Análisis de la incidencia del suicidio en Chile: supera en muertes a los homicidios nacionales

Un hombre sostiene su cabeza con sus dos manos. Su sombra se refleja en una pared.

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"No sé si saben que en Chile los suicidios anuales superan a los homicidios. Más personas se quitan la vida que las que fallecen a causa de la delincuencia o en situaciones violentas", afirmó el presidente Gabriel Boric hace algunas semanas.

Esta afirmación, que a simple vista podría verse como un dato de salud pública, adquiere otra dimensión al considerarse el trasfondo: una campaña electoral en la que la inseguridad aparece como la principal preocupación de la ciudadanía chilena.

"Ambas son, sin duda, realidades lamentables; no se trata de compararlas o jerarquizarlas, aunque una recibe mucho más atención pública que la otra. Por ello es crucial debatir con firmeza y claridad sobre la salud mental, ya que es un cuidado colectivo", añadió Boric.

La percepción de inseguridad ha escalado en Chile durante los últimos años, en parte debido al aumento de hechos violentos en delitos habituales como el robo y la reciente irrupción de organizaciones criminales como el Tren de Aragua.

Por otro lado, las estadísticas oficiales del Ministerio de Seguridad Pública de Chile indican una reducción en la incidencia de hechos violentos comparado con el año anterior.

La seguridad ha ocupado un lugar central en el debate público en el marco de las elecciones presidenciales, con el balotaje pautado para el 14 de diciembre, entre la comunista Jeannete Jara y el ultraconservador de derecha José Antonio Kast.

A pesar de que con menor protagonismo, la cuestión de la salud mental también ha formado parte del debate. La candidata Jara ha puesto especial énfasis en este aspecto, sostenida por una experiencia personal: su primer esposo se suicidó poco tiempo después de casarse.

"Una muerte por suicidio es una pérdida prácticamente perpetua", ha declarado.

En su propuesta de gobierno, plantea reforzar la estrategia para prevenir el suicidio y la implementación de un nuevo modelo de atención en salud mental para emergencias.

Por otro lado, Kast propone consolidar el plan nacional de salud mental con un enfoque especial en la atención a adultos mayores.

Una tendencia persistente

En 2024, la tasa de suicidio en Chile alcanzó aproximadamente 10,5 fallecimientos por cada 100.000 habitantes.

Esta cifra supera ligeramente el promedio mundial (≈9,0) y se ubica entre las más elevadas en América Latina, según el informe más reciente de 2019 de la Organización Mundial de la Salud.

Chile registra una tasa por debajo de Uruguay —el país con los índices más altos de la región (21,35)—, pero por encima de otros como México, Colombia o Brasil.

Además, guarda similitud con las estimaciones para Europa, siendo inferior a las cifras de Estados Unidos, donde el índice varía entre 14 y 16 suicidios por 100.000 habitantes, según datos del Centers for Disease Control and Prevention (CDC).

Independientemente de comparaciones globales, desde hace años se observa que el suicidio genera más muertes que los homicidios en Chile, constituyendo la principal causa de muerte violenta entre 2018 y 2024, según los registros del Ministerio de Salud del país.

"Esto indica que, pese al creciente enfoque social sobre la violencia interpersonal y el crimen, la autoinfligida sigue siendo una carga sanitaria mayor. En promedio, Chile enfrenta cerca del doble de muertes por suicidio en comparación con homicidios", afirma el Informe violencia autoinfligida e interpersonal elaborado por el gobierno chileno.

Durante 2024 se documentaron 1.984 suicidios, contra 1.207 homicidios en el mismo período, lo que representa una tasa de 6,0 muertes por cada 100.000 habitantes.

"Predominantemente masculino"

Según un estudio de académicos de la Universidad Adolfo Ibáñez que examinó la evolución histórica del suicidio en Chile entre 1920 y 2020, su proporción dentro del total de defunciones ha crecido considerablemente.

Mientras que a comienzos del siglo XX representaba una proporción casi insignificante (0,2%), en la actualidad ronda el 2%.

El perfil predominante de quienes se suicidan en Chile corresponde a hombres, algo que también se observa en las tendencias internacionales.

Manuel Alberto Llorca, uno de los investigadores responsables del análisis histórico, detalla a BBC Mundo por qué este fenómeno es "predominantemente masculino".

"En Chile, el suicidio afecta sobre todo a los hombres. De cada cinco casos, aproximadamente cuatro corresponden a ellos", explica.

Llorca atribuye esta brecha, en parte, a que "los hombres suelen manifestar más conductas violentas y tienen mayor acceso a armas letales, es decir, poseen métodos más efectivos en sus intentos, a diferencia de las mujeres".

"Además, el consumo de alcohol es mucho mayor en hombres, lo que suele actuar como un desencadenante. Los hombres buscan menos ayuda psicológica y soportan peor la frustración, en especial en sociedades machistas donde se les exige ser el sostén económico", añade.

Una mujer mira hacia afuera por la ventana.

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Según el Ministerio de Salud de Chile, los hombres mayores de 65 años han mantenido la tasa más alta de mortalidad por suicidio desde 2004, salvo en los últimos dos años, cuando las cifras preliminares indican que los grupos de 40 a 64 y de 20 a 39 años han superado esas cifras.

En contraste, los datos del Ministerio revelan que los trastornos depresivos son más prevalentes en mujeres, al igual que el riesgo de presentar lesiones autoinfligidas con intención suicida, que se duplica en el sector femenino frente al masculino.

En Chile, pese a que el suicidio en adolescentes ha disminuido, sigue siendo una de las principales causas de muerte en jóvenes de 15 a 29 años, según reporta el Ministerio de Salud.

Andrea Albagli, subsecretaria de Salud Pública de Chile, explica a BBC Mundo que la creación en 2013 del Programa Nacional de Prevención del Suicidio ha institucionalizado una política estatal específica que ha influido positivamente.

Dentro de este marco, el país fijó como objetivo sanitario reducir la mortalidad por suicidio entre la juventud, alcanzando resultados favorables.

"Hay una caída general en la mortalidad por suicidio y, en particular, una reducción más notable en la población joven", afirma Albagli.

Mayor vulnerabilidad en la vejez

Simultáneamente, el país ha evidenciado un incremento del riesgo de suicidio entre los hombres adultos y adultos mayores, especialmente en quienes superan los 80 años.

La subsecretaria y profesional de psicología subraya: "Cuando se analizan las tasas de mortalidad por suicidio según sexo y edad, emerge claramente otro grupo priorizado —lo cual ocurre no solo en Chile, sino globalmente—, siendo los hombres mayores la población con mayor riesgo".

Albagli resalta que "para el periodo 2018-2022, la tasa acumulada fue de 1,4 por 100.000 habitantes entre mujeres mayores de 80 años, mientras que para los hombres de ese grupo etario ascendió a 31,1".

Un hombre mayor se toca el cuello, en un gesto de agotamiento y agobio.

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"Al evaluar el riesgo de muerte por suicidio por sexo y edad, no hay grupo con mayor riesgo que los hombres adultos mayores", añade.

Entre los factores de riesgo más importantes en esta población se encuentran el aislamiento social, la soledad, la falta de redes de apoyo y la precariedad económica, detalla la autoridad.

Desde una perspectiva geográfica, las regiones sureñas de Chile —como Aysén, La Araucanía y Los Ríos— han presentado consistentemente tasas superiores al promedio nacional durante las últimas dos décadas, de acuerdo con estadísticas de la Subsecretaría de Salud Pública.

El estigma y otros factores determinantes

"Las causas del suicidio son diversas, incluyendo factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales que se manifiestan a lo largo de la vida", señala la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre este fenómeno.

Está bien documentado que las tasas de suicidio son mayores en naciones con menor desarrollo.

A nivel global, se registran cerca de 720.000 suicidios anualmente, de los cuales más del 75% ocurren en países de ingresos bajos o medios, según la Organización Panamericana de Salud (OPS).

En el caso de países de ingresos medios y altos, como Chile, la OMS ha señalado la asociación entre suicidio y trastornos mentales, "especialmente la depresión y los trastornos relacionados con el consumo de alcohol, aunque el principal factor de riesgo sigue siendo un intento previo de suicidio".

El organismo resalta que muchos casos aparecen de forma impulsiva en medio de crisis vinculadas con problemas económicos, desempleo, desigualdad, dolor persistente, suicidio de algún ser cercano, violencia, dificultad para acceder a servicios de salud mental y al estigma.

La administración del presidente Gabriel Boric ha situado su estrategia de prevención principalmente en enfrentar dicho estigma.

En octubre pasado, se lanzó la primera campaña nacional de comunicación dedicada a la salud mental. Bajo el lema "Estigmatizar cierra puertas. Abramos la conversación a la salud mental", el gobierno busca aumentar la conciencia sobre la prevención del suicidio en Chile.

El presidente ha desempeñado un papel activo al hablar del tema, revelando públicamente su Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) e incluso comentando abiertamente sobre una estadía voluntaria en un hospital psiquiátrico previa a su presidencia.

El presidente de Chile, Gabriel Boric, saluda a la prensa.

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"Durante mucho tiempo la salud mental se ha mantenido en silencio, rodeada de estigmas y prejuicios, aunque es parte esencial del bienestar integral. Por ejemplo, si alguien se lesiona practicando deporte y necesita una cirugía, lo comenta sin problema… pero si estuvo internado voluntariamente en un hospital psiquiátrico, como fue mi caso durante tres semanas, mencionarlo genera rechazo", señaló en septiembre pasado durante la inauguración de un centro de atención primaria especializado en salud mental en Santiago.

Retos aún por superar

Aunque el enfoque gubernamental en la salud mental ha sido valorado en ámbitos académicos y profesionales del sector, se advierte que persisten importantes desafíos.

Desde algunos sectores críticos se señala que el gobierno actual ha puesto demasiado énfasis en la narrativa y poco en la implementación de políticas públicas efectivas.

"No ha habido incrementos sustanciales en la inversión en salud mental durante este gobierno; la atención psiquiátrica pública continúa precaria y esto no ha cambiado en absoluto", comenta Llorca.

Este diagnóstico coincide con el último informe del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) chileno, que registró que "en el sistema público, un adulto debe esperar en promedio 236 días para atención psiquiátrica, mientras que un niño o adolescente aguarda en promedio 292 días".

"Esta situación dificulta el acceso a apoyo, algo fundamental para garantizar el derecho a la salud mental", añade el documento.

Además, el INDH advierte que "pese a los compromisos estatales para aumentar el presupuesto en salud mental, existe poca claridad sobre su avance en función de las necesidades reales".

Para 2025, el presupuesto público en salud dirigido a la salud mental fue del 4,5%, por debajo del 6% sugerido por la OMS, aunque superior al promedio global.

La académica Olga Toro, directora del Centro Colaborador OPS/OMS para Desarrollo, Capacitación e Investigación en Salud Mental de la Universidad de Chile, destaca los pendientes en esta materia.

"A pesar de una mayor conciencia, persisten barreras como el estigma, el escaso reconocimiento de la participación de personas con experiencia real y la débil coordinación intersectorial que limita la efectividad de las políticas públicas", señaló en octubre pasado.

Otro punto crítico señalado por expertos es la falta de profesionales especializados en el sistema público de salud.

Un terapeuta ofrece una consulta psicológica a su paciente.

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La subsecretaria Albagli sostiene que el enfoque adoptado por el gobierno chileno ha producido resultados notables.

Para ella, centrar la atención en la narrativa está alineado con la prioridad principal en salud mental: eliminar el estigma social para que las personas no teman solicitar ayuda.

De hecho, destaca que entre 2021 y 2025 la red pública de salud mental experimentó un crecimiento histórico en su actividad, al pasar las consultas ambulatorias de 3,2 millones en 2021 a 6,3 millones en 2024.

Igualmente, las hospitalizaciones psiquiátricas aumentaron de 34.000 en 2021 a más de 50.000 en 2024.

Asimismo, la autoridad remarca que el gobierno ha impulsado medidas específicas con resultados concretos, como la creación en 2023 de la Línea de prevención del suicidio *4141, operativa las 24 horas, que ya ha gestionado más de 227.000 llamadas y conectado a miles con atención en salud.

Si tú o alguien cercano considera el suicidio, busca apoyo. Puedes acceder a recursos de ayuda en este enlace.

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