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El expresidente francés Nicolas Sarkozy salió de prisión este lunes tras cumplir únicamente tres semanas de una condena de cinco años por financiación ilegal.
A partir de este momento, Sarkozy queda bajo estricta vigilancia judicial y tiene prohibido salir de Francia hasta que se celebre el proceso de apelación previsto para el próximo año.
El exmandatario de 70 años ingresó en prisión el 21 de octubre para cumplir la condena por conspiración en la financiación de su campaña electoral de 2007 con fondos procedentes del fallecido dictador libio Muamar Gadafi.
Su defensa legal presentó de inmediato una solicitud para conseguir su excarcelación.
Tras su liberación, Sarkozy escribió en redes sociales: «Mi energía está dedicada exclusivamente a probar mi inocencia».
Añadió: «La verdad se impondrá… El desenlace de esta historia aún está por escribirse».

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«Un paso adelante»
El coche de Sarkozy fue captado saliendo de la prisión de La Santé, en París, poco antes de las 15:00 (14:00 GMT) este lunes, menos de noventa minutos luego de que un tribunal aprobara su salida anticipada. Más tarde, arribó a su residencia en el oeste de París.
Christophe Ingrain, abogado defensor de Sarkozy, calificó su liberación como «un avance» y señaló que su equipo se está preparando para la apelación programada para marzo.
Entre las condiciones para su liberación está la prohibición de comunicarse con cualquier testigo implicado en el llamado «expediente libio» o con empleados del Ministerio de Justicia.
Durante su estancia en prisión, Sarkozy recibió la visita del ministro de Justicia, Gérald Darmanin. Este hecho motivó que 30 abogados franceses presentaran una denuncia contra Darmanin, alegando un conflicto de intereses por su vínculo previo y amistad con Sarkozy.
En una declaración ante el tribunal en París por videoconferencia el lunes por la mañana, Sarkozy describió su período en aislamiento como «extenuante» y «una pesadilla».
Negó haber tenido la «loca idea» de solicitar dinero a Gadafi y afirmó que «jamás admitiría algo que no hice».
También reconoció la labor del personal penitenciario que hizo más soportable su estadía, indicando: «Han mostrado una humanidad excepcional».
La esposa de Sarkozy, la cantante y modelo Carla Bruni-Sarkozy, y dos de sus hijos estuvieron presentes en la sala para brindarle apoyo.

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«Amenaza contra él»
Sarkozy se convierte en el primer expresidente francés en ser encarcelado desde Philippe Pétain, el líder colaboracionista nazi durante la Segunda Guerra Mundial, quien fue encarcelado por traición en 1945.
Desde su entrada en prisión, Sarkozy permaneció confinado en una celda de aislamiento.
La celda contaba con un inodoro, ducha, escritorio, una pequeña placa eléctrica y un televisor por el cual abonaba una cuota mensual de aproximadamente US$16. También tenía acceso a un pequeño refrigerador.
Sarkozy tenía autorización para recibir noticias del exterior y visitas familiares, además de mantener comunicación escrita y telefónica, aunque solo se le permitía una hora diaria de ejercicio individual en el patio aislado del ala.
Dos guardaespaldas permanecían en celdas cercanas, medida adoptada según el ministro del Interior, Laurent Nuñez, debido al estatus especial del expresidente. «Evidentemente existía una amenaza contra él», declaró Nuñez.
Sarkozy fue presidente entre 2007 y 2012. Desde entonces ha enfrentado diversas investigaciones penales y, durante varios meses, tuvo que usar una pulsera electrónica debido a una condena dictada en diciembre pasado por intentar sobornar a un magistrado para obtener información confidencial sobre uno de los casos en su contra.

