La científica rusa, reconocida como una de las voces más influyentes en la biología del envejecimiento actual, investiga mamíferos casi «inmortales» para comprender por qué ciertos animales rara vez enferman y explorar cómo se podría aplicar ese conocimiento a los humanos.
Vera Gorbunova, nacida en 1971 en Leningrado (actual San Petersburgo), es una de las figuras más destacadas en la biología del envejecimiento en la actualidad. Su investigación se centra en mamíferos casi “inmortales” para descubrir por qué ciertos animales presentan una baja incidencia de enfermedades y cómo estos hallazgos podrían trasladarse a humanos.
Como profesora de Biología y Medicina en la Universidad de Rochester y codirectora del Rochester Aging Research Center (ambas instituciones ubicadas en EEUU), se especializa en descubrir las razones por las que algunos mamíferos superan en longevidad a otros y poseen una resistencia destacada frente al cáncer y otras enfermedades asociadas al envejecimiento. Su enfoque integra genética, biología celular y estudios comparativos entre especies para descifrar los procesos que permiten una vida más larga y, sobre todo, más saludable.
Formada en la Universidad Estatal de San Petersburgo y en el Instituto Weizmann de Ciencias (Israel), Gorbunova se estableció en Estados Unidos, donde lidera un laboratorio reconocido mundialmente en biología comparada del envejecimiento. Su equipo examina tanto animales poco conocidos como el ratón topo desnudo como otros majestuosos, como la ballena de Groenlandia, que representan modelos excepcionales de longevidad desafiando las normas biológicas comunes.
Su trabajo enfoca en la reparación del ADN a lo largo de la vida, los mecanismos de resistencia al cáncer en especies longevas y por qué ciertos animales pueden protegerse mejor contra la inflamación crónica y la neurodegeneración. Recientemente, su grupo ha añadido murciélagos y otros mamíferos con una notable resistencia a virus y enfermedades, buscando claves aplicables a patologías humanas como el cáncer o el alzhéimer.
Actualmente, Gorbunova se encuentra en Madrid para participar en la tercera edición del encuentro Molecular and Cellular Hallmarks of Aging, organizado por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en el marco del Caixaresearch Frontiers Meetings. La científica conversó con El Confidencial sobre los animales que preservan los secretos de la “eterna juventud” y sobre la posible píldora que podría permitir vivir 100 años, entre otros temas.
PREGUNTA. Al observar el reino animal, desde roedores subterráneos pequeños hasta ballenas gigantes, ¿dónde considera que realmente reside la “eterna juventud”? ¿En qué especies se fija especialmente cuando piensa en longevidad excepcional?
RESPUESTA. Existen especies altamente longevas. Algunas lo son simplemente por tener una vida naturalmente larga, como la ballena boreal, que puede superar los 200 años, o el tiburón de Groenlandia, que puede vivir más de 500 años. Además, hay especies extraordinariamente longevas en relación con su tamaño. Por norma, los organismos pequeños tienen vidas más cortas, pero hay excepciones, como el ratón topo desnudo, un roedor pequeño que alcanza más de 40 años, algo muy inusual si se compara con ratones comunes que viven dos o tres años. También muchas especies de murciélagos, diminutos y con apenas unos gramos, pueden vivir entre 20 y 40 años.
Todas estas especies resultan sumamente interesantes. Además, hay otras más comunes, como las ardillas: por ejemplo, la ardilla gris americana puede vivir hasta 24 años, a pesar de su tamaño similar al de una rata. Son animales ubicuos, pero aún desconocemos qué les otorga esta longevidad tan notable.
P. Más allá de la metáfora, ¿cómo prevé que se encontrará esa “eterna juventud”? ¿Será cuestión de identificar ciertos genes clave, controlar mejor la inflamación, reparar el ADN… o algo aún desconocido?
R. Hemos observado que la reparación del ADN suele estar potenciada en los animales longevos; de hecho, en todos los casos revisados, desde roedores hasta ballenas. Ahora también estamos analizando murciélagos y constatamos nuevamente una mejora en la reparación del ADN.
Respecto a la inflamación, publicamos un estudio en el que examinamos la expresión genética en más de 20 especies diferentes, y detectamos que, en las especies con mayor longevidad, los genes asociados a la inflamación presentan una menor actividad. Por tanto, reducir la inflamación parece constituir una estrategia común para preservar la juventud.
P. Muchos lectores se preguntan: ¿cuándo estará disponible una pastilla con compuestos inspirados en estos animales que realmente alargue la vida y la salud? ¿Es una cuestión de décadas o hay esperanzas más inmediatas?
R. En nuestro estudio comparativo inicial con roedores, donde detectamos que la reparación de roturas del ADN es más eficaz en especies longevas, vinculamos esta característica a una proteína llamada sirtuina 6 (SIRT6). Esta enzima mostraba mayor actividad y potencia en dichos animales. A partir de ese hallazgo, buscamos activadores de SIRT6 y encontramos una molécula natural. Ya se había reportado que activaba SIRT6, aunque solo en un tipo de función. Posteriormente, al estudiar personas longevas, observamos que otro tipo de actividad enzimática también podía estar aumentada, por lo que buscamos moléculas que activaran ambas funciones y descubrimos que una única cumplía esos requisitos. Se trata, además, de un compuesto natural derivado de algas pardas.
En varios países, como Corea del Sur y Japón, el consumo de algas forma parte de la dieta diaria, y la población goza de una elevada esperanza de vida, lo que indica que su ingesta es segura. El compuesto específico de estas algas, llamado fucoidán, activa SIRT6 de manera potente.
Actualmente, en colaboración con Andrea Meyer, médica clínica en Singapur, se está llevando a cabo un ensayo clínico con fucoidán en hombres mayores. Tras pruebas en ratones que mostraron beneficios en ambos sexos, con mayor efecto en machos, se decidió iniciar el estudio en varones. Los participantes están tomando el suplemento y luego se medirán biomarcadores asociados al envejecimiento.
Si los resultados son positivos, el suplemento podría estar disponible en los próximos dos años, basándose directamente en nuestro descubrimiento en roedores longevos.
P. ¿Cree entonces que será factible que una gran parte de la población, incluida usted misma, alcance los cien años mediante una simple pastilla como esta?
R. Sí, aunque no tenemos claro hasta qué punto se extenderá la esperanza de vida. En ratones, la prolongación fue aproximadamente del 10% en machos, lo que en términos humanos podría representar entre 8 y 10 años adicionales, una mejora significativa. Así, una persona que viva 80 o 90 años podría superar los 100.
Sin embargo, lo que funciona en ratones no siempre se traduce exactamente en humanos, a pesar de que el optimismo es alto y hay muchas expectativas. Además, habrá nuevos estudios basados en otros descubrimientos de animales longevos. Estimo que en un plazo de 5 a 10 años se dispondrá de intervenciones efectivas.
P. ¿Está usted tomando algún suplemento destinado a prolongar la vida, como el fucoidán mencionado?
R. Sí, justo estoy tomando fucoidán, ya que pensé que si realizo un ensayo clínico, debería usar yo misma el suplemento. No consumo muchos otros suplementos porque prefiero evaluar cada uno de forma individual antes de combinarlos. En general, mantengo una alimentación saludable y practico ejercicio.
P. En su ámbito, se ha avanzado en extender la vida de ratones y otros modelos animales. ¿Es razonable pensar en revertir el envejecimiento, especialmente cerebral, o el objetivo realista es solo frenarlo y retrasar el deterioro?
R. Puede que revertirlo sea posible. Claramente, es un objetivo más ambicioso, pero depende del mecanismo e intervención. Como comenté, SIRT6 es un regulador epigenético.
¿Qué significa epigenético? El ADN dentro de la célula es una hebra muy larga que contiene toda la información celular, pero debe estar organizada cuidadosamente para no generar caos. Con la edad, esta estructura se desenrolla y desorganiza. SIRT6 ayuda a mantener ese empaquetamiento correcto.
Hemos observado que administrando dosis adicionales de SIRT6 a células, el ADN adquiere una conformación más similar a la de células jóvenes. Por eso, no solo detenemos daños, sino que revertimos parte de los acumulados con la edad. Por tanto, creo que sí es posible revertir el envejecimiento.
P. ¿Considera que en el futuro existirá un tratamiento capaz de rejuvenecer el cerebro humano, o es un órgano especialmente complicado y el objetivo realista es solo ralentizar el envejecimiento?
R. El cerebro presenta desafíos particulares, pero según lo que conocemos de biología del envejecimiento, parte del daño sí puede revertirse. No se trata únicamente de «congelar» la edad en la que se inicia el tratamiento.
Por ejemplo, en el cerebro se acumulan proteínas que pueden eliminarse. También cambian las estructuras de empaquetamiento del ADN en las células, y esto puede revertirse. Por ello, soy optimista.
De nuevo, no prometemos que una persona de 70 años se transforme en alguien de 20, pero sí que es posible revertir daño hasta cierto grado.
P. Se habla de “democratizar el centenario”, es decir, que cumplir 100 años deje de ser un privilegio exclusivo y sea accesible a la mayoría…
R. Es fundamental que cualquier desarrollo esté disponible para la población general. El ejemplo del suplemento de algas es muy ilustrativo: es asequible, por lo que, en principio, estará al alcance de muchas personas.
P. Para concluir, dado que hemos hablado de la “píldora de la eterna juventud” y sus investigaciones, si diseñara la pastilla perfecta inspirada en la rata topo desnuda y otros animales longevos, ¿qué tres efectos clave debería producir para considerarla un éxito científico y no solo un producto comercial?
R. Lo fundamental es lograr lo que hemos mencionado: revertir daños y mejorar la función celular a nivel fundamental. Ese sería el primer efecto importante.
En segundo lugar, la prueba definitiva siempre será un ensayo clínico donde las personas que tomen la pastilla puedan demostrar objetivamente que se sienten mejor.
Y, en tercer lugar, que se observe una mejora clara en diferentes parámetros fisiológicos que habitualmente empeoran con la edad, confirmando que el tratamiento realmente mejora dichas funciones.

