Sánchez marca el declive de Yolanda Díaz mientras sus aliados la abandonan tras su «movida unilateral»

La apuesta de pedir una remodelación del Gobierno se vuelve en contra de la líder de Sumar, frente al desprecio del presidente y el distanciamiento de sus aliados. El PSOE despacha al socio con un encuentro de bajo perfil

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ayer.

Yolanda Díaz se ha complicado al exigir a Pedro Sánchez una renovación «radical» del Gobierno. El ultimátum para sustituir a los ministros, que la llevó a medir fuerzas, ha dejado al descubierto la fragilidad política que atraviesa la vicepresidenta segunda para influir en la dirección del Ejecutivo. Ya que el presidente no solo ha ignorado su solicitud, sino que los sucesos posteriores a esa negativa han mostrado a un PSOE que responde con desdén a las demandas de Sumar, llegando incluso a burlarse de ellas. Mientras tanto, dentro de la formación minoritaria, la postura respecto a esta apuesta se resquebraja. Algunos de los aliados de Díaz se distancian de la exigencia al argumentar que no fue consensuada ni consultada con todos los ministros de Sumar.

El desdén y las críticas con que el PSOE responde a las demandas de Díaz, junto con la falta de apoyo rotundo por parte de los partidos que integran Sumar, han dejado expuesta a la vicepresidenta segunda, quien además enfrenta la contradicción de sostener que «así no se puede seguir» gobernando y, al mismo tiempo, aceptar que aunque Sánchez no tome decisiones profundas, continuará gobernando de la misma manera. Esto, dado que Sumar no planea romper con el PSOE ni entregar sus cinco puestos en el Consejo de Ministros.

Por ello, sin importar el malestar de Sumar por la crisis de corrupción y acoso sexual que sacude al PSOE, o las peticiones desatendidas a Sánchez, como un cambio programático y propuestas en vivienda o agenda social, no se vislumbran consecuencias que vayan más allá de declaraciones llamativas.

El PSOE es quien mayormente contribuye al desgaste de Díaz. Responde a su ultimátum con sarcasmo: que si «se ha equivocado», que en Sumar «están en caída libre», o que busca hacer «sacrificios en el altar» de ministros socialistas que no están vinculados a los escándalos. Incluso han menospreciado la «reunión urgente» propuesta por Sumar para abordar la crisis actual. Ni siquiera esta cita se realizará conforme a las condiciones solicitadas. Lo que debía ser una reunión para reorientar la legislatura se reducirá a un encuentro político de bajo perfil, ya que en ambas delegaciones no habrá líderes ni ministros.

Solo estarán presentes cargos orgánicos de los partidos. Por parte del PSOE, encabezará la delegación Rebeca Torró, secretaria de Organización, seguida por otros miembros. Esta dirigente no ocupa cargo en el Gobierno y, en esta crisis, ha sido cuestionada por la gestión interna del PSOE respecto a las denuncias contra Paco Salazar, concretamente por intentar ignorarlas.

Solo hace falta remontarse a julio para encontrar un antecedente y observar el trato distinto dado ahora a la reunión con Sumar. Cuando estalló el escándalo en torno a Santos Cerdán, Sánchez recibió en Moncloa a Díaz, y días después se realizó una cumbre entre PSOE y Sumar para supervisar el pacto de coalición. En aquella mesa estaban la vicepresidenta María Jesús Montero y el ministro Félix Bolaños. En el lado opuesto, el ministro Urtasun y una amplia delegación de Sumar. La imagen mañana será muy diferente. Se justifica diciendo que no es una reunión formal de pacto de gobierno, sino un encuentro entre partidos.

En otras crisis recientes, Díaz ha demostrado tener mayor influencia que ahora. Una de las más destacadas fue la retirada de la venta de balas a Israel mediante un contrato del Ministerio del Interior en plena acusación de perpetrar un «genocidio» en Gaza. La líder de Sumar logró convencer al presidente para cancelar la operación, apoyada, eso sí, por la amenaza de IU de abandonar el Gobierno si la venta no se paralizaba. Este asunto lo resolvió ella personalmente con Sánchez en un momento muy tenso.

Ayer, pese a los enredos en torno a su petición de remodelación, fuentes del sector Sumar dentro del Ejecutivo insistían en esta apuesta y advertían que no reaccionar alimenta a Vox y favorece que ese partido «arrasará» en las próximas elecciones. «Querer gobernar resistiendo», lamentaban, conduce a «morir de muy mala manera». Por contra, justifican que un cambio ministerial daría «impulso» para agotar la legislatura y sería un «refuerzo» necesario para instaurar una «nueva dinámica política». Según estas fuentes, PSOE debe ponerse las pilas para completar la legislatura, pues sin reacción no se podrá llegar a 2027.

La contundencia que muestra el bloque de Sumar en el Gobierno contrasta con las señales provenientes de otras direcciones. Ya el martes se atenuaron los comentarios sobre el ultimátum. Además, ayer IU agregó un punto crucial: la exigencia de Díaz «no fue consensuada» entre los partidos que integran Sumar. Esto significa que fue una decisión personal, asumida sin el apoyo del conjunto.

Así lo reveló el líder de IU, Antonio Maíllo: «La propuesta de remodelación no fue acordada por el espacio», afirmó. Solo se pactó «que hubiera un mensaje contundente». De este modo, IU se distancia de Díaz y aclara que su preferencia para presionar al PSOE era una reunión para exigir un cambio de rumbo en las políticas gubernamentales.

También la ministra de Sanidad y líder de Más Madrid, Mónica García, comentó que se enteró del ultimátum sobre la remodelación a través de los medios. Ella apuesta por «estar» en el Gobierno y actuar con medidas concretas.

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