El PSOE no deja de enfrentarse a problemas. Las detenciones, denuncias y dimisiones relacionadas con casos de acoso sexual mantienen al partido en un estado de crisis. Mientras tanto, Sánchez procura ofrecer un mensaje de tranquilidad.

La tradicional cena anual organizada por la Asociación de Periodistas Parlamentarios suele servir como barómetro de la situación política y las aspiraciones en España. La ausencia de ministros en esta edición —un hecho destacable, ya que en convocatorias anteriores la delegación gubernamental solía ser numerosa— señala que el Gobierno de Pedro Sánchez no está en condiciones para celebraciones ni actos festivos. Únicamente Félix Bolaños asistió en representación del Ejecutivo socialista. En la velada se comentó que asumirá además la Portavocía, convirtiéndose así en triministro: Presencia, Justicia y portavoz. Así lo ha decidido el presidente Jorge Azcón, quien, al convocar elecciones en Aragón, provocará la salida del Gobierno de Pilar Alegría, la candidata socialista para esos comicios autonómicos.
«¡Que esto nos suceda a nosotros! ¡A nosotros!». La exclamación de un alto cargo del PSOE sintetiza la sorpresa, la tristeza, el desaliento, la perplejidad, el asombro, la incredulidad y el ambiente de escándalo que se vive dentro del partido. Que les ocurra a ellos. Que la formación más femenina haya tenido en sus filas a hombres con comportamientos machistas y haya desestimado las denuncias contra un compañero como Paco Salazar, implicado en conspiraciones internas. Para sobrellevar tantas desgracias, los cargos públicos socialistas recuerdan que forman parte de «un partido con 140 años de historia». Además, han superado crisis consideradas mortales para sus siglas. Cada nueva denuncia pública por acoso sexual —el caso de Javier Izquierdo enmudeció al partido, pues no se lo esperaban—, cada registro policial en sedes oficiales para buscar pruebas contra excolaboradores de Pedro Sánchez, cada filtración de audios comprometidos —como el «hijo puta el putero» de Ábalos— incrementa la sensación de profunda crisis que cualquier cargo toma como tema recurrente. Los miembros más antiguos reconocen la gravedad, pero confían en que el partido saldrá adelante. «Saldremos muy debilitados en las próximas elecciones; cuando esto se supere y la actual dirección deje el cargo, habrá que reconstruirnos partiendo de lo que sea, desde cero o incluso desde abajo», asegura un dirigente histórico que no pertenece a la oposición interna a Sánchez.
La confusión, alimentada por noticias impactantes que circulan constantemente en el mundo digital —donde conviven medios y política— y amplificada por numerosos debates mediáticos, tiene desconcertados a los socialistas. Sin embargo, esto no afecta a La Moncloa, donde reside el presidente junto a sus colaboradores leales, quienes perciben la situación así: «Estamos atravesando momentos difíciles, no se niega la complicación del escenario. Observamos y escuchamos los medios. Sabemos que nuestra gente está inquieta porque la narrativa dominante la impone la derecha. Muchos creen que el Gobierno puede colapsar en cualquier momento ante esta presión. Las denuncias de acoso sexual impactaron en el alma del PSOE. El presidente lo ha admitido, hemos pedido disculpas por las fallas, aunque no fueron intencionadas. No es justo que alguien de la dirección tenga que asumir la culpa. El presidente asumió personalmente la responsabilidad, ya que es lo correcto. La secretaria de Organización y la secretaria de Igualdad son nuevas en sus cargos, sin responsabilidad en estos errores».
Desde el entorno del presidente se construye diariamente un motivo para persistir a pesar de las adversidades. «No es el fin del mundo. Tenemos una hoja de ruta hasta 2027, más de un año y medio; una agenda centrada en la gestión y en mantener el Gobierno, lo prioritario en este momento. Creemos que el tiempo juega a nuestro favor». Un ministro recuerda el antiguo dicho español que ha inspirado a casi todos los predecesores de Sánchez: quien resiste, gana. La situación actual en España evoca dos momentos clave durante los mandatos de Felipe González y Mariano Rajoy. En 1994 y 1995, semanalmente parecía que España se hundiría. En la etapa final de Rajoy, se popularizaron los llamados lunes negros ligados al caso Bárcenas.
La distancia emocional entre la dirección política en Moncloa y las federaciones es notable. Esta es otra particularidad de la era Sánchez, pero no implica que el respaldo al secretario general sea débil. Más allá de Page y los históricos, quienes no representan amenaza para el liderazgo de Sánchez, nadie contempla la revuelta interna que anhela el PP. «La histeria ambiental no nos vencerá ni nos derrumbará. Un registro de la UCO en Correos resulta irrelevante, sobre todo tras amenazas dirigidas al presidente, incluso hacia su esposa. No vivimos en un aislamiento. Somos conscientes de las dificultades, pero también de que, más allá del ruido mediático, la ciudadanía está centrada en las compras y celebraciones navideñas».
En los últimos días también se ha comentado intensamente dentro del partido sobre las razones de fondo que han llevado a un hiperliderazgo de Sánchez, cuya gestión del PSOE no convence ni siquiera a sus más fieles seguidores. Las primarias son vistas como el punto de inflexión que transformó al PSOE de arriba abajo. «Sánchez es mejor presidente que secretario general. Ha eliminado cualquier espacio para críticas internas, y ha llegado un momento en que nadie se atreve a cuestionarlo, por precaución», señala un dirigente. «El partido no existe como tal, ni tampoco el Gobierno. Sánchez es el partido y el Gobierno. No hay discusión ni dentro de la formación ni en el Consejo de Ministros», comenta otro alto cargo.
Ministros consultados y fuentes oficiales del Gobierno niegan categóricamente la existencia de conflictos internos o luchas de poder habituales en crisis como la que atraviesa el PSOE. Los líderes políticos del gabinete, como Bolaños y los dos Óscar, López y Puente, están convencidos de que Sánchez triunfará en las próximas elecciones generales. «Está completamente descartado que ellos u otros miembros del Gobierno usen esta crisis para intentar reemplazar a Sánchez. No hay alternativa real, excepto quienes buscan ajustar viejas cuentas orgánicas», indican colaboradores del presidente. Sin embargo, otros interlocutores observan que «los rivales de Sánchez y las víctimas que ha dejado en el camino avivan el conflicto y esperan que fracase».
Hay una pregunta pendiente en el PSOE, especialmente tras la demanda de su socio Sumar de realizar cambios radicales: ¿Habrá modificaciones después de las previsibles derrotas electorales en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía? «Sánchez tiene poco margen para alteraciones; una crisis de Gobierno no es viable fuera de los ministros que son candidatos, porque los implicados en escándalos ya están fuera». «Es muy lamentable e injusto que se califique al Gobierno como un ente corrupto», señala una fuente oficial.
Rufián, la voz de la izquierda
Aunque la propuesta de una candidatura conjunta que reúna a todos los partidos nacionales e independentistas a la izquierda del PSOE parece destinada al fracaso, Gabriel Rufián ha ganado relevancia como portavoz más allá de Cataluña. El portavoz de ERC es, por cierto, el político mejor valorado en su comunidad autónoma, según encuestas recientes. Cabe recordar que, hasta hace poco, Rufián era cuestionado dentro de su propio partido. No obstante, su posición se ha fortalecido considerablemente. Sus intervenciones en los plenos, centradas en el aumento del costo de vida y la necesidad de que los líderes de izquierdas mantengan contacto con la calle, junto con sus advertencias a ese espacio político sobre la urgencia de unidad o enfrentar su desaparición, lo han consolidado como una voz destacada en la política nacional.

