Fogoneros – 24.05.08
3 AÑOS DE LUCHA ORGANIZADA: CON CONCIENCIA, CON DIGNIDAD, CON HUMILDAD, BUSCANDO NUESTRA IDENTIDAD, LEVANTANDO LAS BANDERAS HISTÓRICAS DE NUESTRO PUEBLO, CON UN DECIDIDO AMOR HACIA ÉL, DECIDIDOS A PELEAR HASTA LA VICTORIA FINAL. Quizás pueda sonar lo que tradicionalmente se dice “panfletario”, que se lo asocia equivocadamente a hueco, sin sentido, poco expresivo. Pero es justamente lo que desde aquél 19 de junio del 2003 (fecha que pertenece a las masas populares) hasta estos días nos ha unido en esta organización política que es Fogoneros. CON CONCIENCIA, que el hombre no nació para estar sumergido en la pobreza, que no nació para que nadie lo oprima, para que otros vivan del sudor ajeno, para mantener a la mayor parte de la humanidad en la ignorancia, en el analfabetismo, en la miseria degradante. El hombre vino al mundo para ser feliz, para desarrollarse como ser social, para compartir la dignidad de vivir, que hoy para muchos es una pesadilla. Nuestro pueblo vive hoy una situación de dominación total, donde desde el norte se nos digita nuestras vidas, se planifica la riqueza de ellos y se ríen de nuestra pobreza. Más de un niño de cada dos viven en el Uruguay “de las vacas gordas” por debajo de la línea de pobreza. Esto no son sólo números, son parte de una realidad que nos toca vivir, dónde la desesperación y desesperanza es lo que cunde en nuestros alrededores, dónde miles y miles de hombres y mujeres cada día se van desconfiando (si alguna vez estuvieron) de la política tradicional, del que te doy esto a cambio del voto o a cambio de lo otro. Pero si hay algo que los Fogoneros no somos es comentaristas. No venimos solamente a dar datos sobre la realidad, a opinar sobre ella. Intervenimos sobre ella, para intentar transformarla. No podemos complacernos con la tristeza y las lágrimas. Tenemos que transformar la bronca en lucha, tenemos que convencernos que si como pueblo no nos organizamos y no peleamos, nadie nos va a venir a salvar. Sólo el pueblo salva al pueblo. Para ello es necesario ser conscientes de que el camino a seguir debe tener bases sólidas, que sin una decidida batalla frente al enemigo no habrá cambio posible. No es posible pensar en alguna alternativa sin librarse del sistema que nos oprime, sin marcar claramente y sin miedo a que nos tilden de prejuiciosos, de que el enemigo principal, el eslabón más fuerte de la cadena, es el imperialismo y para nuestro continente la potestad de explotar, exterminar, saquear y condenar, la tienen los Estados Unidos de Norteamérica. Pero estamos convencidos de que si el pueblo se hace con el poder, se hace dueño de su propio destino y se mantiene unido frente al imperio, no habrá fuerza capaz de vencerlo. CON DIGNIDAD, que hemos aprendido de los que menos tienen y más la sufren, de ese pueblo que empobrecido se busca la mil y un maneras para salir adelante. Nosotros partimos desde allí pero con la decisión de que ese “es lo que hay” se debe transformar en “es lo que hay que hacer”. Claro está que la dignidad es propiedad de todo el pueblo trabajador, de esa alegría de ganarse el pan dignamente. Hasta ahora los Fogoneros hemos hecho poco respecto a todas las tareas que se deben hacer, debido a nuestras limitaciones, pero legítimamente y esa legitimidad nos las da nuestro pueblo. Con esa dignidad que lo poco que hemos logrado hasta ahora no nos lo regaló nadie, sino que lo ganamos nosotros, con nuestro sudor y con nuestra convicción, que en el acierto o en el error, pronto llegará la felicidad de los más humildes. CON HUMILDAD, intentando no vociferar, sin señalar lo que no hacen los demás, sino intentando reconstruir los valores populares, desde abajo, encendiendo y arrimando leña para el fogón. Somos una organización en construcción, pero decididos a dejar los mejor de cada uno para quien le debemos todo, que es nuestro pueblo, que es la clase obrera, que son los trabajadores del campo, que son los que diariamente salen a revolver la basura intentando ganarse la vida honradamente. Hacia y desde estos sectores va nuestro esfuerzo organizado y decidido. RESCATANDO NUESTRA IDENTIDAD, que nos dará fuerza moral en el combate, porque serán los elementos que reúnan lo mejor de nuestro pueblo, de nuestras más ricas tradiciones y experiencias. Desde aquéllos fogones artiguistas, donde se compartía el mate, donde el lenguaje no reconocía fronteras, donde adquiría el verdadero sentido el concepto de Patria, en donde la guitarra y las canciones cantadas por todos representaban la decisión de nuestro pueblo a luchar contra los tiranos, a liberarse del yugo explotador, a regirse por una verdadera democracia, dónde las instituciones populares sean la forma de gobierno. La identidad tiene un valor fundamental, es lo que hace que nos reconozcamos entre el pueblo y nos diferenciemos de nuestros enemigos. Es decir esto somos nosotros y no lo que ellos pretenden que seamos. Cuando escuchamos una milonga, un buen tango, una murga, una chamarrita, un rock nuestro, una plena combativa, en fin, todo lo que concierne al canto popular, nos damos cuenta de que eso nos pertenece, de que esas letras describen nuestra situación, nuestras costumbres y que conjuntamente a nuestras luchas, van guiando nuestro destino. Son innumerables los textos y las canciones que describen nuestra historia, nuestra realidad y también nuestros sueños. Y es esta identidad que nos dará la unidad junto a todos los pueblos latinoamericanos e impulsará el combate frente al sometimiento extranjero. Hay que recatar y reconstruir la memoria de la lucha popular. Sobre todo la de nuestros muertos, que como se dice bien, “los muertos no tienen divisa. Los muertos, compañero, son la divisa”. Es rescatando nuestras más ricas raíces históricas y con la decisión de hacer realidad aquélla consigna de que “los pueblos deben ser libres”, como decía José Artigas. Es con esta convicción, con nuestro profundo amor a la causa del pueblo, que nos hemos organizados para luchar por lo que nos han arrebatado, por lo que nos pertenece, decididos a que si el presente es de lucha el futuro será nuestro. “El amor madre a la Patria no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; Es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca” José Martí. Algunas cuestiones que queremos señalar sobre nuestros planteos. ¿Somos “nacionalistas”? Nosotros entendemos, y para no reiterar ver lo que expresamos sobre la identidad, que la cuestión nacional tiene un valor trascendental en nuestros pueblos. Si pensamos en término de política al servicio y para nuestro pueblo, tenemos que tener en cuenta esto. Ahora bien, eso no significa que caigamos en un “seguidismo”, y sobre todo cuando la inmensa mayoría de “ideas patrióticas” están fundadas en una mentira. Pero justamente ese es el desafío que tenemos que asumir. Cómo vamos a desenmascarar la farsa “patriotera”, que se profundiza justamente para seguir vendiendo y oprimiendo a nuestra patria. Esa es la pelea que tenemos que dar. Por eso le damos un valor fundamental al proceso revolucionario artiguista, porque consideramos rescatar a su máxima figura, José Artigas, de las garras de la oligarquía que lo ha usado para pretender una “unidad nacional” que no cabe más que en la boca de la misma rosca oligárquica que profundiza las divisiones sociales de clase. Es justamente ese proyecto de “Liga federal” el que venimos a rescatar, que nada tiene que ver con el Uruguay tapón para el beneficio de la potencia hegemónica de turno. Es en ese concepto de “PATRIA GRANDE” donde ponemos el acento. No en las fronteras que las potencias imperialistas han trazado en sus repartos para mantenernos como colonia. Es rescatando lo mejor de cada proceso, teniendo en cuenta que nada es calco exacto, que cada pueblo tiene su propia experiencia. En el caso latinoamericano, las guerras por la primera independencia nos sirven como factor de unidad popular y referencia necesaria para el decidido combate por la segunda y definitiva independencia. ¿Somos “foquistas”? No es el cometido este de hacer una reseña histórica e ideológica de las discusiones que se han dado en torno a ciertas definiciones, sobre todo en la década de los sesenta. Tema aparte sería y muy rico por cierto. Nosotros entendemos que sin pueblo atrás no hay revolución posible y que éste es el sujeto social de los cambios, es decir, el conjunto de sectores sociales oprimidos, teniendo ese proceso de transformación como fuerza directriz a la clase trabajadora. Ahora bien, esta definición es muy linda desde el plano teórico, pero ¿cómo la llevamos a la realidad concreta? Y acá nadie tiene la fórmula. Y es justamente este fin que guía nuestra práctica militante, que nos obliga a partirnos el coco y sobre todo las manos para ir planteando y replanteando una vez más cuáles son las alternativas que nos quedan como pueblo. Pero como Fogoneros entendemos que acá hay dos terrenos (que uno tiene relación directa con el otro) que deben conducir a un mismo camino. Uno es el de lo social, donde se nos presenta el desafío de cómo organizar a los sectores populares, sobre todo aquéllos más sumergidos y con un gran potencial. Este es el trabajo de masas que hay que ir desarrollando y que tiene como elemento principal el trabajo práctico cotidiano con la gente. El otro terreno es el de lo político, que debe ser la síntesis de ese trabajo y que debe de ser capaz de intervenir directamente en la realidad. El trabajo social es un trabajo de hormiga, al cual pueden pasar años y siglos para sólo ir construyendo y reconstruyendo. Hay que hacerlo, sin dudas. Pero también hay que intervenir directamente en la realidad como organización política. Ambos terrenos no pueden ir por carriles distintos. Es muy fácil decir “hay que hacer movilizaciones de masas” y quedarse sentado recostado en el sillón. También es, a nuestro entender, un falso argumento decir que si somos pocos no vale movilizarse porque “mostramos debilidad frente al enemigo” o algo similar. No se muestra fortaleza quedándose discutiendo entre cuatro paredes cómo vamos a hacer la revolución, tampoco se muestra fortaleza siendo miles y miles de personas desfilando por la calle y pidiendo clemencia. Se muestra fortaleza si somos capaces de hacernos cargo de lo que decimos, si somos capaces de construir y sumar nuevos militantes de las filas populares, si mantenemos una coherencia entre la teoría y la práctica, si transgredimos (mínimamente si se quiere, en las actuales circunstancias) la farsa instalada por la “legalidad” burguesa, si convocamos a nuestro pueblo a luchar desde el propio ejemplo, es decir, luchando. Y si nuestro pueblo mantiene hoy ciertas expectativas no hay que desesperarse. Lo que tenemos que ser capaces de generar es de instalar en el imaginario popular una referencia de lucha, con objetivos claros. Por más que en el hoy seamos una ínfima minoría. Eso sí, siempre con respeto y amor hacia nuestra gente y señalando, desde la práctica misma, cuales son nuestros objetivos. Entonces ¿para qué organizar al pueblo? Es desde esta lectura que nos planteamos como elemento central la cuestión del poder. Decía el Che Guevara que todo revolucionario debe tener claro que la lucha debe estar dirigida, para ser eficaz y victoriosa, hacia la toma de poder. Ya Marx y Engels a mediados del siglo XIX planteaban la toma de poder como elemento central de lucha del proletariado. La cuestión del poder es algo que se ha borrado del movimiento popular y sus organizaciones, sobre todo a partir de la década de los 90’. Muchos han sido los factores; desde la claudicación hasta el postmodernismo se abre un abanico grande de vertientes, que no sólo omiten el tema del poder sino, sobre todo aquellos últimos, lo niegan. Las relaciones humanas están regidas por relaciones de poder. La construcción de poder debe llevar en sus entrañas la lucha para arrebatarle el poder a los privilegiados, organizados en el Estado burgués. Es en esta confrontación y al calor de la lucha, que el pueblo debe construir su poder, pero no para aislarse del resto de la sociedad y plantearse la construcción de un mundo paralelo. Eso no existe, es imposible, al menos que uno sea propietario de una gran extensión de tierra y puede construirse así su mundo feliz, paralelo a la sociedad capitalista. Para poner ejemplos actuales tenemos a los obreros de Co.pro.graf, que dieron un importantísimo paso al ocupar y ponerse a producir una fábrica desbaratada por su dueño legal. Pero sólo así es imposible, muestra de ello es que ahora están en trámite por el crédito necesario para producir que puede llegar desde el Estado venezolano. La mayor enseñanza de estos obreros ha sido su decidida lucha por hacerse con el poder de lo que les pertenece. Este ejemplo nos sirve como ilustrativo sobre los proyectos cooperativos en general. Debemos tener claro que es un espacio propio donde el pueblo se debe apropiar para acumular y proyectarse hacia el futuro. La síntesis debe ser la construcción de poder popular para luchar contra los opresores, debilitándoles su poder y fortaleciendo el del pueblo. ¡Luchar, crear, poder popular! Ha esta tarea debemos dejar todo. Convencidos que la única salida a toda esta barbarie, es la construcción de una nueva sociedad, donde nazca el hombre y la mujer nuevos. Asumiendo este compromiso están dedicados nuestros mayores esfuerzos. En esa necedad que nos deleita el cubano Silvio Rodríguez, “la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio”. VENCEREMOS.
