a media asta.

