El aumento de la RAM, junto con la falta de nuevos tratamientos efectivos, representa una creciente crisis de salud pública tanto en Europa como a nivel mundial
Europa celebra el Día Europeo de Concienciación sobre los Antibióticos con una noticia preocupante: la resistencia a los antimicrobianos (RAM) continúa aumentando y la Unión Europea está lejos de alcanzar cuatro de las cinco metas que se estableció para 2030.
Esta conclusión se desprende de los datos recientes que divulgó este martes el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC).
El aviso surge en un contexto delicado: cada año, las infecciones resistentes a los antibióticos provocan más de 35.000 fallecimientos en la UE y el Espacio Económico Europeo (UE/EEE), lo cual representa una carga creciente para los sistemas sanitarios y la sociedad en general.
“La resistencia a los antimicrobianos no es solo un problema médico, sino también un reto social. Es imprescindible asegurar que nadie en Europa se quede sin acceso a un tratamiento eficaz”, destaca Diamantis Plachouras, responsable de RAM e infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria en el ECDC.
Cuatro de cinco objetivos, sin dirección clara
En 2023, los países miembros de la UE adoptaron una recomendación del Consejo que establecía cinco objetivos específicos para 2030: disminuir el consumo total de antibióticos, priorizar los de primera línea y reducir significativamente ciertas infecciones graves resistentes, como las ocasionadas por Klebsiella pneumoniae y Escherichia coli.
La última actualización del ECDC revela un escenario contrario al esperado:
- Las infecciones sanguíneas por Klebsiella pneumoniae resistente a carbapenémicos se han incrementado más de un 60 % desde 2019, cuando el objetivo era reducirlas un 5 % para 2030.
- Las infecciones causadas por Escherichia coli resistente a cefalosporinas de tercera generación han aumentado más de un 5 %, a pesar de que el objetivo era disminuirlas un 10 %.
- El consumo total de antibióticos creció en 2024, en lugar de avanzar hacia la reducción del 20 % comprometida.
- La proporción de antibióticos de primera línea —los del grupo Access según la clasificación AWaRe de la OMS, que deberían constituir al menos el 65 % del uso total— se mantiene estancada en torno al 60 %.
Solo uno de los cinco objetivos establecidos está en la dirección correcta. El resto, admite el propio ECDC, se encuentra claramente fuera de la senda necesaria para 2030 sin agravar la problemática.
Una crisis que debilita la medicina contemporánea
La resistencia a los antimicrobianos no es una amenaza lejana. El ECDC la define como una crisis de salud pública “en evolución” que vulnera varios pilares de la medicina moderna: desde los trasplantes de órganos hasta la quimioterapia oncológica, incluyendo cirugías complejas y unidades de cuidados intensivos.
Cada vez que un antibiótico pierde efectividad, se reduce el margen de maniobra de los médicos: se prolongan las estancias hospitalarias, se recurren a tratamientos más tóxicos y costosos y se incrementa el riesgo de que una infección antes controlable se torne letal.
“Detrás de cada cifra hay un niño, un padre o un abuelo cuyas opciones terapéuticas se agotan”, recuerda Plachouras en el comunicado.
La tormenta perfecta: más infecciones complejas, menos medicamentos nuevos
El aumento de infecciones difíciles de tratar responde a una combinación de factores que el ECDC denomina “tormenta perfecta”:
- Una población cada vez más envejecida, con mayores índices de enfermedades crónicas y más vulnerabilidad frente a infecciones.
- La transmisión transfronteriza de microorganismos resistentes, en un continente con intensa movilidad de pacientes y profesionales.
- Uso elevado de antibióticos, tanto en hospitales como en la comunidad.
- Deficiencias en la prevención y control de infecciones dentro de los centros sanitarios.
A esta presión constante se suma otro inconveniente: la disponibilidad mundial de nuevos antibióticos sigue siendo limitada, especialmente frente a bacterias críticas como las gramnegativas resistentes a carbapenémicos. Hay escasos fármacos con mecanismos realmente innovadores próximos a su aprobación, mientras crece la dependencia de antibióticos “de último recurso”, que se reservan para casos extremos.
Tres estrategias para evitar que los antibióticos pierdan eficacia
Frente a este panorama, el ECDC señala que la única solución efectiva es actuar simultáneamente en tres frentes.
“Enfrentar la RAM exige innovación crucial en tres áreas clave: un uso responsable de los antibióticos, prácticas sostenidas y estandarizadas de prevención y control de infecciones, y desarrollo de nuevos antibióticos”, enfatiza la directora del organismo, Pamela Rendi-Wagner.
De manera específica, el Centro europeo propone:
- Uso responsable de antibióticos: Reducir las prescripciones innecesarias —en Atención Primaria y hospitales— y priorizar los antibióticos de primera línea del grupo Access, que deben constituir la mayoría de los usados.
- Prevención y control de infecciones reforzados: Desde medidas básicas como la higiene de manos hasta la vigilancia de brotes en hospitales y residencias, incluyendo programas robustos de control, capacitación del personal y mejoras en el diseño de los centros sanitarios.
- Fomento de la innovación y acceso a nuevos medicamentos: Asegurar que los antibióticos que ingresen al mercado se produzcan de manera sostenible, estén accesibles equitativamente en toda la UE y se utilicen prudentemente para evitar la rápida pérdida de eficacia.
Acciones del ECDC y qué queda pendiente
El ECDC coordina la vigilancia de la resistencia y del consumo de antimicrobianos en la UE/EEE, evalúa la carga de enfermedad y asesora a los países en políticas y estrategias. Entre sus prioridades están fortalecer los sistemas de notificación, mejorar la capacidad de laboratorios y emplear historias clínicas electrónicas y herramientas digitales para tomar decisiones basadas en datos.
En años recientes, el Centro ha impulsado la vigilancia genómica de patógenos resistentes, permitiendo detectar antes las amenazas emergentes y seguir con mayor precisión los brotes. Mediante evaluaciones específicas país por país, revisa la preparación y capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios ante la RAM y las infecciones asociadas a la asistencia sanitaria.
No obstante, el mensaje central es que los datos por sí solos no son suficientes. Es necesario que los Estados miembros traduzcan las alertas en acciones concretas, sostenidas en el tiempo y coordinadas entre sí.
“La resistencia a los antimicrobianos es un desafío en evolución, pero Europa aún puede conseguir avances significativos. Unidos es posible construir un futuro más seguro, donde los tratamientos efectivos continúen disponibles para las generaciones venideras”, concluye Plachouras en la nota del ECDC.

