Entre picos nevados y reflejos en aguas que parecen irreales, existe un rincón del Pirineo que estimula la imaginación de cualquiera. Su imagen de postal ha llevado a numerosos a compararlo con uno de los reinos cinematográficos más conocidos
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Entre montañas que se reflejan en aguas plácidas y un pueblo que parece detenido en el tiempo, existe un rincón del Pirineo aragonés que muchos visitantes asocian con un escenario de fantasía. Su paisaje invernal, el entorno natural y la armonía de sus construcciones han hecho que, en redes sociales y contenidos turísticos, se vincule directamente con el universo de Frozen. Aunque no haya sido fuente oficial de inspiración para Disney, este enclave español genera una atmósfera muy parecida a la del icónico reino de Arandelle, convirtiéndose en uno de los pueblos más atractivos del norte de España.
Ese lugar corresponde a Lanuza, una pequeña población situada en la provincia de Huesca, en pleno Valle de Tena y a las orillas del embalse que lleva su nombre. Ubicado a más de 1.280 metros de altitud, el pueblo destaca por sus viviendas de piedra y pizarra, escalonadas sobre la ladera y que se reflejan en el pantano conformando una imagen visualmente impactante. Rodeado por las montañas del Pirineo, su paisaje recuerda inevitablemente a los escenarios alpinos que Disney recreó para Frozen, lo que ha potenciado su reconocimiento como destino turístico singular en Aragón.
Una localidad con historia, fortaleza y vida cultural
Más allá de su aspecto de cuento, Lanuza atesora una historia marcada por el abandono y la recuperación. Documentado desde el siglo XIII y reconocido por ser cuna de varios justicias de Aragón, el pueblo quedó despoblado tras la expropiación de viviendas y terrenos para la construcción del embalse a mediados del siglo XX. Por años permaneció deshabitado, hasta que el empeño de sus antiguos residentes permitió restaurar las casas no cubiertas por el agua, respetando la arquitectura tradicional. Hoy, ese esfuerzo colectivo se aprecia en cada rincón, desde la iglesia de El Salvador hasta los elementos urbanos recuperados.
Actualmente, con una población muy limitada, Lanuza ha logrado revitalizar su vida social y cultural, especialmente en verano. Desde 1994, el pueblo acoge el Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur, uno de los eventos musicales más destacados del país, con conciertos realizados en un escenario flotante sobre el embalse. Además, sus fiestas populares y su entorno natural privilegiado hacen que este enclave del Alto Gállego sea un destino que combina paisaje, historia y cultura, consolidando su figura como uno de los pueblos más evocadores de España.
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